jueves, 13 de marzo de 2014

Will Greyson, parte 12

Tiny: ¿Esto?
Yo: No, el auto.
Tiny: Oh. Bueno, lo robé.
Yo: ¿Lo hiciste?
Tiny: Sí, a mi madre. Mi auto casi no tenía combustible.
Es tan extravagante. Todas las veces que hemos conversado o hablado por mensajes de texto o mensajería instantánea o lo que sea, siempre había imaginado que Tiny estaba en una casa como la mía, o una escuela como la mía, o un auto como el que yo podría tener algún día. Un auto casi tan viejo como yo, probablemente comprado a una anciana a la que ya no se le permita conducir más. Ahora me doy cuenta de que no es del todo así.
Yo: Vives en una gran casa, ¿no?
Tiny: ¡Lo suficientemente grande para mí!
Yo: No me refiero a eso.
No tengo idea de lo que estoy haciendo. Porque he hecho que nos ralenticemos completamente y aunque está justo en frente de mí ahora, no es como se supone que debería de ser.
Tiny: Tú, ven acá.
Y con eso, pone su bolsa abajo y abre sus brazos hacia mí, su sonrisa es tan amplia que sería un imbécil si hiciera otra cosa
además de caminar directo a su abrazo de bienvenida. Una vez que estoy ahí, él se inclina para besarme suavemente.
Tiny: Hola.
Le devuelvo el beso.
Yo: Hola.
Está bien, así que esta es la realidad: está aquí. Es real. Somos reales. No debería preocuparme por su auto. Mamá se ha quitado su delantal para el momento en el que nosotros entramos a la casa. Aunque yo le advertí que él tiene la forma de Utah, aún hay un breve momento de asombro cuando ve a Tiny en persona. Debe estar acostumbrado a esto, o quizás simplemente no le importa, porque va directo hacia ella y comienza a decir todas las cosas perfectas, acerca de lo emocionado que está de conocerla, y lo increíble que es que ella haya preparado la cena, y lo maravillosa que luce la casa.
Mamá le señala el sofá y le pregunta si desea algo de tomar.
Mamá: Tenemos Coca-Cola, Coca-Cola dietética, limonada, jugo de naranja...
Tiny: Ooh, me encanta la limonada.
Yo: No es limonada de verdad. Es sólo Crystal light con sabor a limón.
Mi mamá y Tiny me miran como si yo fuera el jodido grinch. 
Yo: ¡No quería que te emocionaras pensando en limonada de verdad!
No puedo evitarlo, estoy viendo nuestro apartamento a través de sus ojos, nuestras vidas enteras a través de sus ojos y todo se ve tan…lamentable. Las manchas de agua en el cielorraso y la alfombra opaca y la televisión décadas de vieja. La casa entera huele a deuda.
Mamá: ¿Por qué no vas a sentarte con Tiny y te llevo una Coca-Cola?
Tomé mis píldoras esta mañana, lo juro. Pero es como si ellas hayan acabado en mi pierna en lugar de en mi cerebro, porque simplemente no puedo estar feliz. Me siento en el sofá y tan pronto como mamá está fuera de la habitación, la mano de Tiny está sobre mi mano, sus dedos frotan mis dedos.
Tiny: Está bien, Will. Me encanta estar aquí.
Sé que él ha tenido una mala semana. Sé que las cosas no han ido como él quiere y que está preocupado de que su show vaya a explotar. Lo está reescribiendo diariamente. (¿Quién iba a saber que sería tan complicado adaptar el amor en catorce canciones?). Sé que él ha estado anticipando esto y sé que yo he estado anticipando esto. Pero ahora tengo que dejar de anticipar y comenzar a ver dónde estoy. Es difícil.
Me inclino en el hombro carnoso de Tiny. 
No puedo creer que me sienta atraído por algo que llamo ―carnoso.
Yo: Esta es la parte difícil, ¿está bien? Así que sólo mantente sintonizado para la parte buena. Te prometo que llegará pronto.
Cuando mamá regresa, aún estoy inclinado ahí. No se encoge, no se detiene, no parece importarle. Deja nuestras bebidas y corre a la cocina otra vez. Escucho el horno abrirse y cerrarse, luego el raspado de una espátula contra una bandeja del horno. Un minuto más tarde, ella está de regreso con un plato de mini ―perros calientes y mini rollos de huevo. Incluso hay dos pequeños tazones con, uno con kétchup y uno con mostaza.
Tiny: ¡Mmm!
Empezamos a comer, y Tiny comienza a contarle a mamá acerca de la semana que tuvo y tantos detalles sobre tenerme tan cerca que puedo ver que está completamente confundida. Mientras él habla, sigue revoloteando por encima de nosotros, hasta que finalmente le digo que debería unírsenos y sentarse. Así que acerca una silla y escucha, incluso comiendo un rollo de huevo o dos.
Empieza a sentirse más normal. Tiny estando aquí. Mamá viéndonos a los dos. Yo sentado de tal forma que al menos una parte de mi cuerpo siempre está tocándolo. Es casi como si estuviera de regreso en el parque Millenium con él, que estamos continuando esa primera conversación y que esto es donde se supone que iba la historia. Como siempre, la única pregunta es si yo lo echaré todo a perder.
Cuando no queda más comida para ponerle los dedos, mamá recoge los platos y dice que la cena estará lista en unos pocos minutos. Tan pronto como ella sale de la habitación, Tiny se voltea hacia mí.
Tiny: La adoro.
Sí, supongo que es el tipo de persona que puede adorar a alguien tan fácilmente.
Yo: No es mala.
Cuando entra a decirnos que la cena está lista, Tiny vuela del sofá.
Tiny: ¡Oh!, casi lo olvido.
Alcanza la bolsa de compras que traía y se la entrega a mamá.
Tiny: ¡Un obsequio para la anfitriona!
Mamá se ve realmente sorprendida. Saca una caja de la bolsa, tiene un listón y toda la cosa. Tiny se sienta de nuevo para que así ella no se sienta incómoda por sentarse para abrirlo. Muy cuidadosamente, deshace el listón. Luego gentilmente levanta la tapa de la caja. Hay un cojín de espuma negro, después algo rodeado por una envoltura de burbujas. Con aún más cuidado, deshace la envoltura y saca este simple tazón de vidrio. Al principio, no comprendo. Quiero decir, es un tazón de vidrio. Pero la respiración de mi mamá se queda atrapada. Está al borde de las lágrimas. Porque no es solamente un simple tazón de vidrio. Es perfecto. Quiero decir, es tan delicado y perfecto que todos nos quedamos ahí sentados mirándolo fijamente por un momento, mientras mi madre lo gira lentamente en su mano. Aún en nuestra lamentable sala, éste refleja la luz.
Nadie le había dado algo así en años. Quizás nunca. Nadie le ha dado nada así de hermoso.
Tiny: ¡Yo mismo lo elegí!
No tiene idea. No tiene una idea de lo que acaba de hacer.
Mamá: Oh, Tiny…
Ha perdido las palabras. Pero puedo decirlo. Es la forma en que sostiene ese tazón en su mano. Es la forma en que lo mira.
Yo sé lo que su mente le está diciendo que haga: decir que es demasiado, que no sería posible poder tener tal cosa. Aun si lo desea terriblemente. Aunque lo adore tanto.
Así que soy yo quien dice:
Yo: Es hermoso. Muchas gracias, Tiny.
Lo abrazo, realmente entregándole todo mi agradecimiento de esa forma también. Entonces mi mamá está poniendo el tazón sobre la mesa que limpió hasta sacarle brillo. Se está levantando, y abriendo sus brazos, y entonces él la está abrazando también.
Esto es lo que nunca me permito a mí mismo necesitar.
Y por supuesto lo he estado necesitando todo el tiempo.
A decir verdad, Tiny se come la mayoría del pollo parmesano en la cena, y lleva la mayoría de la conversación también. En su mayoría, hablamos de cosas estúpidas: por qué los mini ―perros calientes saben mejor que los ―perros calientes de tamaño regular, por qué los perros son mejores que los gatos, por qué Cats fue tan exitosa en los ochentas cuando Sondheim estaba escribiendo con Lloyd Webber (ni mamá ni yo contribuimos realmente mucho con esta parte). En un punto, Tiny ve la postal de Da Vinci que mamá tiene en el refrigerador y pregunta si alguna vez ha estado en Italia. Así que ella le cuenta acerca del viaje que hizo con tres compañeras de universidad en su tercer año, y es una historia interesante por una vez. Le dice que le gusta más Nápoles que Roma, porque las personas en Nápoles son tan intensamente del lugar que ellos son. Dice que escribió una canción acerca de viajar para su musical, pero al final ésta no fue satisfactoria. Nos canta unas pocas líneas:
Una vez que has estado en Nápoles
Es difícil comprar en Staples,
Y una vez que has estado en Milán
Es difícil comer en Au Bon Pain.
Una vez que has estado en Venecia.
Te alejas de la lechuga iceberg 
Y aprendes que pamplinas es pamplinas
Cuando Boloña te alimenta con rigatoni.
Ser un gay trasatlántico
Es un juego peligroso.
Porque una vez que has estado en Roma
Es difícil llamar a un suburbio hogar
Por primera vez puedo recordar, mamá luce completamente divertida. Ella hasta canturrea un poco. Cuando Tiny termina, su aplauso es genuino. Supongo que es hora de acabar el festival de amor, antes de que mamá y Tiny huyan juntos e inicien una banda.
Me ofrezco para lavar los platos y mamá actúa como si estuviera en shock por eso.
Yo: Lavo los platos todo el tiempo.
Mamá mira seriamente a Tiny.
Mamá: En realidad, sí lo hace.
Entonces estalla en risa.
Realmente estoy apreciando esto, aunque soy consciente de que esto podría haber terminado de muchas maneras peores.
Tiny: ¡Quiero ver tu habitación!
Esto no es una petición de ¡oye, mi cremallera me está dando picazón! Cuando Tiny dice que quiere ver tu habitación, eso quiere decir que Tiny quiere ver… tu habitación.
Mamá: Adelante. Me encargo de los platos.
Tiny: Gracias, señora Grayson.
Mamá: Anne, llámame Anne.
Tiny: ¡Gracias, Anne!
Yo: Sí, gracias, Anne.
Tiny me golpea en el hombro. Creo que él quería hacerlo ligeramente, pero siento como si alguien hubiese chocado un Volkswagen contra mi brazo.
Lo llevo a mi habitación y cuando abro la puerta hasta logro hacer un ¡ta-da! Él camina hasta el centro de la habitación y lo observa todo, sonriendo todo el tiempo.
Tiny: ¡Peces dorados!
Va directo hasta la pecera. Le explico que si los peces dorados alguna vez se apoderaran del mundo y decidieran tener un juicio por crímenes de guerra, yo voy a ser carnada, porque la tasa de mortalidad de mis pequeños peces dorados es mucho, mucho más alta que si ellos hubiesen vivido en la fosa de algún restaurante chino.
Tiny: ¿Cuáles son sus nombres?
Oh, Dios. 
Yo: Samson y Delilah
Tiny: ¿En serio?
Yo: Ella es una completa puta.
Se inclina más cerca para echarle un vistazo a la comida.
Tiny: ¿Los alimentas con medicinas prescritas?
Yo: Oh, no. Esas son mías.
Es la única forma en que recuerdo alimentar a los peces y tomar mis medicamentos, si los mantengo juntos. Aún estoy pensando que tal vez debería haber limpiado un poco más. Porque por supuesto Tiny ahora está avergonzado y no preguntará nada más, y mientras que no quiero hablar del tema, tampoco quiero que piense que fui tratado por sarna o algo.
Yo: Es por depresión.
Tiny: Oh, yo me siento deprimido también. A veces.
Nos estamos acercando peligrosamente a las conversaciones que tuve con Maura, cuando ella diría que sabía exactamente por lo que yo estaba pasando, y que tendría que explicar que, no, ella no lo sabía, porque su tristeza nunca fue tan profunda como la mía. No tengo duda de que Tiny creyera que estaba deprimido, pero eso fue probablemente porque no tenía nada con qué compararlo. Aunque, ¿qué podría decir? ¿Que yo no me sentí simplemente deprimido, más bien, fue como si la depresión fuera mi núcleo, cada parte de mí, desde mi mente hasta mis huesos? ¿Qué si él tiene azul, yo tengo negro? ¿Qué odié tanto esas píldoras, porque sabía cuánto dependía de ellas para vivir?
No, no podía decir nada de eso. Porque, cuando se llega al punto, nadie quiere escuchar eso. No importa cuánto les agrades o te amen, no quieren escucharlo.
Tiny: ¿Cuál es Samson y cuál es Delilah?
Yo: ¿Sinceramente? Lo olvidé.
Tiny revisa mi estante de los libros, desliza su mano por mi teclado, gira el globo terráqueo que obtuve cuando me gradué de quinto año.
Tiny: ¡Mira! ¡Una cama!
Por un segundo creo que va a saltar sobre ella, lo cual asesinaría el marco de mi cama de seguro. Pero con una sonrisa casi tímida, se sienta cautelosamente en el borde.
Tiny: ¡Cómoda!
¿Cómo terminé saliendo con esta rosquilla espolvoreada de persona? Con un suspiro nada hostil, me siento a su lado. El colchón definitivamente está hundiéndose de su lado.
Pero antes del siguiente paso inevitable, mi teléfono vibra sobre mi escritorio. Voy a ignorarlo, pero entonces comienza a vibrar de nuevo y Tiny me dice que lo tome.
Abro el teléfono y leo lo que dice. 
Tiny: ¿De quién es?
Yo: Es sólo Gideon. Quiere saber cómo van las cosas.
Tiny: Gideon, ¿eh?
Hay una sospecha inequívoca en la voz de Tiny. Cierro el teléfono y regreso a la cama.
Yo: ¿No estás celoso de Gideon, verdad?
Tiny: ¿Qué, que es lindo y joven y gay y te ve todos los días? ¿De qué iba a estar celoso?
Lo beso.
Yo: No tienes por qué estar celoso. Sólo somos amigos.
Entonces reparo en algo y empiezo a reír.
Tiny: ¿qué?
Yo: ¡Hay un chico en mi cama!
Es un pensamiento gay y estúpido. Me siento como si tuviera que tallar ―ODIO EL MUNDO en mi brazo como cien veces para reponer esto.
La cama no es lo suficientemente grande para los dos. Dos veces termino en el piso. Toda nuestra ropa permanece puesta pero es casi como si no importara. Porque estamos completamente uno encima del otro. Él es grande y fuerte, pero yo lo igualo en el empuje y el tirar. Pronto somos un completo desastre ardiente. 
Cuando nos hemos cansado, sólo nos quedamos ahí tirados. Los latidos de su corazón son enormes.
Escuchamos a mi mamá encender la televisión. Los detectives comienzan a hablar. Tiny desliza su mano por debajo de mi camisa.
Tiny: ¿Dónde está tu padre?
No estoy completamente preparado para la pregunta. Me siento tenso.
Yo: No lo sé.
La caricia de Tiny trata de apaciguarme. Su voz trata de calmarme.
Tiny: Está bien.
Pero no puedo aceptar eso. Me levanto, sacándonos de golpe de nuestra respiración de ensueño, haciendo que se aleje un poco para poder verme claramente. El impulso en mí es fuerte y claro: inmediatamente, no puedo hacer esto. No por mi padre (realmente no me importa mucho mi padre) si no por todo este proceso de conocer todo.
Discuto conmigo mismo.
Detente.
Quédate aquí.
Habla. 
Tiny está esperando. Tiny está mirándome. Tiny está siendo amable, porque aún no se ha dado cuenta de quién soy, de lo que soy. Nunca seré amable otra vez. Lo mejor que puedo hacer es darle razones para rendirse.
Tiny: Dime. ¿Qué es lo que quieres decir?
No me preguntes, quiero advertirle. Pero entonces comienzo a hablar.
Yo: Mira, Tiny, estoy tratando de portarme lo mejor posible, pero tienes que entender, siempre estoy parado en el filo del abismo de algo malo. Y a veces alguien como tú puede hacerme hacia el otro lado, para que así ya no sepa qué tan cerca estoy de caerme. Pero siempre termino volteando la cabeza. Siempre. Siempre cruzo ese borde. Y es mierda con la que tengo que lidiar todos los días, y es mierda que no se va a largar pronto. Es realmente agradable tenerte aquí, pero ¿quieres saber algo? ¿Realmente quieres que sea honesto?
Él debería de tomar esto como la advertencia que es. Pero no. Asiente.
Yo: Se siente como vacaciones. No creo que sepas cómo es. Lo cual es bueno, no quieres saberlo. No tienes idea de cuánto odio esto. Odio el hecho de que estoy arruinando la noche justo ahora, que estoy arruinando todo...
Tiny: No lo estás haciendo. 
Yo: Sí lo estoy haciendo.
Tiny: ¿Quién lo dice?
Yo: ¿Yo lo digo?
Tiny: ¿No tengo palabra en esto?
Yo: No. Simplemente lo arruino. Tú no tienes palabra en esto.
Tiny toca mi oreja suavemente.
Tiny: Sabes, luces muy sexy cuando te vuelves destructivo.
Sus dedos recorren mi cuello, debajo del cuello de mi camisa.
Tiny: Sé que no puedo cambiar a tu padre, a tu madre o tu pasado. ¿Pero sabes qué puedo hacer?
Su otra mano sube por mi pierna.
Yo: ¿Qué?
Tiny: Algo más. Eso es lo que yo puedo darte. Algo más.
Estoy tan acostumbrado a sacar a la luz el dolor de las personas. Pero Tiny se rehúsa a jugar ese juego. Mientras hablamos por mensajes todos los días, y hasta aquí en persona, siempre está tratando de llegar al corazón de esto. Y eso significa que siempre asume que hay un corazón al cual llegar. Creo que es ridículo y a la vez admirable. Quiero el algo más que tiene para darme, aunque sé que nunca va a ser algo que yo pueda de hecho tomar y tener como propio.
Sé que no es tan fácil como Tiny dice. Pero se está esforzando tanto. Así que me rindo. Me rindo a algo más. 
Aún si mi corazón no lo está creyendo totalmente. 
Capítulo Quince
Al día siguiente, Tiny no está en pre-cálculo. Asumo que está inclinado sobre algún lugar escribiendo canciones en una libreta cómicamente pequeña. Eso no me molesta demasiado. Lo veo entre el primero y el segundo periodo, cuando pasaba caminando por su casillero; su pelo luce sucio y sus ojos están muy abiertos.
—¿Demasiado Red Bull? —pregunto, caminando hacia él.
Responde con furiosa rapidez. —La obra se estrena en nueve días, Will Grayson es adorable, todo es genial. Escucha, Grayson, tengo que ir al auditorio, nos vemos en el almuerzo.
—El otro Will Grayson —digo.
—¿Qué? —pregunta Tiny, cerrando de un portazo su casillero.
—El otro Will Grayson es adorable.
—Cierto, es muy cierto —contesta.
En la hora del almuerzo él no está en nuestra mesa, tampoco Gary, Nick, Jane o nadie, y no quiero toda la mesa para mí solo, así que agarro mi bandeja y voy al auditorio pensando que van a estar todos allá. Tiny está parado en el medio del escenario, con una libreta en una mano y su celular en el otro, gesticulando salvajemente. Nick está sentado en la primera fila de asientos. Tiny está hablando con Gary en el escenario, y porque nuestro acústico es fascinante en nuestro auditorio, puedo escuchar exactamente qué es lo que él le está diciendo desde atrás. 
—Lo que tienes que recordar sobre Phil Wrayson es que es está totalmente aterrorizado. De todo. Actúa como si no le importara nada, pero él está muy cerca de caerse a pedazos más que cualquiera en toda la maldita obra. Quiero escuchar el temblor de su voz cuando esté cantando, la necesidad de que él espera que nadie lo escuche. Porque eso es lo que lo hace tan molesto, ¿sabes? Las cosas que él dice no son molestas; es la forma en que las dice. Entonces cuando Tiny está golpeando los posters de Orgullo, y Phil no se calla sobre los estúpidos problemas de una chica que él mismo provocó, tenemos que escuchar lo que es molesto. Pero no puedes exagerarlo, tampoco. Es la cosa más minúscula, hombre. Es la piedra en tu zapato.
Me quedo ahí por un minuto, esperando que él me vea, y entonces finalmente me ve. —Es un PERSONAJE, Grayson —grita Tiny—. Él es un PERSONAJE DE FICCION.
Todavía sosteniendo mi bandeja, me doy media vuelta y me voy. Me siento afuera del auditorio, en el piso del pasillo, apoyado sobre una vitrina de trofeos, y como un poco.
Lo estoy esperando. Para que salga y se disculpe. O que salga y me grite por ser un cobarde. Estoy esperando que esa puerta doble de madera oscura se abra y que Tiny la cruce y empiece a hablar.
Sé que es inmaduro, pero no me importa. A veces necesitas que tu mejor amigo pase a través de las puertas. Pero no lo hace. Finalmente, sintiéndome pequeño y estúpido, soy yo quien se levanta y cruza la puerta. Tiny está felizmente cantando sobre Oscar Wilde. Me quedo ahí por un momento, todavía esperando que él me vea, y no me doy cuenta de que estoy llorando hasta que un raro sonido sale de mi cuando inhalo. Cierro la puerta. Si Tiny me vio, no se para a reconocerlo.
Camino por el pasillo, mi cabeza estaba tan baja que gotea agua salada de mi nariz. Camino hasta la puerta principal (el aire fresco, el cálido sol) y bajo los escalones. Sigo caminando hasta la calle hasta llegar a la cabina de seguridad, entonces me adentro en la oscuridad de los arbustos. Algo en mi garganta se siente como si me ahogara. Camine a través de los arbustos justo como lo hicimos Tiny y yo en el primer año cuando saltamos para ir a Boystown para la Pride Paradecuando se abrió hacia mí.
Camino todo el camino hacia el campo de la Pequeña Liga que está a mitad de camino entre mi casa y la escuela. Está pasando la escuela media, y cuando era chico solía ir por mí mismo después del colegio o para lo que sea, sólo para pensar. A veces me gustaba traer un libro de dibujo o algo y trataba de dibujar, pero la mayoría de las veces solamente me gustaba estar ahí. Camino alrededor de la cerca y me siento en un banco de suplentes, con mi espalda estaba apoyada en una pared de aluminio, calentado por la luz del sol, y lloro. P á g i n a | 260
Esto es lo que me gusta de los bancos de suplentes: estoy en el lado de la tercera base, y puedo ver el rombo de polvo en frente de mí y las cuatro filas de gradas de madera a un lado; y en el otro lado el campo abierto y el siguiente rombo siguiente; entonces el parque y después la calle. Puedo ver gente caminando con sus perros, una pareja caminando en el viento. Pero con mi espalda en la pared, con el techo de aluminio sobre mi cabeza, nadie puede verme antes de que yo los vea primero.
Lo raro de la situación es el tipo de cosas que pueden hacerte llorar.
Tiny y yo jugamos en el Pequeña Liga juntos (no en este parque, pero en uno cercano a nuestras casas) empezando el tercer grado. Así es como nos hicimos amigos, supongo. Tiny era fuerte como el infierno, claro, pero no muy bueno con el bate. Había llevado a la Liga a conseguir éxito por los lanzamientos, creo. Teníamos mucho éxito.
Yo jugaba en una respetable primera base y nunca lleve a la Liga a nada.
Pongo mis codos en mis rodillas como hice cuando estaba viendo juegos desde el banco de suplentes como este. Tiny siempre se sentaba al lado mío, y aunque él sólo jugaba porque el entrenador tenía que poner a todos los jugadores, él siempre estaba súper entusiasmado. Él estaba diciendo: —Hey, bateador, bateador. Hey, bateador bateador, BATEA, bateador —y luego cambiaría a—: ¡Queremos un lanzamiento, no un nene de mamá! 
Entonces, en sexto grado: Tiny estaba jugando en tercera base, y yo estaba en primera. Era el principio del juego, y estábamos apenas ganando o apenas perdiendo, no recuerdo bien. Honestamente, nunca miré las puntuaciones mientras jugábamos. El baseball para mí era solo una de esas extrañas y terribles cosas que los padres hacen por razones que no puedes entender, como vacunas contra la gripe y la iglesia. Entonces el bateador golpea la bola, que rueda hasta Tiny. Tiny la agarra con el guante de baseball y la tira a primera con su brazo de cañón, y yo me extiendo para hacer un punto, cuidadosamente manteniendo el pie en la base, y entonces la pelota me golpeó en el guante e inmediatamente se cayó, porque olvidé cerrar el guante. El corredor estaba a salvo y el error nos costó una corrida o algo así. Después de que el turno termino, fui de nuevo al banco de suplente. El entrenador (creo que se llamaba Sr. Frye) se inclinó sobre mí. Me volví consiente de la grandeza de su cabeza, su gorra estaba sobre su gorda cara, y dijo: —CONCÉNTRATE en AGARRAR la BOLA. AGARRA la BOLA, ¿ok? ¡Jesús! —Sentí mi rostro sonrojarse, y con ese temblor en mi voz que Tiny señaló a Gary, dije: —Lo shiento, entrenador. —Y el Sr. Frye dijo: —Yo también, Will. Yo también.

Y entonces Tiny lo arrastró y le pegó al Sr. Fyre en la nariz. Así como así. Así terminó nuestra carrera en la Pequeña Liga. 

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