Will,
Lo que sea por el amor.
MDC
Así que después de la escuela
el viernes, Jane, Tiny y yo vamos a Frank ‘s Franks, un restaurante de perritos
calientes unas cuadras más allá del club. Me siento en un pequeño banco al lado
de Jane, su cadera contra mi cadera. Nuestros abrigos están amontonados al
frente de nosotros junto a Tiny. Su cabello está cayendo en estos grandes rizos
sobre sus hombros, y está usando este top no-apropiado-para-el-clima con
tirantes finos y un buen montón de maquillaje en los ojos.
Debido a que este es un
restaurante de perritos calientes con clase, un mesero toma nuestra orden. Jane
y yo queremos un perro caliente y una soda cada uno. Tiny ordena cuatro perros
calientes con bollos, tres sin bollos, un plato de chili, y una Coca-Cola
dietética.
―¿Una Coca-Cola dietética?
―pregunta el mesero―. Quieres cuatro perros calientes con bollos, tres sin
bollos, un pozuelo de chili y una Coca-Cola dietética.
―Eso es correcto ―dice Tiny, y
entonces explica. ―Los azúcares simples realmente no me ayudan a ganar masa
muscular. ―El mesero sólo sacude la cabeza.
―Ajá.
―Tu pobre sistema digestivo
―digo ―Un día, tu tracto intestinal va a rebelarse. Va a levantarse y
estrangularte.
―Sabes que el entrenador dice
que lo ideal es que gane treinta libras para la siguiente temporada. Si quieres
obtener becas de escuelas de la División I, tienes que ser grande. Y es
tan difícil para mí ganar peso. Intento e intento, pero es una batalla
constante.
―Has conseguido una vida
realmente difícil, Tiny ―dice Jane.
Me río, e intercambiamos
miradas, y entonces Tiny dice:
―Oh por Dios, solo háganlo ya.
Lo que lleva a un silencio
incómodo que dura hasta que Jane pregunta:
―Así que, ¿dónde están Gary y
Nick?
―Probablemente regresando
juntos ―dice Tiny ―Rompí con Nick la noche pasada.
―Era lo correcto. Estaba
condenado desde el principio.
―Lo sé ¿verdad? Realmente
pienso que quiero estar soltero por un tiempo.
Me volteo hacia Jane y le digo:
―Te
apuesto cinco dólares a que estará enamorado en cuatro horas.
Ella ríe.
―Que sean tres y estoy dentro.
―Trato.
Sacudimos nuestras manos.
Después de la cena, caminamos
alrededor del barrio por un rato para matar tiempo y luego nos ponemos en fila
afuera del Trastero. Está frío afuera, pero contra el edifico al menos estamos
fuera del viento. En la línea, saco mi billetera, y coloco la identificación
falsa en la ventana de la imagen principal, y oculto mi licencia de conducir
real entre una tarjeta de seguro médico y la tarjeta del negocio de mi padre.
―Déjame ver ―dice Tiny, le paso
mi billetera y dice: ―Maldita sea, Grayson, por una vez en tu vida no luces
como una perra chillona en una foto.
Justo antes de que lleguemos al
frente de la fila, Tiny me empuja delante de él –me imagino que para tener el
placer de verme usar mi identificación falsa por primera vez. El portero lleva
una camiseta que no acaba de extenderse sobre su vientre.
―Identificación ―me dice.
Saco
mi billetera del bolsillo trasero, deslizo la identificación fuera, y se la
entrego. La alumbra con una linterna, luego voltea la linterna hacia mi rostro,
y luego de vuelta a la identificación, y entonces dice:
―Espera, ¿crees que no puedo
sumar?
Y el portero dice:
―Niño, tienes veinte.
Y digo:
―No, tengo veintidós.
Él me pasa mi billetera y dice:
―Bueno, tu maldita licencia de
conducir dice que tienes veinte.
La veo y hago los cálculos.
Dice que voy a cumplir veintiuno el próximo Enero.
―Ah ―digo―. Ehm, sí. Lo siento.
Ese estúpido
d-e-s-e-s-p-e-r-a-n-z-a-d-o puso el puto año mal en mi identificación. Tomo un
paso de distancia de la entrada del club, y Tiny se acerca a mí, riéndose. Jane
está riendo, también. Tiny me palmea demasiado duro en el hombro y dice:
―Sólo Grayson podría obtener
una identificación falsa que dice que tiene veinte. ¡Es totalmente inútil!
Y le digo a Jane:
―Tu
amigo lo hizo con el año equivocado.
Y ella dice:
―Lo siento, Will.
Pero no puede sentirlo tanto,
de otra forma dejaría de reírse.
―Podemos intentar conseguir que
pases ―sugiere Jane, pero simplemente sacudo mi cabeza.
―Ustedes chicos solo vayan
―digo―. Llámenme cuando termine. Sólo iré a Frank‘s Frank o algo. Y, bueno,
llámenme si tocan ―Annus Miribalis‖.
Y ahí está la cosa: ellos se
van. Simplemente regresan a la fila y luego los veo caminar dentro del club,
ninguno de ellos siquiera intenta decir no, no, no queremos ver el show sin
ti.
No me malinterpreten. La banda
es buena, pero, ser reemplazado por la banda sigue apestando. Estando parado en
la fila no sentía frío, pero ahora está helando. Afuera es tétrico, la clase de
frío que congela el cerebro al respirar por la nariz. Y estoy aquí fuera, solo,
con mi maldita identificación inútil de cien dólares.
Camino de regreso a Frank‘s
Frank, ordeno un perro caliente, y lo como despacio. Pero sé que no puedo comer
este único perrito caliente durante las dos o tres horas que ellos estarán
ausentes –no puedes disfrutar de un perrito caliente. Mi teléfono está en la
mesa, y sólo lo veo, esperando estúpidamente que Jane o Tiny llamen.
Y sentado aquí, sólo consigo ponerme más y más enojado. Esto es una maldita
forma de dejar a alguien −sentado solo en un restaurante, con la mirada fija al
frente, ni siquiera con un libro haciéndome compañía. Ni siquiera son
únicamente Tiny y Jane; estoy enojado conmigo mismo, por darles una salida, por
no revisar la fecha en la estúpida identificación, por sentarme aquí esperando
que el teléfono suene a pesar de que podría estar conduciendo a casa.
Y pensando acerca de ello, me
doy cuenta del problema de ir a donde te empujan: a veces eres empujado aquí.
Estoy cansando de ir donde me empujan. Es una cosa ser empujado por mis padres.
Pero Tiny Cooper empujándome hacia Jane, y luego empujándome hacia una
identificación falsa, luego riéndose de la cagada que resultó, y luego
dejándome aquí solo con un maldito perro caliente de segunda clase cuando ni
siquiera me gustan particularmente los de primera clase– eso es una mierda.
Puedo verlo en mi mente, su
gorda cabeza riendo. Es totalmente inútil. Es totalmente inútil.
¡No es así! Puedo comprar cigarrillos, aunque no fumo. Posiblemente puedo
inscribirme para votar ilegalmente. Puedo eh, oye. Huh. Ahora tengo una idea.
Mira, al frente del Trastero,
está este lugar. El tipo de lugar con-un-letrero-de-neón-y-sin-ventanas. Ahora,
no me gusta particularmente o me interesa la porno −o los ―Libros de Adultos‖ que promete el letrero en la puerta− pero que me maldigan
si voy a pasar toda la noche en Frank‘s Frank sin usar mi identificación falsa.
No, voy a la tienda porno. Tiny Cooper no
tiene
los cojones para caminar dentro de un lugar como ese. No puede ser. Estoy
pensando en la historia que voy a tener cuando Tiny y Jane salgan del
concierto. Pongo cinco dólares en la mesa –un 50 por ciento de propina− y
camino cuatro cuadras. A medida que me acerco a la puerta, comienzo a sentirme
ansioso, pero me digo que estar afuera a fines de invierno en el centro de
Chicago es mucho más peligroso de lo que cualquier establecimiento comercial
podría ser.
Halo la puerta, y entro en una
habitación iluminada con luz fluorescente. A mi izquierda, un tipo con más
perforaciones que un alfiletero está detrás de un mostrador, mirándome.
―¿Estás buscando o quieres
fichas? ―me pregunta.
No tengo ni la menor idea de lo
que son las fichas, así que digo:
―¿Buscando?
―Está bien. Ve adentro. ―me
dice.
―¿Qué?
―Ve adentro.
―¿No va a pedirme
identificación?
El ríe.
―¿Qué, tienes dieciséis o algo?
Le da al clavo, pero digo:
―No,
tengo veinte
―Bueno, sí. Eso es lo que
imaginé. Adelante.
Y estoy pensando, Oh, por
Dios. ¿Qué tan malditamente difícil puede ser usar con éxito una identificación
falsa en esta ciudad? ¡Esto es ridículo! No voy a tolerarlo.
―No ―digo ―Revisa mi
identificación.
―Está bien, hombre. Si eso es
lo que mueve tus maracas.
Y entonces de forma realmente
dramática pregunta:
―¿Puedo ver su identificación,
por favor?
―Debería.
Le respondo, y se la paso. Le
da una mirada, me la regresa y dice:
―Gracias, Ishmael.
―Por nada ―digo, exasperado. Y
entonces estoy en una tienda de porno.
Es algo aburrida, de hecho. Se
ve como una tienda cualquiera –estantes de DVD, viejas cintas VHS y un estante
de revistas, todo bajo este fuerte resplandor fluorescente. Quiero decir, hay
algunas diferencias con respecto a una tienda de películas normal como: a. En la tienda de películas
regular, muy pocos DVD tienen las palabras engullir o zorra en ellos, mientras
que aquí lo opuesto parece ser el caso, y también, b. Estoy bastante
seguro de que la tienda de películas regular no tiene ningún dispositivo para
nalgadas, mientras que este lugar tiene varios. También, c. Hay muy
pocos artículos a la venta en la tienda de películas regular que te hacen
pensar: ―No tengo la más remota idea de que se supone que hace eso o dónde se
supone que debe hacerlo.‖
Aparte del Señor Muy Perforado,
el lugar está vacío, y siento que quiero irme porque esta es probablemente la
porción más incómoda y desagradable de lo que hasta ahora ha sido un día muy
incómodo y desagradable. Pero el viaje entero será completamente inútil si no
consigo un recuerdo para demostrar que estuve aquí. Mi objetivo es encontrar el
objeto que hará más gracioso el muestra-y-cuenta, el objeto que hará
sentir a Tiny y Jane que tuve una noche llena de tanta alegría que sólo pueden
vislumbrar, así es como por fin me decido por una revista en español llamada Mano
a Mano.
Capítulo Seis
En este momento quisiera
adelantar el tiempo o, si eso no funciona estaría conforme con regresarlo.
Quiero adelantar el tiempo
porque en veinticuatro horas estaré con Isaac en Chicago, y estoy dispuesto a
omitir todo con el fin de llegar pronto para estar con él. No me importa si en
diez horas gano la lotería, o si en doce horas tendré la oportunidad de
graduarme antes de tiempo de la escuela secundaria. No me importaría si en
catorce horas tendría que masturbarme para tener el mayor orgasmo de toda la
historia. Me gustaría avanzar lo más rápido posible para estar con Isaac en
lugar de conformarme con sólo pensar en él.
En cuanto a lo de viajar al
pasado, es muy simple ―quiero viajar al pasado para matar a la persona que
inventó las matemáticas. ¿Por qué? Porque en este momento estoy en la mesa y
Derek está diciendo
Derek: ¿No estás mentalizado
para la maratón de matemáticas de mañana?
La simple frase ―maratón de
matemáticas‖ hace como que cada onza de anestesia que he acumulado
en mi cuerpo se vaya de inmediato.
Yo:
¡Que se la cojan dulcemente!
Hay cuatro genios de las
matemáticas en la escuela. Yo soy el número cuatro. Derek y Simon son los
números uno y dos, y con el fin de entrar en la maratón necesitamos por lo
menos cuatro participantes (el número tres es un chico de primer año, cuyo
nombre siempre olvido. Su lápiz tiene más personalidad que él.)
Simon: Lo recuerdas ¿cierto?
Ambos han bajado sus
meatburgers22, y se quedan observándome con una mirada tan
inexpresiva que juro que puedo ver las pantallas del computador reflejadas en
sus lentes.
Yo: No lo sé, no me siento un
experto en matemáticas. Tal vez debas… ¿encontrar un sustituto del instituto?
Derek: Eso no es gracioso.
Yo: ¡Ja, ja! ¡No estaba
destinado a serlo!
Simon: Te he dicho que si
quieres no hagas nada. En las maratón de matemáticas entras como equipo, pero
eres juzgado individualmente.
Yo: Chicos, ustedes saben que
soy el apoyo más grande que tienen en esto de las matemáticas, pero, humm…
tengo otros planes para mañana.
Derek:
No puedes hacer eso.
Simon: Dijiste que vendrías.
Derek: Te prometo que será
divertido.
Simon: Nadie más lo hará.
Derek: Pasaremos un buen rato.
Puedo decir que Derek se
enfadó, porque parece que está considerando tener una respuesta emocional a los
estímulos informativos que ha recibido. Tal vez fueron demasiado porque baja su
metaburger, recoge su bandeja, murmura algo sobre las multas de la biblioteca y
abandona la mesa.
No hay duda en mi mente, sé que
salvaré a estos dos chicos. La única pregunta es si podré hacerlo sin sentirme
como una mierda. Siento que es una señal de desesperación, pero tomo la
decisión de hablar con Simon y decirle algo remotamente parecido a la verdad.
Yo: Mira, sabes que normalmente
estoy en todas las maratones de matemáticas. Pero esto es tipo emergencia.
Tengo una… creo que podría llamarse una cita. Y realmente, realmente debo ver a
esa persona que recorrerá mucho camino para verme. Si hubiera una forma de ir a
la maratón de matemáticas con ustedes y ver a esta persona, lo haría. Pero no
puedo. Es como… si un tren viaja a ciento cincuenta kilómetros en una hora y
necesita ir de la maratón de matemáticas al centro de Chicago en dos minutos
más o menos
para una cita, nunca lo va a hacer a tiempo. Así que tengo que saltar al
expreso porque en definitiva los caminos que condujeron a esta cita han sido
establecidos por única vez, y si tomo el tren erróneo seré más miserable de lo
que cualquier ecuación podría explicar
Se siente tan extraño estar
hablando con alguien sobre esto, y más con Simon.
Simon: No me importa.
Prometiste que estarías ahí y debes estar ahí. Este es un caso en el que cuatro
menos uno es igual a cero.
Yo: Pero Simon…
Simon: Deja de quejarte y busca
otro cuerpo cálido que viaje en el auto del Sr. Nadler con nosotros. O incluso
un cuerpo frío que pueda permanecer quieto por una hora. Sería un cambio de
ritmo para alguien así, pero te juro que no seré exigente, es tu problema.
Es increíble como suelo pasar
del día sin darme cuenta que no tengo muchos amigos. Quiero decir, una vez que
sales del top cinco encontrarás mucho más personal de limpieza que
estudiantado. Y mientras al intendente Jim no le importe que deslice un rollo
de papel de baño ahora y después diga que es ―un proyecto de arte‖, estoy seguro de que no está dispuesto a
renunciar
a sus viernes nocturnos por ir de paseo con los calcsuckers23 y el grupo de
animadoras.
Sé que sólo tengo una
oportunidad, y no es nada fácil hacerlo. Maura está con un buen ánimo hoy
―bueno, la versión de Maura de lo que es buen humor, lo que significan llamadas
con pronósticos de tormentas eléctricas― ella no ha sacado a colación lo del tema
gay, y Dios sabe que yo tampoco lo haré.
Esperaré hasta el siguiente
periodo sabiendo que, si la presión aumenta, es más probable que diga que sí
aunque estemos sentados uno al lado de otro, saco mi teléfono por debajo del
escritorio y le escribo un texto.
Yo: ¿Qhars mañn n la noche?
Maura: Nada, ¿quieres hacer
algo?
Yo: Sí, quiero. Mañana iré a
Chicago con mi mamá.
Maura: ¿Divertido?
Yo: Necesito que me suplas en
la maratón de mate. De otro modo SyD se volvrn lcos.
Maura: Ests brmeando no?
Yo: No, ellos de verdad estarán
furiosos.
Maura: Y xq lo hria?
Yo: porque t dbre un favor y te
daré 20 dólares.
Maura:
M dbs tres favores y qe sean 50.
Yo: Hecho.
Maura: guardaré estos txtos.
¿De verdad? Probablemente esté
rescatando a Maura de un día de compras con su mamá, de hacer tarea o de
introducir una pluma en su vena para obtener material para su poesía. Después
de clases le digo que debe conocer a alguno de los otros cuatro competidores de
la maratón de algún pueblo del que no hemos oído y los otros dos sólo se
dedican a los cigarrillos con aroma a clavo, mientras que Derek y Simon y ese
estúpido estudiante de primer año se destruyen con teoremas y cosas sobre
rhombazoids. En realidad, estoy haciendo maravillas con su vida social.
Maura: No presiones.
Yo: Lo juro, será candente.
Maura: Quiero 20 dólares por
adelantado.
Estoy satisfecho pues no tuve
que mentir sobre ir a ver a mi abuela enferma o cualquier otra cosa. Esa clase
de mentiras son peligrosas, porque sabes que en cuanto dices que tu abuela está
enferma, tu teléfono suena y tu mamá va a meterse en tu habitación a decirte
malas noticias sobre que tu abuela tiene un problema de páncreas, aun cuando
sabes que las pequeñas mentiras inocentes no le causarán cáncer, te sentirás
culpable por el resto de tu vida. Maura preguntó más cosas acerca de mi viaje con
mamá, así que hago todo lo necesario para que suene correcto, es necesario un
tiempo de unión, y desde que Maura tiene dos padres felices y yo sólo tengo a
uno deprimido gané su voto de simpatía. Estoy pensando tanto en Isaac que temo
que se aleje por completo de mí por eso, pero por suerte el interés de Maura me
mantiene alerta.
Cuando es el momento de que
Maura se vaya por su camino y yo por el mío, ella da una puñalada más para
conseguir la verdad.
Maura: ¿Hay algo más que
quieras decirme?
Yo: Sí. Quiero decirte que mi
tercer pezón está comenzando a lactar y que mi trasero está amenazando con la
sindicalización ¿Qué crees que debo hacer al respecto?
Maura: Siento que me estás
ocultando algo.
Esta es la cuestión acerca de
Maura: todo trata siempre acerca de ella.
Siempre.
Normalmente no pienso en eso
porque si todo es siempre acerca de ella, entonces nada tiene que ser sobre mí.
Pero a veces se aferra a toda esa atención y me arrastra hacia ella.
Eso es lo que odio.
Ahora me está haciendo
pucheros, y, para darle crédito, es un puchero genuino. No es como que esté
tratando de manipularme pretendiendo
estar molesta. Maura no hace este tipo de mierda, y es por eso que la soporto.
Puedo tomar cualquier expresión de su rostro como genuina, y eso es digno de
apreciar en un amigo.
Yo: Te hablaré cuando tenga
algo qué decirte ¿ok? Ahora ve a casa y practica tus matemáticas. Aquí…te hice
estas tarjetas.
Hurgo dentro de mi bolsa y saco
las tarjetas que hice en el séptimo periodo, casi sabiendo que Maura iba a
decir que sí. Estas no son tarjetas, de hecho, dado que no es como si llevara
todo un fichero de cartas rodando por mi bolsa para emergencias. Pero hice
todas esas líneas punteadas en el pedazo de papel para que ella supiera dónde
cortar. Cada tarjeta tiene su propia ecuación.
2 + 2= 4
50 x 40= 2000
834620 x 375002= ¿Necesitas
realmente esta mierda?
x + y= z
Polla + vagina= una feliz
pareja gallo-gatita
Rojo + azul= púrpura
Yo - maratón de matemáticas= yo
+ gratitud hacia ti
Maura las observa por unos
segundos, después las dobla por la línea punteada arreglándolas tal y como si
fuesen un mapa. Ella no sonríe o cualquier otra cosa, luce molesta por un
momento.
Yo:
No dejes que Derek y Simon sean pervertidos, ¿ok? Siempre lleva protección.
Maura: Creo que seré capaz de
mantener mi virginidad en una maratón de matemáticas.
Yo: Dices eso ahora, pero ya
veremos en nueve meses. Si es una niña deberás llamarla Verborrea. Si es un
niño será Trig24.
.Todo me va a suceder gracias a
las vueltas que da la vida. Maura probablemente conseguirá algún sexy chico que
rechace las matemáticas que ponga su más en el menos de ella.
Mientras exploto con Isaac y regreso a casa a la comodidad de mi mano.
Decido no decirle a Maura sobre
esto, porque ¿para qué darnos mala suerte a ambos? Maura me da un verdadero
―adiós‖ antes de irse. Luce como si quisiera decirme algo,
pero ha decidido callar. Otra razón para estar agradecido.
Se lo agradezco nuevamente.
Otra vez.
Y una vez más.
Cuando he terminado, voy a casa
y chateo con Isaac una vez que llega a casa de la escuela ―no tiene trabajo
para hoy. Repasamos el plan unas dos mil veces. Dice que un amigo suyo sugirió
que nos reuniéramos en un lugar llamado Frenchy‘s, y ya que no sé mucho de
Chicago, fuera de los lugares a los que viajamos
por los concursos, le digo que está bien por mí, e imprimo las instrucciones
que me manda.
Cuando hemos terminado voy a
Facebook y miro su perfil por millonésima vez. Él no lo cambia muy seguido,
pero es un recordatorio para mí de que él es real. Quiero decir, hemos
intercambiado fotos y hablado lo suficiente como para saber que es real ―no es
como si fuera una persona de cuarenta y seis años, que ya ha preparado un buen
lugar para mí en la parte trasera de su camioneta sin placa automovilística. No
soy tan estúpido. Nos veremos en un lugar público, y tengo mi teléfono. Aunque
Isaac tenga un brote psicótico, estoy listo.
Antes de dormir, veo todas las
fotos que tengo de él, como si no las hubiera memorizado ya. Estoy seguro de
que lo reconoceré en cuanto lo vea. Y estoy seguro de que será uno de los
mejores momentos de mi vida.
El viernes después de la
escuela es brutal. Quiero cometer un asesinato de mil maneras diferentes, y es
mi armario al que quiero matar. No tengo ni puta idea de que ponerme―y no soy
el tipo de hombre de qué-me-pongo en absoluto, así que no puedo
comprender por qué sucede ahora. Cada pieza de prenda que tengo parece que ha
sido elegida para mostrar mis defectos. Me pongo la camisa que pienso que me
queda bien, claro que hace que mi pectoral se vea definido si es que tiene
alguna definición. Pero después me doy cuenta de que es demasiado chica que si
levanto mis brazos menos de un centímetro el pubis de mi vientre queda como
pantalla completa. Entonces trato con esta camisa de color
negro que me hace ver como si entrenara muy duro, luego la camisa blanca, que
es genial hasta que encuentro la mancha amarilla en la parte inferior que creo
es de jugo de naranja, aunque probablemente es de cuando me metí antes de hacer
tapping, la playera de una banda es muy obvia―si uso una que sea de su agrado
es como si dijera bésame el culo y si uso de alguna que no le guste, podría
pensar que mi gusto es una mierda. Mi sudadera gris es demasiado blechy la camisa
que tengo es prácticamente del mismo color que mis jeans y mira que ser todo
azul es algo que sólo el monstruo come galletas puede lograr.
Por primera vez en mi vida me
doy cuenta de porqué las perchas27 se llaman perchas, porque después de quince minutos de
mirar las cosas dentro y tirarlas a un lado, todo lo que quiero hacer es colgar
una a la parte superior de la puerta del armario, inclinar el cuello en el
lazo, y dejar que mi peso caiga. Mi madre entrará y pensará que estoy
practicando asfixia autoerótica cuando ni siquiera he tenido tiempo para sacar
mi polla, y no estaré lo suficientemente vivo para decirle que creo que la
asfixia autoerótica es una de las cosas más tontas del universo, solo a la
altura de los republicanos homosexuales. Pero, sí, voy a estar muerto. Y va a
ser como en un episodio de CSI: FU, donde los investigadores llegarán, pasarán
cuarenta y tres minutos -más los comerciales-
repasando mi vida, y al final van a llevar a mi madre a la comisaría, la
sentarán y le dirán la verdad.
Policía: Señora, su hijo no fue
asesinado. Él estaba preparándose para una primera cita.
Estoy casi sonriendo,
imaginando cómo se rodaría la escena, entonces recuerdo que estoy de pie sin
camisa en medio de mi habitación y tengo que coger un tren. Finalmente acabo de
recoger esa camiseta que tiene una pequeña imagen de un robot hecho de cinta
adhesiva o algo así, con la palabra Robotboy en pequeñas minúsculas debajo de ella. No
sé por qué pero me gusta. Y no sé por qué creo que a Isaac le gustará, pero lo hago.
Sé que debo estar nervioso,
porque en realidad estoy pensando en cómo se me ve el cabello, pero cuando
llego al espejo del baño, decido que mi pelo va a hacer lo que desee, ya que
por lo general se ve mejor cuando hace viento, voy a sacar la cabeza por la
ventanilla del tren o algo así en mi camino. Podría utilizar los productos para
el cabello de mi madre, pero no tengo ningún deseo de oler como mariposas en un
campo.
Así que estoy listo.
Le he dicho a mamá que la
maratón de matemáticas es en Chicago −pensé que si le iba a mentir, bien podría
pensar que hicimos las finales estatales−. Afirmé que la escuela había rentado
un autobús, si no se dirige a la estación de tren, no hay problema. Mis nervios
están completamente revueltos por ahora.
Trato
de leer ‗Matar a un ruiseñor’ para la clase inglés, pero es como si las
letras fueran sólo un diseño agradable de la página y para mí no significan
mucho más que los patrones de los asientos del tren. Podría ser una película de
acción llamada ―¡Muere ruiseñor, muere!‖
y todavía no estaría concentrado en ella. Así que cierro los ojos y escucho mi
iPod, pero pareciera que ha sido reprogramado por un Cupido muy cabrón, porque
cada canción me hace pensar en Isaac.
Se ha convertido en aquella
persona de quien hablan todas las canciones. Y mientras una parte de mí sabe
que esto probablemente vale la pena, otra parte está gritando que todo se irá a
la mierda. Si bien va a ser emocionante ver Isaac, también va a ser difícil. La
clave será no dejar que la incomodidad nos consuma.
Tomo unos cinco minutos para pensar en mi
historia de nacimiento ―cinco minutos es todo lo que puedo llenar― y vuelvo a
la experiencia traumática de meterle mano borracho a Carissa Nye en la fiesta
de Sloan Mitchell, hace unos meses. La parte del beso fue realmente caliente,
pero luego, cuando la situación se volvió más seria, Carissa puso ese
estúpidamente serio aspecto en su rostro y casi me detuve. Tuvimos algunos
problemas serios con su bra cortando la circulación a su cerebro, y cuando
finalmente tuve sus tetas en mis manos ―no es que lo hubiese pedido―, no supe
qué hacer con ellas, excepto acariciarlas, como si fueran cachorros.
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