―Kent
está muerto.
―No.
Warner me regresa a la esquina y
me doy cuenta que nunca he estado tan indefensa en mi vida. Nunca tan
vulnerable. He pasado 17 años deseando que mi maldición se fuese, pero en este
momento estoy más desesperada que nunca por tenerla de regreso. Los ojos de
Warner se calientan de improviso. Sus constantes cambios emocionales son
difíciles de anticipar. Difíciles de contrarrestar.
―Juliette ―dice. Toca mi mano
tan gentilmente, eso me sobresalta―. ¿Te diste cuenta? Parece que soy inmune a
tu don. ―Estudia mis ojos―. ¿No es increíble? ¿Lo notaste? ―pregunta
nuevamente―. ¿Cuándo trataste de escapar? ¿Sentiste…?
Warner el que no se pierde
absolutamente de nada. Warner el que absorbe cada detalle.
Por supuesto que sabe.
Pero estoy impresionada por la
ternura en su voz. La sinceridad con la cual él quiere saber. Él que es como un
animal salvaje, enloquecido y salvaje, sediento de caos, adolorido por
reconocimiento y aceptación.
Amor.
―Realmente podemos estar juntos
―me dice sin inmutarse por mi silencio. Me empuja más cerca, demasiado cerca.
Estoy congelada en quinientas capas de miedo.
Aturdida por el dolor, por la
incredulidad.
Su mano se extiende a mi cara,
sus labios a los míos. Mi cerebro está ardiendo, listo para estallar por la
imposibilidad de este momento. Me siento como si estuviera viendo lo que
sucede, distante a mi propio cuerpo, incapaz de intervenir. Más que cualquier
otra cosa, estoy impresionada por sus gentiles manos, por sus serios ojos.
―Quiero que tú me escojas
―dice―. Quiero que escojas estar conmigo. Quiero que tú quieras esto.
―Estás loco ―me contuve―. Estás
psicótico.
―Sólo estás asustada de lo que
eres capaz de hacer. ―Su voz es suave. Fácil. Lenta. Aparentemente persuasiva.
Nunca me había dado cuenta de lo atractiva que era su voz―. Admítelo ―dijo―.
Somos perfectos el uno para el otro. Quieres el poder. Amas sentir un arma en
tu mano. Estás… atraída por mí.
Trato
de oscilar mi puño, pero él atrapa mis brazos. Sujetándome a su lado.
Presionándome contra la pared. Es mucho más fuerte de lo que parece.
―No te engañes a ti misma,
Juliette. Vas a regresar conmigo lo quieras o no. Pero puedes escoger quererlo.
Puedes escoger disfrutarlo…
―Nunca lo haré ―respiré,
lastimada―. Eres un enfermo, eres un enfermo y retorcido monstruo.
―Esa no es la respuesta correcta
―dijo, y parecía genuinamente decepcionado.
―Es la única respuesta que
obtendrás de mí.
Sus labios se acercaron.
―Pero te amo.
―No, no me amas.
Sus ojos se acercan. Apoya su
frente contra la mía.
―No tienes idea de lo que me
haces.
―Te detesto.
Sacude su cabeza muy lentamente.
Hundiéndose. Su nariz cepilla mi nuca y yo reprimo un escalofrío horrible que
él malinterpreta. Sus labios tocan mi piel y yo realmente gimoteo.
―Dios, amaría tan sólo poder
morderte.
Noto el destello de plata dentro
del bolsillo de su chaqueta.
Siento un estremecimiento de
esperanza. Un estremecimiento de horror. Me preparo para lo que debo hacer.
Paso un momento de duelo por la pérdida de mi dignidad.
Y me relajo.
Él siente la tensión filtrándose
por mis extremidades y responde a cambio. Sonríe, aflojando su abrazo en mis
hombros. Desliza sus brazos alrededor de mi cintura y me trago el vómito que
está a punto de ceder.
Su chaqueta militar tiene un
millar de botones. Me pregunto cuántos voy a tener que deshacer antes de que
pueda tener en mis manos el arma. Sus manos están explorando mi cuerpo
deslizándose por mi espalda para sentir la forma de mi figura y es todo lo que
puedo hacer para prevenir que haga algo imprudente. No soy lo
suficientemente hábil como para dominarlo y no tengo idea de por qué es capaz
de tocarme. No tengo ni idea de por qué fue capaz de estrellarse con el cemento
ayer. No tengo ni idea de dónde proviene esa energía.
Hoy tiene todas las ventajas y
no es el momento de delatarme.
No aún.
Coloco mis manos en su pecho.
Presiona la curva de mi cuerpo. Ladea su barbilla para encontrarse con mis
ojos.
―Va a ser bueno para ti
―susurra―. Va a ser demasiado bueno para ti, Juliette. Lo prometo.
Espero que no sea visible que
estoy temblando.
Y me besa. Hambrientamente.
Desesperadamente. Deseoso de destaparme y probarme. Estoy tan aturdida, tan
horrorizada, tan encerrada en la demencia que me olvido de mi misma. Me quedo
congelada, disgustada. Mis manos se deslizan a su pecho. Todo lo que puedo
pensar es en Adam y su sangre, en Adam y en el sonido de los disparos y en Adam
muriendo en una piscina de sangre. Esty cerca de empujarlo fuera de mí. Pero
Warner no se desalentaría.
Él rompe el beso. Susurra algo
en mi oído que suena como una tontería. Ahueca con sus manos mi cara y esta vez
recuerdo que pretendo. Tiro más, agarro un puñado de su chaqueta y lo beso tan
duro como puedo, mis dedos ya tratan de liberar el primer botón. Warner agarra
fuertemente mis caderas y permite a sus manos conquistar mi cuerpo. Sabe como a
hierbabuena, huele a gardenias. Sus brazos son fuertes a mí alrededor, con los
labios suaves, casi dulces en contra de mi piel. Hay una carga eléctrica entre
nosotros que no había previsto.
Mi cabeza está dando vueltas.
Sus labios están en mi cuello,
saboreándome, devorándome, y me obligo a pensar con claridad. Me obligo a
entender la perversión de esta situación. No sé cómo conciliar la confusión en
mi mente, mi repulsión vacilante, mi reacción química inexplicable con sus
labios. Necesito terminar con esto. Ahora.
Alcanzo los botones.
Y él innecesariamente se ha
animado.
Warner me levanta por la
cintura, me iza contra la pared, con las manos excavando mi espalda, obligando
a las piernas para envolver a su alrededor. No se da cuenta que él me ha dado
el ángulo perfecto para alcanzar su chaqueta.
Sus
labios encuentran mis labios, sus manos se deslizan debajo de la camisa y está
respirando con dificultad, aumentando la presión a mi alrededor, y yo
prácticamente puedo rasgar y abrir su chaqueta por desesperación. No puedo
dejar que esto pase por mucho tiempo más. No tengo idea de qué tan lejos Warner
quiera llevar las cosas, pero no puedo seguir animando su locura.
Lo necesito para inclinarme
hacia adelante tan sólo un centímetro más… Mis manos se envuelven alrededor de
la pistola
Lo siento congelarse. Tiro hacia
atrás. Miro su rostro pasar a través de marcos de
confusión/miedo/angustia/horror/ira.
Me tira al suelo mientras mis
dedos aprietan el gatillo por primera vez.
El poder y fortaleza de la arma
es el desarme, el sonido fue más fuerte de lo que había anticipado. Los ecos
están vibrando a través de mis oídos y todos los impulsos de mi cuerpo.
Es una dulce clase de música.
Una pequeña clase de victoria.
Porque esta vez la sangre no era
de Adam.
Capítulo 40
Warner
cayó.
Estoy
de pie y huyendo con su arma.
Necesito
encontrar a Adam. Tengo que robar un coche. Necesito encontrar a James y a
Kenji. Tengo que aprender a conducir. Necesito ponernos a salvo. Tengo que
hacer todo en exactamente ese orden.
Adam
no puede estar muerto.
Adam
no esta muerto.
Adam
no estará muerto.
Mis
pies golpeaban el pavimento a un ritmo constante, mi camisa y cara estaban
salpicadas de sangre, mis manos aún temblando ligeramente con la puesta del
sol. Una fuerte brisa azotaba a mi alrededor, sacudiéndome de la loca realidad
en la que parecía estar nadando. Tomé una respiración profunda, entrecerré los
ojos al cielo, y me di cuenta que no tenía mucho tiempo antes de perder la luz.
Las calles, por lo menos, desde hace rato que han sido evacuadas. Pero tengo
exactamente cero idea de dónde podrían estar los hombres de Warner.
Me
pregunto si Warner tiene el suero rastreador también. Me pregunto si ellos
sabrán si él estuviera muerto.
Me
agacho en las oscuras esquinas, tratando de leer las calles por pistas,
tratando de recordar dónde cayó al suelo Adam, pero mi memoria es muy débil,
también distraída, mi cerebro está demasiado roto para procesar este tipo de
detalles. Ese horrible momento es un desorden de locura en mi mente. No puedo
ponerle ningún sentido y Adam podría estar en cualquier parte. Podrían haberle
hecho cualquier cosa.
Ni
siquiera sé lo que estoy buscando.
Puedo
estar perdiendo mi tiempo.
De
repente, escucho movimiento y me precipito al lado de la calle, apretando mis
dedos alrededor del arma rápidamente con mis manos. Ahora que incluso he
disparado un arma de fuego, me siento más segura con ella en mis manos, más
consciente de lo que esperar, cómo funciona. Pero no sé si debo sentirme feliz
u horrorizada por estar tan a gusto y tan rápidamente con algo tan letal.
Pasos.
Me deslizo hacia arriba contra
la pared, con brazos y piernas extendidas contra la áspera superficie. Espero
estar enterrada en las sombras. Me pregunto si alguien ha encontrado a Warner
ya.
Veo a un soldado caminar a la
derecha delante de mí. Él tiene fusiles colgando de su pecho, una especie más
pequeña de arma automática en la mano. Miro hacia abajo a la pistola en mi mano
y me doy cuenta de que no tengo idea de cuántos diferentes tipos hay. Lo único
que sé es que algunas son más grandes que otras. Algunas tienen que volverse a
cargar constantemente. Algunas, como la que estoy sosteniendo, no. Tal vez Adam
me pueda enseñar las diferencias.
Adam.
Aspiro mi aliento y me muevo tan
sigilosamente como puedo a través de las calles. Veo una particular sombra
oscura en un tramo de la acera delante de mí y hago un esfuerzo para evitarla.
Pero a medida que me acerco me doy cuenta de que no es una sombra. Es una
mancha.
La sangre de Adam.
Aprieto mi mandíbula cerrándola
hasta que el dolor ahuyenta los gritos. Tomo cortas, pequeñas, y demasiadas
rápidas respiraciones. Necesito concentrarme. Tengo que usar esta información.
Tengo que prestar atención...
Necesito seguir el rastro de
sangre.
Quienquiera que arrastró a Adam
lejos todavía no ha vuelto a limpiar el desorden. Hay un constante goteo
salpicado que lleva lejos de las carreteras principales a las calles mal
iluminadas. La luz es tan tenue que tengo que agacharme para buscar los puntos
en el suelo. Estoy perdiendo de vista a dónde conducen.
Hay menos aquí. Creo que han
desaparecido completamente. No sé si las manchas oscuras que estoy encontrando
son sangre o viejos chicles manchando el pavimento o las gotas de vida de la
carne de otra persona. El rastro de Adam ha desaparecido.
Retrocedo varios pasos y vuelvo
sobre la línea. Tengo
que hacer esto 3 veces antes de darme cuenta de que debieron haberlo llevado
dentro. Hay una vieja estructura de acero con una vieja puerta oxidada que
parecía nunca haber sido abierta. Parece que no la han utilizado en años. No
veo ninguna otra opción.
Muevo la manija. Está cerrada.
Desplazo mi peso completo para
romperla, golpeándola abierta, pero sólo consigo un hematoma en mi cuerpo.
Podría dispararle al igual que he visto hacer a Adam, pero no estoy segura de
mi objetivo ni de mi habilidad con el arma, y no estoy segura de poder
permitirme el ruido. No puedo hacer saber mi presencia.
Tiene que haber otra manera de
entrar al edificio.
No hay otra manera de entrar al
edificio.
Mi frustración es cada vez
mayor. Mi desesperación es paralizante.
Mi histeria me amenaza con
romperme y me dan ganas de gritar hasta que mis pulmones colapsen. Adam se
encuentra en este edificio. Él tiene que estar en este edificio.
Estoy de pie justo delante del
edificio y no puedo entrar.
Esto no puede estar pasando.
Aprieto los puños, tratando de
hacer retroceder la enloquecedora inutilidad que me envuelve en su abrazo, pero
me siento enloquecer. Salvaje. Demente. La adrenalina se esta desvaneciendo, mi
enfoque se está escapando, el sol se pone en el horizonte y me acuerdo de James
y Kenji y Adam Adam Adam y las manos de Warner sobre mi cuerpo y sus labios en
mi boca y su lengua saboreando mi cuello y toda la sangre en todas partes.
Por todas partes
Por todas partes
Y hago algo estúpido.
Golpeo la puerta.
En un instante, mi mente se pone
al día con mi músculo y me preparo para el impacto del acero en la piel, lista
para sentir la agonía de todos los huesos del brazo derecho romperse. Pero mi
puño vuela a través de los 30 centímetros de acero como si estuviera hecho de
mantequilla. Estoy sorprendida. Aprovecho la misma energía volátil y pateo con
mi pie a través de la puerta. Usando mis manos para extraer
los pedazos de acero, arañando mi camino a través del metal como un animal
salvaje.
Es increíble. Estimulante.
Totalmente salvaje.
Esta debe ser la forma en que
rompí el hormigón en la cámara de tortura de Warner. Lo que significa que aún
no tengo idea de cómo rompí el cemento de la cámara de tortura de Warner.
Subo por el agujero que he
creado y me deslizo en las sombras. No es difícil. El lugar entero está
envuelto en la oscuridad. No hay luces, ni sonidos de máquinas o electricidad.
Sólo otro almacén abandonado en manos de los elementos.
Reviso los pisos, pero no hay
ninguna señal de sangre. Mi corazón se eleva y cae en picado, al mismo tiempo.
Lo necesito para estar bien. Lo necesito para estar viva.
Adam no está muerto. No lo puede
estar.
Adam prometió a James que
volvería por él.
Él nunca rompería esa promesa.
Me muevo lentamente, al
principio, cautelosa, preocupada de que pueda haber más soldados alrededor,
pero no necesito mucho tiempo para darme cuenta de que no hay un sonido de vida
en este edificio. Decido correr.
Meto la precaución en un
bolsillo y espero poder alcanzarlo si es necesario. Estoy volando a través de
las puertas, girando alrededor de las curvas, bebiendo de cada detalle. Este
edificio no era sólo un almacén. Era una fábrica.
Viejas máquinas atestan las
paredes, cintas transportadoras congeladas en su lugar, miles de cajas de inventario
apiladas precariamente en altos montones. Oigo un pequeño suspiro, una tos
ahogada.
Paso a través de un conjunto
doble de puertas giratorias, buscando el débil sonido, luchando por
concentrarme en los más mínimos detalles. Esforzando mis oídos y escuchar de
nuevo.
Pesada, una entrecortada
respiración.
Cuanto más me acerco, más
claramente puedo oírlo. Tiene que ser él. Mi pistola está lista y apuntando al
fuego, mis ojos están cuidadosos ahora, anticipándose a los atacantes. Mis
piernas se mueven rápidamente, fácilmente, en silencio. Estuve a punto de
dispararle a la sombra de unas cajas echadas en el suelo. Tomo un respiro
tranquilizador. Rondo otra esquina.
Y
estoy cerca de colapsar.
Adam está colgando de las
muñecas atadas, sin camisa, ensangrentado y magullado por todas partes. Su
cabeza está inclinada, el cuello flácido, su pierna izquierda bañada en sangre
a pesar del torniquete envuelto alrededor de su muslo. No sé cuánto tiempo el
peso de su cuerpo ha estado colgando de sus muñecas. Me sorprende que no se
haya dislocado los hombros. Él todavía debe estar luchando por aguantar.
La cuerda que esta envuelta
alrededor de sus muñecas esta adjunta a una tipo de barra de metal que
atraviesa el techo. Miro más de cerca y me doy cuenta de que la varilla es
parte de una cinta transportadora. Que Adam está en una cinta transportadora.
Que esto no es más que una
fábrica.
Es un matadero.
Estoy demasiado necesitada para
permitirme el lujo de la histeria en este momento.
Tengo que encontrar una manera
de bajarlo, pero temo aproximarme. Mis ojos buscan en el espacio, seguros de
que hay guardias por aquí en alguna parte, soldados preparados para este tipo
de emboscadas. Pero entonces se me ocurre que tal vez nunca se me consideró
realmente una amenaza. No, si Warner conseguía arrastrarme lejos.
Nadie esperaría encontrarme
aquí.
Me subo en la cinta
transportadora y Adam intenta levantar la cabeza. Tengo que tener cuidado de no
mirar demasiado cerca sus heridas, no dejar que mi imaginación me paralice. No
aquí. No ahora.
—¿Adam...?
Su cabeza se mueve bruscamente
con un repentino estallido de energía. Sus ojos me encuentran. Su rostro esta
casi ileso, hay sólo unos pocos cortes y contusiones para tener en cuenta.
Enfocándome en lo familiar me da un mínimo de calma.
—¿Juliette?
—Necesito cortar…
—Jesús, Juliette, ¿cómo me
encontraste? —Tose. Jadeando. Toma una respiración fuerte.
—Después.
—Alcanzo a tocar su cara—. Te voy a contar todo más tarde. Primero, tengo que
encontrar un cuchillo.
—Mis pantalones.
—¿Qué?
—En —traga—, en mis pantalones.
Llego a su bolsillo y sacude la
cabeza. Miro hacia arriba.
—¿Dónde?
—Hay un bolsillo dentro de
mis pantalones.
Prácticamente, le arranco la
ropa. Hay un pequeño bolsillo cosido en el forro de sus pantalones de carga.
Deslizo mi mano en el interior y recupero una navaja compacta. Un cuchillo
mariposa. He visto esto antes.
Son ilegales.
Empiezo a apilar cajas en la
cinta transportadora. Subiendo a mi manera y esperando a que Dios yo sepa lo
que estoy haciendo. El cuchillo está muy afilado, y funciona, deshaciendo
rápidamente las ataduras. Me doy cuenta un poco tarde de que la cuerda que lo
sostenía junto es la misma cuerda que usamos para escapar.
Adam es cortado libre. Bajo,
repliego del cuchillo y lo meto en mi bolsillo. No sé cómo voy sacar a Adam
fuera de aquí. Sus muñecas están en carne viva, sangrando, y su cuerpo golpeado
es una sola pieza de dolor, con la pierna ensangrentada por la bala.
Casi se cae.
Trato de sostenerlo con tanta
ternura como me es posible, tratando de mantenerlo lo más cerca y mejor que
puedo, sin hacerle daño. No dice una palabra sobre el dolor, trata tan duro de
ocultar el hecho de que está teniendo problemas para respirar. Hace una mueca
contra toda la tortura, pero no susurra una palabra quejándose.
—No puedo creer que me
encontrases —es todo lo que dice.
Y sé que no debería. Sé que
ahora no es el momento. Sé que es poco práctico. Pero lo beso de todos modos.
—No vas a morir —le digo—. Vamos
a salir de aquí. Vamos a robar un coche. Vamos a encontrar a James y Kenji. Y
luego vamos a ponernos a salvo.
Me
mira fijamente.
—Bésame otra vez —dice.
Y lo hago.
Toma toda una vida llegar de
nuevo a la puerta. Adam había estado enterrado en lo profundo y recóndito de
este edificio, y encontrar nuestro camino al frente es aún más difícil de lo
que esperaba. Adam está intentándolo tan duro, moviéndose tan rápido como
puede, pero aún no es rápido en absoluto.
—Ellos dijeron que Warner quería
matarme él mismo —explica—. Que me disparó en la pierna a propósito, sólo para
incapacitarme. Le dio la oportunidad de arrastrarte lejos y volver más tarde
por mí. Al parecer, su plan era torturarme hasta la muerte. —Hace una mueca de
dolor—. Me dijo que quería disfrutar de ella. No quería precipitarse a matarme.
—Una risa dura. Una tos corta.
Sus manos sobre mi cuerpo sus
manos en mi cuerpo sus manos sobre mi cuerpo.
—¿Así que simplemente te ataron
y te abandonaron aquí?
—Dijeron que nadie podría jamás
encontrarme. Dijeron que el edificio está hecho totalmente de cemento y
reforzado en acero y nadie puede forzar la entrada. Warner debía volver por mí
cuando estuviera listo. —Se detiene. Me mira—. Dios, estoy tan feliz de que
estés bien.
Le ofrezco una sonrisa. Trato de
evitar que mis órganos caigan. Espero que los agujeros en la cabeza no sean
visibles.
Hace una pausa cuando llegamos a
la puerta. El metal es un destrozado enredo. Se ve como si un animal salvaje lo
hubiera atacado y perdido.
—¿Cómo hiciste?
—No lo sé —admito. Tratando de
encogerme de hombros, indiferente—. Sólo la golpeé.
—Sólo la golpeaste.
—Y le di una pequeña patada.
Él sonríe y quiero sollozar en
sus brazos. Tengo que concentrarme en su rostro. No puedo dejar que mis ojos se
dirijan a la parodia de su cuerpo.
—Date prisa —le digo—. Vamos a
hacer algo ilegal.
Dejo
Adam en las sombras y me precipito hasta el borde de la carretera principal,
buscando vehículos abandonados. Tenemos que viajar a 3 diferentes calles, hasta
que finalmente encontramos uno.
—¿Cómo lo llevas? —le pregunto,
con miedo de oír la respuesta.
Aprieta los labios. Hace algo
que se parece una cabeceada.
—Está bien.
Eso no es bueno.
—Espera aquí.
Es de tono negro, sin una sola
lámpara en la calle a la vista. Esto es bueno. También malo. Me da una ventaja
extra, pero me hace vulnerable a un ataque adicional. Tengo que tener cuidado.
Voy de puntillas hasta el coche.
Estoy completamente preparada
para romper el vidrio, pero compruebo primero la manija. Por si acaso.
La puerta está desbloqueada.
Las llaves están en el
encendido.
Hay una bolsa de comestibles en
el asiento trasero.
Alguien debió entrar en pánico
por el sonido de alarma y el inesperado toque de queda. Debieron abandonarlo
todo y correr a esconderse. Increíble.
Esto sería absolutamente
perfecto si tuviera alguna idea de cómo conducir.
Corro de nuevo a Adam y le ayudo
a cojear hasta el lado del pasajero. Tan pronto como se sienta puedo decir
exactamente cuánto dolor tiene. Doblando su cuerpo de ninguna manera en
absoluto. Colocando presión sobre sus costillas. Esforzando sus músculos.
—Está bien —me dice,
mintiéndome—. No puedo estar de pie por mucho tiempo.
Meto la mano en la parte de
atrás y hurgo en las bolsas de supermercado. Hay comida real dentro. No sólo
esos extraños cubitos de caldo diseñados para entrar en los Automats, sino de
frutas y verduras. Incluso Warner nunca nos dio una banana.
Le entrego la fruta amarilla a
Adam.
—Cómete eso.
—No
creo que pueda comer. —Hace una pausa. Mira a la forma en sus manos—. ¿Es esto
lo que creo que es?
—Creo que sí.
No tenemos tiempo para procesar
la imposibilidad. Peleo abriéndola. Alentándolo a tomar un pequeño bocado.
Espero que sea una buena cosa. He oído que las bananas tienen potasio. Espero
que él pueda contenerlo.
Trato de concentrarme en la
máquina bajo mis pies.
—¿Cuánto tiempo crees que vamos
a tener hasta que Warner nos encuentre? —pregunta Adam.
Tomo unos cuantos bocados de
oxígeno.
—No sé.
Una pausa.
—¿Cómo conseguiste alejarte de
él...?
Miro fijamente por el parabrisas
cuando respondo.
—Le disparé.
—No. —Sorpresa. Temor. Asombro.
Le muestro el arma de Warner.
Tiene un grabado especial en la empuñadura.
Adam se queda aturdido.
—Así que él esta... ¿muerto?
—No lo sé —admito finalmente,
avergonzada. Dejo caer mis ojos, estudiando las ranuras en el volante—. No lo
sé con seguridad. —Me tomó demasiado tiempo apretar el gatillo. Era más rígido
de lo que esperaba que fuera. Más difícil sostener el arma entre mis manos de
lo que me había imaginado. Warner ya se me estaba abalanzando cuando la bala
voló a su cuerpo. Estaba apuntando a su corazón.
Espero por Dios no haber
fallado.
Los dos estamos demasiado
tranquilos.
—¿Adam?
—¿Sí?
—No
sé cómo manejar.
Capítulo 41
-Tienes
suerte que esto no tenga una caja de cambios
—¿Caja
de cambios?
―Transmisión
manual.
—¿Qué
es eso?
—Un
poco más complicado.
Me
muerdo el labio.
—¿Recuerdas
cuando dejamos a James y Kenji? —Ni siquiera quiero considerar la posibilidad
de que se hayan ido. De que hayan sido descubiertos. Nada. No puedo entender la
idea.
—Sí.
—Sé que él está pensando exactamente lo mismo.
—¿Cómo
llego allí?
Adam
me dice que el pedal derecho es para acelerar. El izquierdo es para frenar.
Tengo que moverme en D para manejar. Uso el volante para girar. Hay espejos que
ayudan a ver por detrás de mí. No puedo encender los faros y voy a tener que
depender de la luna para iluminar mi camino.
Enciendo
el motor, presiono el freno, cambio a tracción. La voz de Adam es el único
sistema de dirección. Libero el freno. Presiono el acelerador. Casi choco con
una pared.
Así
es como finalmente volvemos al edificio abandonado.
Acelerador.
Freno. Acelerador. Freno. Demasiado acelerador. Adam no se queja y es casi
peor. Sólo puedo imaginar lo que mi conducción le está haciendo a sus heridas.
Estoy agradecida de que al menos no estemos muertos, no aún. No
sé por qué no nos ha notado nadie. Me pregunto si tal vez Warner en verdad está
muerto. Me pregunto si todo está en caos. Me pregunto si ese es el porqué de
que no haya soldados en esta ciudad. Todos han desaparecido.
Creo.
Casi olvido poner al auto en
posición de estacionar cuando alcanzamos el destruido edificio vagamente
familiar. Adam tiene que acercarse y hacerlo por mí. Lo ayudo a efectuar una
transición en el asiento trasero y él me pregunta por qué.
—Porque estoy haciendo la
tracción de Kenji, y no quiero que tu hermano tenga que verte así. Está tan
oscuro que no verá tu cuerpo. No creo que deba tener que verte herido.
Él asiente después de un
infinito momento.
—Gracias.
Y estoy corriendo hacia el
edificio destrozado. Abriendo la puerta. Apenas puedo distinguir a las dos
figuras en la oscuridad. Parpadeo y entran en foco. James está dormido con su
cabeza en el regazo de Kenji. Los bolsos de viaje están abiertos, las latas de
alimento desechadas en el piso. Están bien.
Gracias a Dios que están bien.
Podría morir de alivio.
Kenji levanta a James y lo
retiene en sus brazos, moviéndose un poco con dificultad bajo el peso. Su
rostro es suave, serio, inmutable. No sonríe. No dice nada estúpido. Estudia
mis ojos como si ya los conociera, como si ya entendiera el porqué nos llevó tanto
tiempo volver, como si hubiera una única razón por la que deba verme ahora como
el infierno, por la que tenga sangre por toda mi ropa. Probablemente en mi
rostro. Toda sobre mis manos.
—¿Cómo está él?
Y casi lo pierdo allí.
—Necesito que conduzcas.
Respira con fuerza. Asiente
varias veces.
—Mi pierna derecha aún está bien
—me dice, pero no creo que me importase, incluso si no lo estuviera.
Necesitamos llegar a su lugar seguro y mi conducción no va a llevarnos a ningún
lado. Kenji
instala a un James dormido en el lado del pasajero y estoy tan feliz de que no
esté despierto en este momento.
Agarro los bolsos de viaje y los
llevo al asiento trasero. Kenji se desliza adelante. Mira por el espejo
retrovisor.
—Es bueno verte vivo, Kent.
Adam casi sonríe. Sacude su
cabeza.
—Gracias por preocuparte por
James.
—¿Confías en mí ahora?
Un pequeño suspiro.
—Tal vez.
—Aceptaré un tal vez. —Sonríe.
Pone en marcha el auto—. Salgamos como el infierno de aquí.
Adam está temblando.
Su cuerpo desnudo está
finalmente quebrándose bajo el clima frío, las horas de tortura, el esfuerzo de
mantenerse unido por tanto tiempo. Estoy luchando con los bolsos de viaje,
buscando un abrigo, pero todo lo que encuentro son camisetas y suéteres. No sé
cómo ponerlas en su cuerpo sin causarle dolor.
Decido cortarlas en pedazos.
Llevo la navaja mariposa hacia algunos de sus suéteres y los abro, cubriendo
con ellos su figura como una manta. Levanto la mirada.
—Kenji… ¿este auto no tiene un
calentador?
—Está encendido, pero es
demasiado malo. No está funcionando muy bien.
—¿Cuánto falta hasta que
lleguemos?
—No mucho.
—¿Has visto a alguien que podría
seguirnos?
—No. —Hace una pausa—. Es raro.
No entiendo por qué nadie ha notado un auto pasando rápidamente por estas calles
después del toque de queda. Algo no está bien.
—Lo sé.
—Y
no sé qué es, pero obviamente mi suero rastreador no está funcionando. A
cualquiera de ellos le importó una mierda, o es legal que no funcione y no sé
por qué.
Un pequeño detalle se encuentra
en las afueras de mi consciencia. Lo examino.
—¿No dijiste que dormiste en una
cabaña? ¿Esa noche que huiste?
—Sí, ¿por qué?
—¿Dónde estaba…?
Él se encoge de hombros.
—No lo sé. En algún campo
enorme. Era raro. Cosas locas crecían en ese lugar. Casi comí algo pensando que
era fruta, antes de que me diera cuenta de que olía como mierda.
Contengo el aliento.
—¿Era un campo vacío? ¿Estéril?
¿Totalmente abandonado?
—Sí.
—El campo nuclear —dice Adam,
una consciencia naciente en su voz.
—¿Qué campo nuclear? —pregunta
Kenji.
Me tomo un momento para
explicar.
—Mierda Santa. —Kenji agarra el
volante—. ¿Así que podría haber muerto? ¿Y no lo hice?
Lo ignoro.
—¿Pero entonces cómo nos
encontraron? ¿Cómo averiguaron dónde vivías…?
—No lo sé —suspira Adam. Cierra
los ojos—. Tal vez Kenji está mintiéndonos.
—Vamos, hombre, qué demonios…
—O —interrumpe Adam—, tal vez
compraron a Benny.
—No —jadeo.
—Es posible.
Todos
estamos en silencio por un largo momento. Intento mirar por la ventana, pero es
casi inútil. El cielo de la noche es un tanque de alquitrán sofocando al mundo
que nos rodea.
Me volteo hacia Adam y lo
encuentro con su cabeza echada hacia atrás, sus manos apretadas, sus labios
casi blancos en la oscuridad. Envuelvo los suéteres con más fuerza alrededor de
su cuerpo. Ahoga un estremecimiento.
—Adam… —Saco un mechón de pelo
de su frente. Su pelo se ha vuelto un poco largo y me doy cuenta de que nunca
realmente le he prestado atención. Ha estado muy corto desde el día en que
entró a mi celda. Nunca habría pensado que su cabello oscuro sería tan suave.
Como chocolate derretido. Me pregunto cuándo dejó de cortárselo.
Flexiona su mandíbula. Fuerza a
sus labios a abrirse. Me miente una y otra vez.
—Estoy bien.
—Kenji…
—Cinco minutos, lo prometo…
estoy intentando acelerar esta cosa…
Toco sus muñecas, trazo la
delicada piel con la punta de mis dedos. Las cicatrices sangrantes. Beso la
palma de su mano. Él toma un profundo respiro.
—Vas a estar bien —le digo.
Sus ojos aún están cerrados.
Intenta asentir.
—¿Por qué no me dijiste que
ustedes dos estaban juntos? —pregunta Kenji inesperadamente. Su voz es llana,
neutral.
—¿Qué? —Ahora no es el momento
para estar ruborizada.
Kenji suspira. Noto un vislumbre
de sus ojos en el espejo retrovisor. La hinchazón casi se ha ido por completo.
Su rostro se está curando.
—Tendría que estar ciego para
perderme algo así. Quiero decir, demonios, sólo la manera en que te mira. Es
como que el chico nunca haya visto a una mujer en su vida. Como poner comida en
frente de un hombre muerto de hambre y decirle que no puede comerlo.
Los ojos de Adam se abren de
repente. Intento descifrarlo, pero no me mira.
—¿Por qué no me dijiste? —dice
Kenji de nuevo.
—Nunca
tuve una oportunidad para decirte —responde Adam. Su voz es menos que un
susurro. Los niveles de su energía están cayendo rápido. No quiero que tenga
que hablar. Él necesita conservar su fuerza.
—Espera… ¿me estás hablando a mí
o a ella? —Kenji nos devuelve la mirada.
—Podemos discutir esto más
tarde… —intento decir, pero Adam sacude su cabeza.
—Le dije a James sin
preguntarte. Hice… una suposición —se detiene—. No debería haberla hecho.
Deberías tener una elección. Deberías tener siempre una elección. Y es tu
decisión si quieres estar conmigo.
—Oye, entonces, sólo voy a
pretender como que ya no puedo escucharlos, ¿sí? —Kenji hizo un movimiento al
azar con su mano—. Sigan y tengan su momento.
Pero estoy demasiado ocupada
estudiando los ojos de Adam, sus labios suaves. Su ceño fruncido.
Me inclino hacia su oído, bajo
mi voz. Susurro las palabras de tal manera que solamente él pueda escucharme.
—Vas a mejorar —le prometo—. Y
cuando lo hagas, voy a mostrarte exactamente qué elección he hecho. Voy a
memorizar cada centímetro de tu cuerpo con mis labios.
Él exhala de repente,
tembloroso, irregular. Traga con fuerza.
Sus ojos están atravesándome. Se
ve casi febril y me pregunto si estoy empeorando las cosas.
Me echo hacia atrás y él me
detiene. Descansa su mano en mi muslo.
—No te vayas —dice—. Tu toque es
la única cosa que evita que pierda la cabeza.
Capítulo 42
-Estamos
aquí, y es de noche. Así que según mis cálculos, no debemos haber hecho algo
estúpido.
Kenji
se desplaza al parque. Estamos bajo tierra de nuevo, en una especie de
elaborado garaje. En un minuto, estábamos sobre el suelo, al siguiente,
habíamos desaparecido en una zanja. Casi imposible de localizar, y mucho menos
de ver en la oscuridad. Kenji estaba diciendo la verdad acerca de este
escondite.
He
estado muy ocupada tratando de mantener a Adam despierto durante los últimos
minutos. Su cuerpo está luchando contra el cansancio, la pérdida de sangre, el
hambre, un millón de diferentes puntos de dolor. Me siento tan inútil.
―Adam
tiene que ir directamente al ala médica ―anuncia Kenji.
―¿Tienen
un ala médica? ―Mi corazón está en paravelismo5 en la primavera.
5 Paravelismo o
paranavegación: actividad recreacional donde una persona es sujetada a la parte
trasera de un vehículo (usualmente un bote) mientras se es atado a un
paracaídas especialmente diseñado para este deporte.
Kenji
sonríe.
―Este
lugar tiene todo. Hará volar tu maldita mente. ―Llega a un interruptor situado
en el techo. Una tenue luz ilumina el viejo sedán. Kenji sale por la puerta―.
Espera aquí. Voy a conseguir a alguien que traiga una camilla.
―¿Qué
pasa con James?
―Oh.
―La boca Kenji se retuerce―. Él, eh, va a estar dormido por un largo tiempo.
―¿Qué
quieres decir. . . ?
Se
aclara la garganta. Una vez. Dos veces. Suaviza las arrugas de la camisa.
―Yo,
eh, puede ser o no que le haya dado algo... para aliviar el dolor de este
viaje.
―¿Le
diste a un niño de diez años una pastilla para dormir? ―Me temo que voy a
romperle el cuello.
―¿Preferirías que estuviera
despierto para todo esto?
―Adam te va a matar.
Kenji mira los párpados caídos
de Adam.
―Sí, bueno, supongo que tengo
suerte de que no será capaz de matarme esta noche. ―duda. Entra en el coche
para deslizar sus dedos por el cabello de James. Sonríe un poco―. El chico es
un santo. Va a estar perfectamente por la mañana.
―No puedo creer que...
―Oye, oye. ―Levanta las manos―.
Confía en mí. Él va a estar bien. Simplemente no quiero que esté más
traumatizado de lo que tiene que estar. ―Se encoge de hombros―. Infiernos, tal
vez Adam esté de acuerdo conmigo.
―Voy a matarte. ―La voz de Adam
es un murmullo suave.
Kenji se ríe.
―No pierdas la cabeza, hermano,
o creeré que no era en serio.
Kenji desaparece.
Miro a Adam, animándolo para que
permanezca despierto. Dile que está casi a salvo. Toco con mis labios su
frente. Estudio cada sombra, cada contorno, cada corte y hematoma en su cara.
Sus músculos se relajan, sus rasgos pierden su tensión. Exhala un poco más
fácilmente. Beso su labio superior. Beso el labio inferior. Beso sus mejillas.
Su nariz. Su barbilla.
Todo sucede tan rápido después
de eso.
4 personas salen fuera del auto.
2 mayores que yo, 2 mayores que ellos. Un par de hombres. Un par de mujeres.
―¿Dónde está? ―pregunta la mujer
mayor.
Todos están mirando a su
alrededor, ansiosos. Me pregunto si me pueden ver mirándolos.
Kenji abre la puerta de Adam.
Kenji no está sonriendo. De hecho, parece... diferente. Más fuerte. Más rápido.
Alto, incluso. Él tiene el control. Una figura de autoridad. Estas personas lo
conocen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario