El
incidente los había convertido en portada absoluta de la prensa y la televisión
durante semanas. Emma Capshaw seguía detenida a la espera de juicio, aunque
todo parecía apuntar que no acabaría en una cárcel, sino en un psiquiátrico
porque estaba completamente desequilibrada. Un diagnóstico que su familia había
ocultado a Jennifer, la asistente de Galway, cuando le había ofrecido trabajar
para el actor. Según se sabía ahora, Emma había estado ingresada varias veces a
lo largo de su vida por desórdenes alimenticios, depresiones y problemas
emocionales diversos, y se medicaba regularmente.
En su piso de Whitechappel la policía
encontró muchísimo material audivisual y fotográfico de Liam Galway y
especialmente de Ronan y Eloisse Molhoney. Había cintas de carácter íntimo,
escuchas telefónicas, informes municiosos sobre sus actividades privadas y
públicas, numerosa ropa y objetos personales del que había sido su jefe, un
archivo casi profesional de todas las publicaciones y programas donde aparecían
los tres y, por supuesto, algunas armas como sprays antivioladores, puños
americanos, navajas y un par de pistolas de aire comprimido.
Tras las declaraciones, quedaba esperar
al juicio, aunque al menos todo el material íntimo que Emma manejaba en su casa
y en sus blogs y webs, fue requisado y entregado a las partes interesadas para
su custodia. Eloisse y Ronan visualizaron con absoluta perplejidad videos muy
íntimos suyos, captados en la tranquilidad de su hogar ibicenco, e imágenes muy
personales con los niños y su familia en casa, y acabaron por demandar a Emma
Capshaw por intromisión y violación de su intimidad, a pesar de que ir contra
ella, en esos momentos y con su diagnóstico psiquiátrico, era prácticamente
absurdo, lo hicieron, y esperaba sentar jurisprudencia con ello.
Ronan, como había decidido tras su
reconciliación, se retiró de los escenarios al acabar diciembre y llevaba seis
meses sin actuar, dedicado al cien por cien a su familia, jugando al golf,
dando cobertura a Issi para que pudiera dedicarse con más libertad a su nuevo
trabajo, aunque, para tranquilidad de sus seguidores, fans y productores,
seguía componiendo en casa, tranquilamente en su estudio, con enorme relajación
y a su ritmo, disfrutando por primera vez y desde que había empezado en la
música, de tiempo libre y tranquilidad. Estaba feliz, sonreía por todo, seguía
asistiendo a terapia como ex alcohólico, y lo más importante, decía él, seguía
muriendo de amor por su mujer, con la que al fin estaba viviendo la vida que
había soñado, como la había soñado y tal como ambos querían, en Killeney, en su
casa, con sus niños, en familia, y rodeados de amor siempre, y a pesar de
cualquier contratiempo o problema que pudiera surgir.
Ella lo observaba con el corazón
henchido de ternura cuando decía esas cosas, y daba gracias a diario a Dios por
haberlos ayudado a llegar hasta ese punto de su vida, juntos, tras tanto dolor
y desencuentros, era un privilegio, ella era consciente de ello y procuraba
cuidar al máximo de él, de su relación, de ese hogar inmenso donde disfrutaba
de la cocina y el jardín, de las visitas familiares, del bullicio, las cenas
con los amigos y los fines de semana en la cama hasta tarde, y también donde
era mucho más fácil sobrellevar los sinsabores o los pequeños contratiempos que
los seguían afectando, como el juicio contra el News of the World, donde también se vieron salpicados y tuvieron
que asistir a testificar como víctimas directas de las escuchas telefónicas, o
por las tensiones con su padre, que seguía negándose a visitarlos en Irlanda,
aunque Fiona sí subiera a Killeney una vez al mes para estar con los niños un
par de días. Andrew Cavendish se negaba en redondo y la única vez que había
accedido a viajar para ver a sus nietos, se alojó en un hotel, aunque Ronan ni
siquiera estaba en casa. Era agotador, no se alegraba por ninguna de sus
novedades, ni profesionales, ni personales, y no quería discutirlo con ella. Él
había dejado sus ideas bien claras, repetía continuamente, y no pensaba
transigir, así que Eloisse fingía que no pasaba nada y lo llamaba con
naturalidad por teléfono, le mandaba fotos y videos de los niños, y le contaba
sus cosas lo más edulcoradamente posible para evitar más enfados y con la
esperanza, remota, de que algúna vez lo superara, aceptara a Ronan y pudieran tener
una relación medianamente cercana, como cualquier familia normal.
—Princesa...
—Hola.
—¿Estás bien?
—Sí, solo estaba pensando, pero ahora me
levanto. —Lo vio acercarse y sentarse a su lado con una sonrisa radiante en la
cara, vestido completamente de blanco y la tez dorada por el sol. Estaba
guapísimo y no pudo disimular el efecto que esa imagen suya le provocaba,
suspiró y sonrió—. Estás espectacular, señor Molhoney.
—¿Y mi princesita?
—Bien, estamos bien, solo estaba un
poquito cansada.
—¿Seguro? —Estiró la mano y le acarició
el vientre ligeramente hinchado. Ese día Issi cumplía seis meses de embarazo y
aunque estaba preciosa y radiante, lo estaba pasando bastante mal con náuseas y
bajadas de tesión. Se inclinó y le besó la tripa—. Hola Caitlin, hola
pequeñita.
—Es este calor, pero estamos bien, ¿y
tú? —Le revolvió el pelo rubio y él subió esos ojos celestes enormes sin dejar
de besarle el ombligo—. ¿Cómo va todo por allí?
—Todo en orden y siento decir esto, pero
deberías levantarte, ya casi es la hora.
—Vale, ¿de cuánto tiempo disponemos?
—Media hora, ¿por?
—¿Sexo postsiesta?
—¿Sexo postsiesta? —Se echó a reír a
carcajadas—. ¿Quién eres tú y que has hecho con mi mujer?
—Qué tonto... —Se incorporó para
plantarle un beso en la boca y él la sujetó por la nuca.
—Eres la chica más sexy que he visto en
mi vida, Issi, ¿lo sabes? —Sintió sus manos intentando quitarle la camisa y se
excitó inmediatamente—. ¿Lo sabes?
—No hables, solo tenemos media hora.
Hacer el amor con prisas y tanta
intensidad podía resultar agotador en Ibiza, con treinta y cinco grados y un
cien por cien de humedad, así que bastante sofocados después de amarse en su
enorme cama con dosel, se metieron bajo la ducha fría, y casi sin secarse, se
vistieron de blanco, como habían acordado, para bajar a la carrera al jardín.
Un look muy ibicenco, fresco y
luminoso, el mejor para celebrar una boda, al fin, la esperada boda de Michael
y Ralph en Ibiza y tal como ellos habían soñado.
Issi llegó al enorme salón y lo vio
repleto de flores y vacío de gente, porque la mayoría ya estaba en la terraza
ocupando sus asientos, eran sesenta invitados, y obedientes, estaban siguiendo
las instrucciones de Andrea Hamilton y su gente, los organizadores del evento,
que querían seguir unas reglas muy estrictas hasta acabar la ceremonia, después
de lo cual, los dejarían completamente libres para seguir la fiesta como
quisieran. Era un buen plan y habían dejado todo en sus manos, así que ahora
solo quedaba disfrutar.
—Me voy con los niños. —Ronan le mordió
el hombro desnudo y la abrazó por la tripa—. Estás preciosa, ¿seguro que estáis
bien?, ¿las dos?
—Sí, perfectamente, las dos.
—Vale, te espero fuera.
—¡Issi! ¿Dónde estabas?
—Aquí estoy.
—Creí que te habías escapado, llevo horas
esperándote.
—No seas exagerado y ya estoy aquí,
cariño, deja que te vea. —Miró a Michael de arriba abajo y sonrió viendo lo
guapo que estaba, espectacular con su traje inmaculado y el pelo peinado hacia
atrás—. No sé ni qué decir, me voy a poner a llorar.
—Ahora no, que nos toca entrar. —Asintió
mirando a Andrea, que en ese preciso instante se asomó desde la terraza, y
agarró a Eloisse del brazo—. Vamos allá, Ralph me espera en el altar.
Oyeron sonar la música del piano, «Your
Song» de Elton John y salieron al jardín temblando como una hoja. Issi miró a
sus invitados, llegados de todas partes, y tiró un beso a Jamie y Alex que la
saludaron desde las rodillas de su padre; a George Stathman, a Liz, y sonrió a
Liam Galway, que había aparecido a última hora con Sylvia, su nueva novia,
hasta que finalmente se atrevió a mirar a Ralph, elegantísimo de blanco, que
lloraba desconsolado junto al altar. Ahogó un sollozo y se acercó a él para
entregarle simbólicamente a Mike, los agarró a los dos y los abrazó entre
lagrimones, les dio un beso y volvió sobre sus pasos para sentarse junto a
Ronan.
—Estamos reunidos hoy aquí, en este
marco incomparable... —comenzó a decir el concejal amigo de su madre que había
accedido a oficiar la ceremonia en inglés y en su casa, y Ronan se acercó para
abrazarla por los hombros y hablarle al oído. Ella tenía a Alex en brazos y le
hizo un gesto para que guardara silencio, pero no le hizo caso y le besó la
oreja.
—Deberíamos renovar los votos.
—Eso se hace en la iglesia.
—Podemos hacerlo otra vez.
—¿Para qué?
—¿Por qué no? ¿No te quieres casar
conmigo de nuevo?
—Claro que sí.
—Te amo.
—Yo también te amo, mi amor —lo miró a
los ojos y le sonrió, Ron sintió que se le disolvían los huesos de todo el
cuerpo, como siempre, de golpe, como la primera vez que ella lo mirase en el
Royal Albert Hall, hacía diez años, y se inclinó para besarla en los labios.
—Lo sé.
—¿En serio?, ¿al fin lo sabes? —bromeó
acariciándole la mejilla rasposa por la barba.
—Sí, y creo que soy el tipo más
afortunado del planeta.
—«Y
no pienses que puedes dirigir el rumbo del amor, porque el amor, si te cree
digno, dirige tu rumbo. El amor no tiene ningún deseo más que realizarse. Pero
si amas y tienes que tener deseos, que estos sean tus deseos: derretirse y ser
como un arroyo corriente que le canta su melodía a la noche. Saber el dolor de
demasiada ternura. Ser herido por su propio entendimiento del amor; y sangrar
de buena gana y alegremente...[2]». —comenzó
a leer Ralph y a Issi se le llenaron los ojos de lágrimas, se acercó a Ronan y
lo besó.
—Me alegro.
—Yo también —susurró él pegando su
frente a la suya—. Yo también me alegro.
Epílogo
Perfecto. La casa llena de gente. Cerró
los ojos y bufó indignado, respiró hondo, tragó saliva, besó la cabecita de
Caitlin y la arropó en su mantita mientras todo el mundo se le echaba encima
para verla, y no es que no agradeciera la bienvenida multitudinaria que habían
organizado para Issi y la niña en Killeney, no, no se trataba de eso, se
trataba simplemente de que había sugerido a la familia que Eloisse necesitaba
descansar, un poco de paz y tranquilidad, tras su estancia de cuatro días en la
clínica después de superar un parto muy complicado, el más largo y difícil de
los tres, incluso más que el primero con James o el prematuro de Alexander,
pero nadie parecía haberle escuchado y ahí estaban, todos juntos, hermanos,
cuñados, sobrinos, vecinos y sus suegros, incluido Andrew Cavendish, que en ese
momento llevaba a su hija abrazada por los hombros hasta el sofá grande del
salón. Increíble.
Volvió a mirar la preciosa cara de su
niñita, pequeñita y sonrosada, la bebé más hermosa del universo y se le borró
el disgusto de inmediato, aunque levantó la mano al percibir las malvadas
intenciones de su madre.
—No, mamá, me la llevo a nuestro cuarto.
—¿No me vas a dejar tocar a mi nieta?
—La has tenido en brazos esta mañana.
—Mentira, pero si no dejas que nadie la
coja en brazos salvo tú, tendré que decírselo a tu mujer. Venga, déjame verla.
—Solo verla, la pobre debe estar harta
de tanta atención.
—Harta de su padre que no la deja ni
respirar. ¿Verdad Caitlin?, ¿verdad, bonita mía? —Rose Molhoney le acarició la
carita perfecta con un dedo y suspiró—. Es un angelito.
—Una princesa, igual que su madre —opinó
él con los ojos brillantes, levantó la vista y buscó a Issi sintiendo esa
congoja enorme en el pecho, la angustia por verla bien, recuperada, pero tan
frágil, sonriendo al lado de su padre y de Mike, que le estaba enseñando la
ropa de ballet diminuta que le habían mandado como regalo las sastras de la
compañía.
—Se pondrá bien, Ronnie, deja de mirarla
así.
—Lo sé, es que...
—Solo necesita descansar, vamos, déjame
a Caitlin y ve a cuidar de tu mujer.
—No quiere que la agobie.
—Porque está bien, solo ha sido un parto
complicado y una transfusión de sangre, no seas tan dramático —comentó Erin, su
hermana pequeña, que llegó a su lado y le arrebató a la niña sin pedir
permiso—. Quiere pasar página... y déjanos mimar un poco a tu hija, no te la
vamos a robar.
—No... —protestó a la par que el móvil
le empezaba a sonar insistentemente en el bolsillo de los vaqueros—. Está bien,
pero solo un segundo, necesito contestar a esta llamada. ¿Sean?
—Hola, tío, ¿qué tal están tus chicas?
—Bien, bien, acabamos de llegar a casa.
—Comprobó que Issi seguía bien y con las mejillas arreboladas, cogiendo en ese
preciso momento en brazos a Alex, que llevaba fatal lo de la nueva hermanita,
buscó a Jamie con los ojos y lo vio jugando con Aurora y sus primos, y se
encaminó por el pasillo hasta el estudio—. Una locura, todo el mundo aquí,
aunque Issi debería meterse en la cama, pero no puedo hacer nada.
—Familia grande.
—Ya, es que... en fin... debería
relajarme un poco.
—¿Y la pequeñaja?
—Preciosa, igual que su madre y con un
poco de suerte creo que sacará sus ojos, nadie me hace caso, pero creo que los
tiene tan oscuros como Issi.
—Bueno, me alegro, lo importante es que
ya las tienes en casa.
—Sí, ya pasó todo. ¿Y qué has
averiguado? Galway no me devuelve las llamadas.
—Sus abogados me han dicho que está en
el desierto del Gobi, rodando, y que apenas tienen cobertura, pero esperan
hablar esta noche con él.
—¿Y?—Encendió el ordenador y miró los
titulares de la prensa.
—Emma Capshaw salió ayer y está bajo la
custodia de sus padres. No puede estar detenida mucho tiempo más con sus
antecedentes psiquiátricos y al parecer la familia la ha ingresado en una
clínica de alta seguridad de Kent. No sabemos nada más. Hemos vuelto a
solicitar una orden de alejamiento y hemos pedido una revisión del caso y
medidas cautelares, pero, sinceramente, Ron, no creo que sea un problema.
—No hasta que se le ocurra amenazar con
una pistola a otra persona.
—El estudio psicológico de nuestro
experto asegura que esa mujer no es peligrosa y que...
—No es peligrosa, pero nos acosó durante
meses, nos espió y después casi nos mata.
—Bueno, ¿qué quieres que te diga? Es lo
que hay, tiene pendientes varios juicios con Galway con atentar contra el
honor, pero esas sentencias no la llevarán a la cárcel, y por las amenazas con
la pistola en el Victoria&Albert Museum, solo le han caído dos años y otros
seis de inhabilitación civil, bajo la tutela de sus padres. Los psicólogos del
centro aseguran que está arrepentida y que con el tratamiento ha mejorado
mucho.
—¡Mierda! Tío, es realmente una mierda.
Habrá que estar atentos y si puedes conseguir que alguien la vigile
continuamente, mejor, no me importa pagar lo que sea por saber dónde y cómo se
encuentra esa mujer, ¿de acuerdo?
—Sí, no hay problema.
—Vale, en fin, creo que debo volver a la
fiesta de bienvenida.
—¿Y la gira con Night Storm cuando
empieza?
—Dentro de un mes, tengo cuatro semanas
aún para mimar a mi hija y estar con los niños...
—¿Ron? —Issi, vestida con pantalones y
un jersey negro de cuello alto, entornó la puerta y le sonrió—. ¿Va todo bien?
—Sí, princesa, ¿tú estás bien?
—Sí, claro... —Se acercó y se le abrazó
al pecho. Ronan le acarició la espalda y le besó la cabeza.
—Perfecto. Bueno, Sean, te dejo, mañana
hablamos. Adiós.
—¿Qué pasa?
—Nada, ¿por qué?
—Llevas toda la mañana muy serio.
—No es cierto, solo estoy algo cansado.
—Apagó el teléfono móvil y cerró los ojos pensando en la llamada del abogado de
Liam Galway, esa misma mañana, advirtiéndole de la inminente puesta en libertad
de Capshaw, que se adelantaba varios meses a la sentencia, lo último que
esperaba oír por esos días—. Y tú deberías irte a la cama, voy a pedir a la
gente que se marche, todos necesitamos descansar un poco.
—Estoy bien, perfectamente, ¿de acuerdo?
—Le acarició la cara mirándolo a los ojos—. Ya pasó y pronto estaré mucho
mejor, lo ha dicho la doctora Moore.
—Vale.
—Vale, pero no te lo crees —bromeó
intentando quitar hierro al asunto—, y necesito que te lo creas porque, aunque
todo el mundo me diga lo bien que estoy, yo me miraré siempre en tus ojos.
—Issi... —Se echó a reír y ella le guiñó
un ojo.
—Y no deberías acaparar tanto a Caitlin,
deja que los abuelos la disfruten un poco, se marcharán enseguida y entonces
será solo tuya.
—No la dejan en paz.
—Y tú no la sueltas.
—Oh, por favor. —Sonrió y ella con él—.
Tengo derecho a mimar a mi hija.
—Y nadie dice lo contrario, pero te
estás pasando de la raya.
—¿En serio? —Se inclinó para besarla en
la nariz y Eloisse lo agarró del cuello para plantarle un beso en los labios.
—¿Chicos? Siento interrumpir...
—Patricia se asomó y los llamó con la mano—. Caitlin ha hecho un par de
pucheros, creo que pronto tendrá hambre, y Jamie y Alex están a la gresca en el
salón, así que...
—Yo me ocupo. —Ronan salió de dos
zancadas al pasillo y gritó con ese vozarrón suyo—: James y Alexander Molhoney,
¿qué estáis haciendo?
—¿Estás bien, cuñada?
—Sí, Patty, muchas gracias. —Giró la
pantalla del ordenador y pudo ver en las portadas de toda la prensa la
fotografía de los niños con Caitlin, el mismo día que la habían conocido y que
Ron había colgado en sus redes sociales. En unos minutos, la gracia había
pasado de ser un momento íntimo a estar publicado en medio planeta, y aunque
aquello no le gustaba, no había podido hacer nada por impedirlo, suspiró y leyó
los titulares con una sonrisa—: «Nace Caitlin Marie Molhoney en Dublín. La
tercera hija de Ronan Molhoney vino al mundo el dieciséis de octubre...». Es increíble,
ni cinco días y ya es portada de revistas.
—Esa es mi sobrina... —bromeó Patricia y
la agarró por la cintura—. Vamos, tienes que sentarte. Te voy a preparar una
buena taza de té, ¿quieres?
—Sí, me apetece mucho, graci... —El
teléfono fijo sonó sobre el escritorio, se detuvo y lo contestó de inmediato—.
Diga... Diga... Qué raro...
—Se habrán equivocado.
—Sí, vamos, a ver si me da tiempo de
tomar ese té antes de dar de comer a la niña.
Emma Capshaw oyó la voz de Eloisse
Molhoney y se quedó muda, quería disculparse con ella antes de felicitarla por
su hija recién nacida, ese precioso bebé que había conocido todo el mundo
gracias a la fotografía que su padre había colgado en Internet, pero no pudo,
se le congelaron las palabras en la boca y ella colgó antes de poder
reaccionar, así que se apartó del teléfono público y regresó a la sala de
espera del aeropuerto muy desanimada. Sabía que si quería recuperar a Liam
debía empezar por disculparse con los Molhoney, por lo del museo, lo sabía, pero
aún no estaba preparada.
—Vuelo 2868CI con destino a Ulán Bator,
de Air China, embarque por la puerta 19 —se oyó por los altavoces y se puso de
pie.
—¿Adónde va? —le preguntó una anciana
muy amable en la puerta de embarque y Emma sonrió enseñándole el anillo de su
mano derecha.
—Al desierto del Gobi, mi prometido está
trabajando allí.
—¿En serio? ¿Y cuándo se casan?
—Inmediatamente.
—Enhorabuena, querida.
—Muchas, gracias.
Entró en el avión, en primera clase y se
desplomó en su butaca sonriendo emocionada, repasando una vez más las palabras
que pensaba decirle a Liam en cuando se encontraran. Sería maravilloso y pidió
una copa de champagne a la azafata para celebrarlo.
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