No puedo inhalar. No veo mis
pies. No puedo toser, ante la imposibilidad atrapada en mi garganta.
Castillo espera mi reacción.
De repente me siento tan
nerviosa.
―¿Cuál es tu…
don? ―pregunto.
Su sonrisa desarma mi
inseguridad. Extiende la mano. Ladea la cabeza. Oigo el crujido de una puerta
lejana. Una mezcla entre el sonido del aire y metal. Doy la vuelta hacia el
sonido sólo para ver algo lanzarse a toda velocidad en mi dirección. Me agacho.
Castillo ríe. Lo toma en su mano.
Jadeo.
Me muestra la llave atrapada
entre sus dedos.
―¿Puedes
mover cosas con tu mente? ―No sé dónde encontré las palabras para hablar.
―Tengo
un imposible avanzado nivel de telequinesis. ―Tuerce los labios en una
sonrisa―. Así que sí.
―¿Hay un nombre para eso? ―creo
que chillé. Intento controlarme.
―¿Para mi condición? Sí. ¿Para
la tuya? ―Hace una pausa―. No estoy seguro.
―¿Y los otros… qué… son…?
―Puedes conocerlos, si quieres.
―Yo… Sí, me gustaría ―tartamudeo
emocionada, como una niña de cuatro años que aún cree en las hadas.
Me congelo ante un repentino
sonido.
Pasos golpean el suelo. Escucho
una respiración forzada.
―Señor… ―grita alguien.
Castillo se adelanta. Calmado.
Gira alrededor de la esquina dirigiéndose al corredor.
―¿Brendan?
―¡Señor! ―resopla otra vez.
―¿Hay noticias? ¿Qué has visto?
―Escuchamos algo en la radio
―comienza, sus palabras son entrecortadas con un espeso acento británico―.
Nuestras cámaras capturaron más tanques patrullando la zona habitual. Creemos
que pueden acercarse más…
Se escucha energía estática.
Electricidad estática. Ilegibles voces llegan a través de la débil línea del
radio.
Brendan maldice en voz baja.
―Lo siento, señor… generalmente
no está tan distorsionado… No he podido controlar las cargas últimamente…
―No te preocupes. Sólo necesitas
práctica. ¿Tu entrenamiento va bien?
―Muy bien, señor. Casi lo tengo
totalmente bajo control. ―Brendan hace una pausa―. En su mayor parte.
―Excelente.
Mientras tanto, quiero saber si los tanques están más cerca. No me sorprendería
escuchar que están un poco más atentos. Intenta escuchar si mencionan algún
ataque. El Restablecimiento ha estado intentando localizar nuestro paradero
desde hace años, pero ahora tenemos a alguien particularmente valioso para sus
esfuerzos y estoy seguro de que lo quieren de regreso. Tengo la sensación que
las cosas van a desarrollarse más bien rápido a partir de ahora.
Hay un momento de confusión.
―¿Señor?
―Hay alguien que me gustaría que
conocieras.
Silencio.
Brendan y Castillo caminan
alrededor de la esquina. Entran a la vista. Tengo que hacer un gran esfuerzo
para impedir que mi mandíbula se desencaje. No puedo dejar de mirar fijamente.
El compañero de Castillo es
blanco de pies a cabeza.
No sólo su extraño uniforme, que
es una cegadora cortina blanca brillante, su piel también es más pálida que la
mía. Incluso su pelo es tan rubio que sólo puede ser descrito como blanco. Sus
ojos son impresionantes. Son de un ligero tono azul que nunca he visto.
Penetrante. Prácticamente transparentes. Luce de mi edad.
No parece real.
―Brendan, te presento a Juliette
―me presenta Castillo―. Llegó ayer. Le estaba dando una visión general del
Punto Omega.
La sonrisa de Brendan es tan
brillante que casi retrocedo. Estira la mano y estuve a punto de entrar en
pánico antes de que frunciera el ceño. Se aleja diciendo:
―Eh, espera… lo siento…
―Flexiona las manos. Aprieta los nudillos. Algunas chispas salen de sus dedos.
Estoy atónita.
Se encoge. Sonríe un poco
avergonzado.
―A veces electrocuto a la gente
por accidente.
Algo en mi pesada armadura se
desprende. Se derrite. De repente, me siento comprendida. Sin temor a ser yo
misma. No puedo detener mi sonrisa.
―No
te preocupes ―digo―. Si me das la mano, puedo matarte.
―Caray. ―Parpadea. Me mira
fijamente. Espera que me retracte.
―¿Hablas en serio?
―Mucho.
Se ríe.
―Entendido. No tocar. ―Se
inclina unos centímetros y baja la voz―. Tengo un pequeño problema con eso,
sabes. Las chicas siempre están hablando de electricidad en su romance, pero al
parecer, ninguna realmente es muy feliz siendo electrocutada. Es malditamente
confuso, es lo que es. ―Se encoge de hombros.
Mi sonrisa es más ancha que el
océano Pacífico. Mi corazón está lleno de alivio, comodidad, aceptación. Adam
tenía razón. Tal vez las cosas pueden estar bien. Tal vez no tengo que ser un
monstruo. Quizás realmente tengo una opción.
Creo que gustará estar aquí.
Brendan me guiña un ojo.
―Fue muy agradable conocerte,
Juliette. ¿Te veré luego?
Asiento.
―Creo que sí.
―Genial. ―Me sonríe otra vez. Se
gira hacia Castillo―. Le aviso si me entero de algo, señor.
―Perfecto.
Y Brendan desaparece.
Me acerco a la pared de cristal
que me separa de la otra mitad de mi corazón.
Presiono la cabeza contra la
fría superficie. Ojala se despertara.
―¿Quieres decirle algo?
Alzo la vista y miro a Castillo,
que sigue estudiándome. Siempre me analiza. De alguna manera su atención no me
incómoda.
―Sí ―digo―. Quiero decirle hola.
Capítulo 48
Castillo
usa la llave en su mano para abrir la puerta.
—¿Por
qué el ala médica tiene que estar bloqueada? —le pregunto.
Se
gira hacia mí. No es muy alto, me doy cuenta por primera vez.
—Si
hubieras sabido dónde encontrarlo, ¿hubieras esperado pacientemente detrás de
esta puerta?
Miro
hacia el suelo. No respondo. Espero no estar ruborizándome.
Trata
de ser alentador.
—Sanarse
es un proceso delicado. No puede ser interrumpido o influenciado por emociones
erráticas. Somos afortunados al tener dos sanadores entre nosotros, unos
gemelos, de hecho. Pero lo más fascinante es que cada uno se enfoca en un
elemento diferente; uno en las incapacidades físicas y el otro en lo mental.
Las dos facetas deben ser usadas, de otra manera la curación estaría
incompleta, débil, insuficiente. —Gira el pomo de la puerta—. Pero creo que
Adam está a salvo para verte.
Entro
y mis sentidos casi de inmediato son asaltados por la esencia de jazmín. Busco
en el espacio flores pero no encuentro ninguna. Me pregunto si es un perfume.
Es intoxicante.
—Estaré
justo afuera —me dice Castillo.
La
habitación está llena de una larga hilera de camas, simplemente hechas. Todas,
las 20 o algo así, están vacías excepto por la de Adam. Hay una puerta al final
de la habitación que probablemente lleva a otro lugar, pero estoy muy nerviosa
para ser curiosa en este momento.
Saco
una silla extra y trato de ser tan silenciosa como puedo. No quiero
despertarlo. Sólo quiero saber que está bien. Sujeto y suelto mis manos. Soy
demasiado consciente de mi corazón agitado. Sé que probablemente no debería
tocarlo pero no puedo detenerme. Cubro mi mano con la suya. Sus dedos están
calientes. Sus ojos se
mueven sólo por un momento. No se abren. Él toma una repentina respiración y yo
me congelo.
Casi colapso en lágrimas.
—¿Qué estás haciendo?
Mi cuello se alza bruscamente
con el sonido de la voz de pánico de Castillo. Dejo caer la mano de Adam. Me
alejo de la cama con los ojos muy abiertos, preocupada.
—¿Qué quieres decir?
—¿Por qué estás… simplemente…
puedes tocarlo? —Nunca pensé que vería a Castillo tan perplejo, tan confundido.
Casi pierde su compostura, un brazo medio extendido en un intento por
detenerme.
—Por supuesto que puedo to...
—me detengo. Trato de mantenerme calmada—. ¿Kenji no te lo dijo?
—¿Este jovencito tiene inmunidad
por tu toque? —Las palabras de Castillo son susurradas, atónito.
—Sí. —Miro de él hacia Adam,
todavía suena dormido. También Warner.
—Eso es… increíble.
—¿Lo es?
—Mucho. —Los ojos de Castillo
están brillantes, tan impaciente—. Ciertamente no es una coincidencia. No hay
coincidencias en esta clase de situaciones. —Hace una pausa. Camina.
—Fascinante. Tantas
posibilidades, tantas teorías… —Ya ni siquiera está hablándome. Su mente está
trabajando demasiado rápido para seguirle el paso.
Toma una profunda respiración.
Parece recordar que sigo en la habitación.
—Mis disculpas. Por favor,
continúa. Las chicas saldrán pronto, están asistiendo a James en el momento.
Debo reportar esta información tan rápido como sea posible.
—Espera.
Mira hacia arriba.
—¿Sí?
—¿Tienes
teorías? —le pregunto—. Tú… tú sabes por qué estas cosas están pasándome… ¿a
mí?
—¿Quieres decir nosotros?
—Castillo me ofrece una sonrisa gentil.
Trato de no ruborizarme. Sólo
logro asentir.
—Hemos estado haciendo
investigaciones durante años —dice—. Creo que tenemos una buena idea.
—¿Y? —Apenas me las puedo
arreglar para respirar.
—Si decides quedarte en Punto
Omega, tendremos esa conversación muy pronto, lo prometo. Además, estoy seguro
de que probablemente este no es el mejor momento. —Asiente hacia Adam.
—Oh. —Siento mis mejillas
arder—. Por supuesto.
Castillo se da la vuelta para
irse.
—¿Pero crees que Adam…? —Las
palabras salen de mi boca demasiado rápido. Trato de calmarme—. ¿Crees que es
como nosotros, también?
Castillo pivotea para darse
vuelta. Estudia mis ojos.
—Creo —dice cuidadosamente—, que
eso es muy posible.
Jadeo.
—Mis disculpas —dice—, pero en
verdad debo irme. Y no quiero interrumpir su tiempo juntos.
Quiero decir sí, claro, por
supuesto, absolutamente. Quiero sonreír, despedirlo con la mano y decirle que
no hay problema. Pero tengo tantas preguntas, creo que podría explotar; quiero
decirle que me diga todo lo que sabe.
—Sé que esto es mucha
información para asimilar al mismo tiempo. —Castillo se detiene en la puerta—.
Pero tendremos montones de oportunidades para hablar. Debes estar exhausta y
estoy seguro de que te gustaría dormir. Las chicas cuidarán de ti, te están
esperando. De hecho, serán tus nuevas compañeras de habitación en Punto Omega.
Estoy seguro de que estarán felices de responder cualquier pregunta que puedas
tener. —Agarra mis hombros antes de irse—. Es un honor tenerte con nosotros,
señorita Ferrar. Espero que estés considerando seriamente unirte a nosotros en
una base permanente.
Asiento, aturdida.
Y
él se va.
―Hemos estado haciendo
investigaciones durante años ―dijo
él―. Creo que tenemos una buena idea ―dijo―. Tendremos esa
conversación pronto, lo prometo.
Por primera vez en mi vida,
finalmente podré entender lo que soy y no parece posible. Y Adam. Adam.
Me sacudo yo misma y tomo mi asiento junto a él. Aprieto sus dedos. Castillo
podría estar equivocado. Tal vez todo esto es una coincidencia. Tengo
que concentrarme.
Me pregunto si alguno ha oído de
Warner últimamente.
—¿Juliette?
Sus ojos están medio abiertos.
Me está mirando como si no estuviera seguro de que soy real.
—¡Adam! —Tengo que concentrarme
en quedarme quieta.
Él sonríe y el esfuerzo parece
agotarlo.
—Dios, es bueno verte.
—Estás bien. —Agarro su mano,
resistiéndome a lanzarme en sus brazos—. En verdad estás bien.
Su sonrisa se ensancha.
—Estoy tan cansado. Siento como
si pudiera dormir por unos cuantos años.
—No te preocupes, el sedante
desaparecerá pronto.
Giro alrededor. Dos chicas con
los mismos ojos verdes nos están mirando. Sonríen al mismo tiempo. Sus cabellos
castaños son gruesos y lisos cogidos en colas de caballo altas en sus cabeza.
Están usando monos grises a juego. Zapatos de ballet dorados.
—Soy Sonya —dice la chica de la
izquierda.
—Soy Sara —añade su hermana.
No tengo idea de cómo
diferenciarlas.
—Es un placer conocerte —dicen
al mismo tiempo.
—Soy Juliette —me las arreglo
para decir—. Es un placer conocerlas también.
—Adam
está casi listo para salir —me dice una.
—Sonya es una excelente sanadora
—replica la otra.
—Sara es mejor que yo —dice la
primera.
—Él debería estar bien para
salir en cuanto el sedante se agote en su organismo —dicen juntas, sonriendo.
—Oh, eso es genial, muchísimas
gracias. —No sé a cual mirar. A quién responderle. Miro otra vez a Adam.
Él parece completamente
sorprendido.
—¿Dónde está James?
—Está jugando con los otros
niños. —Creo que es Sara la que dice eso.
—Lo acabamos de sacar en un
descanso para el baño —dice la otra.
—¿Te gustaría verlo? —De regreso
con Sara.
—¿Hay otros niños? —Mis ojos son
tan grandes como mi rostro.
Las chicas asienten a la misma
vez.
—Lo traeremos —dicen en coro. Y
desaparecen.
—Parecen agradables —dice Adam
después de un rato.
—Sí, parecen. —Todo este lugar
parece agradable.
Las chicas regresan con James,
que parece más feliz de lo que lo haya visto nunca, casi más feliz que cuando
vio a Adam por primera vez. Está emocionado de estar aquí. Emocionado de estar con
otros niños, emocionado de estar con, “las chicas hermosas que cuidan de mí
porque son agradables y hay tanta comida y me dieron chocolate. Adam, ¿alguna
vez has probado el chocolate?” Y tiene una cama grande y mañana a va ir a clase
con los otros niños y ya está emocionado.
—Estoy tan feliz que estés
despierto —le dice a Adam, prácticamente saltando hacia arriba y abajo en su
cama—. Dicen que te enfermaste y estabas descansado y ahora estás despierto así
que eso significa que estás mejor, ¿verdad? ¿Y estamos a salvo? En verdad no
recuerdo lo que sucedió de camino a aquí —admite, un poco avergonzado—. Creo
que me quedé dormido.
Pienso que Adam está ansioso por
romperle el cuello a Kenji en este punto.
—Sí,
estamos a salvo —le dice Adam, pasando una mano por su desordenado cabello
rubio—. Todo está bien.
James corre de nuevo hacia la
habitación de juegos con los otros niños. Sonya y Sara inventan una excusa para
irse para que podamos tener un poco de privacidad. Me gustan más y más.
—¿Alguien ya te ha dicho sobre
este lugar? —me pregunta Adam. Se las arregla para sentarse. Sus sábanas se
deslizan hacia abajo. Su pecho está expuesto. Su piel está perfectamente
curada, apenas puedo reconciliar la imagen que tengo en mi memoria con la que
está frente a mí. Olvido responder su pregunta.
—No tienes cicatrices. —Toco su
piel como si necesitara sentirlo por mí misma.
Él intenta sonreír.
—No son muy tradicionales en sus
prácticas médicas aquí.
Levanto la mirada, perpleja.
—¿Tú… sabes?
—¿Ya conociste a Castillo?
Asiento, perpleja.
Se mueve. Suspira.
—He escuchado rumores sobre este
lugar mucho tiempo. Me volví muy bueno en escuchar los susurros, especialmente
porque estaba cuidándome a mí mismo. Pero en el ejército oímos cosas. Cualquier
y toda clase de amenazas enemigas. Posiblemente embustes. Hubo una charla sobre
un movimiento subterráneo inusual desde el momento que me enlisté. La mayoría
decían que era mierda. Que era una clase de basura inventada para asustar a las
personas, que no había forma de que fuera real. Pero siempre esperé que tuviera
una dosis de verdad, especialmente después de que me enteré de ti, esperé que
fuéramos capaces de encontrar a otros con habilidades similares. Pero no sabía
a quién preguntarle. No tenía conexiones, ni manera de saber cómo encontrarlas.
—Niega con su cabeza—. Todo este tiempo, Kenji estaba trabajando encubierto.
—Él dijo que estaba buscándome.
Adam asiente. Se ríe.
—Al igual que yo estaba
buscándote. Así como Warner estaba buscándote.
—No
lo entiendo —murmuro—. Especialmente ahora que sé que hay otros como yo, más
fuertes incluso, ¿por qué Warner me quería a mí?
—Él te descubrió antes de que
Castillo lo hiciera —dice Adam—. Se sintió como si te hubiera reclamado hace
mucho tiempo. —Se inclina hacia atrás—. Warner es muchas cosas, pero no
estúpido. Estoy seguro de que sabía que había algo de verdad en esos rumores, y
estaba fascinado. Porque tanto como Castillo quiere usar sus habilidades para
el bien, Warner quiere manipularlas para su propia causa. Quería convertirse en
una clase de superpoder. —Una pausa—. Él invirtió un montón de tiempo y energía
estudiándote. No creo que quisiera dejar que ese esfuerzo se desperdiciara.
—Adam —susurro.
Él toma mi mano.
—¿Sí?
—No creo que él esté muerto.
Capítulo 49
-No
es él
Adam
se gira. Frunce el ceño ante la voz.
—¿Qué
estás haciendo aquí?
—Vaya.
Qué saludo, Kent. Procura no rasgarte un músculo agradeciéndome por salvar tu
trasero.
—Tú
nos mentiste a todos.
—De
nada.
—¡Sedaste
a mi hermano de diez años!
—Aún
así de nada.
—Hey,
Kenji. —Lo reconozco.
—Mi
ropa se ve bien en ti. —Da un paso un poco más cerca, sonriendo.
Pongo
los ojos en blanco. Adam examina mi conjunto por primera vez.
—No
tenía nada más que ponerme —explico.
Adam
asiente un poco más lentamente. Mira a Kenji.
—¿Tienes
un mensaje qué entregar?
—Sí.
Se supone que debo mostrarte dónde vas a quedarte.
—¿Qué
quieres decir?
Kenji sonríe.
—Tú y James serán mis nuevos
compañeros.
Adam maldice en voz baja.
—Lo siento, hermano, pero no
tenemos suficientes habitaciones para ti y Manos Calientes por aquí para que
tengan su propio espacio privado. —Me guiña el ojo—. Sin ánimo de ofender.
—¿Tengo qué irme ahora mismo?
—Sí, hombre. Quiero ir a dormir
pronto. No tengo todo el día para esperar tu perezoso trasero.
—¿Mi perezoso…?
Me apresuro a interrumpir antes
de que Adam tenga oportunidad de defenderse.
—¿Qué quieres decir, con que
quieres ir a dormir? ¿Qué hora es?
—Son casi las diez de la noche
—dice Kenji—. Es difícil decirlo bajo tierra, pero todos intentamos estar al
tanto de los relojes. Tenemos monitores en los pasillos, y la mayoría tratamos
de usar relojes. La pérdida de la pista del día y la noche nos puede joder con
bastante rapidez. Y ahora no es momento de ponerse demasiado cómodo.
—¿Cómo sabes que Warner no está
muerto? —pregunto, nerviosa.
—Sólo lo vimos en la cámara
—dice Kenji—. Él y sus hombres patrullan muy fuertemente esta zona. Me las
arreglé para escuchar un poco su conversación. Resulta que a Warner le
dispararon.
Mi respiración se atoró,
intentando silenciar los latidos de mi corazón.
—Por eso fue que tuvimos suerte
anoche… al parecer, los soldados llamaron a la base porque pensaron que
Warner estaba muerto. Hubo un cambio de poder por un
minuto. Nadie sabía qué hacer. Qué órdenes seguir. Pero luego resultó que no
estaba muerto. Sólo muy mal herido. Su brazo estaba todo vendado y en un
cabestrillo —agrega Kenji.
Adam encuentra su voz antes que
yo.
—¿Qué tan seguro es este lugar
de un ataque?
Kenji se ríe.
—Es seguro como el infierno.
No sé ni cómo se las arreglaron para llegar tan cerca como lo hicieron. Pero
nunca serán capaces de encontrar el lugar exacto. Incluso si lo hicieran, nunca
serán capaces de forzar la entrada. Nuestra seguridad es casi impenetrable.
Además, tenemos cámaras en todas partes. Podemos ver qué están haciendo antes
de que siquiera lo planeen.
—Aunque, realmente no importa
—continúa—. Porque están buscando pelea, nosotros también. No tenemos miedo de
un ataque. Además, no tienen idea de lo que somos capaces. Y hemos estado
entrenando para esta mierda por una eternidad.
—Tú… —Hago una pausa. Me
ruborizo—. Puedes… quiero decir, ¿tienes un... don, también?
Kenji sonríe. Y desaparece.
Realmente se ha ido.
Me pongo de pie. Intento tocar
el espacio en el que estaba de pie.
Reaparece justo a tiempo para
saltar fuera de mi alcance.
—Oye, espera, cuidado, sólo
porque soy invisible no significa que no puedo sentir nada…
—¡Oh! —Me aparto hacia atrás.
Tiemblo—. Lo siento…
—¿Puedes volverte invisible?
—Adam se ve más irritado que interesado.
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