jueves, 6 de marzo de 2014

Will Greyson, parte 6

Will,
Lo que sea por el amor.
MDC
Así que después de la escuela el viernes, Jane, Tiny y yo vamos a Frank ‘s Franks, un restaurante de perritos calientes unas cuadras más allá del club. Me siento en un pequeño banco al lado de Jane, su cadera contra mi cadera. Nuestros abrigos están amontonados al frente de nosotros junto a Tiny. Su cabello está cayendo en estos grandes rizos sobre sus hombros, y está usando este top no-apropiado-para-el-clima con tirantes finos y un buen montón de maquillaje en los ojos.
Debido a que este es un restaurante de perritos calientes con clase, un mesero toma nuestra orden. Jane y yo queremos un perro caliente y una soda cada uno. Tiny ordena cuatro perros calientes con bollos, tres sin bollos, un plato de chili, y una Coca-Cola dietética.
―¿Una Coca-Cola dietética? ―pregunta el mesero―. Quieres cuatro perros calientes con bollos, tres sin bollos, un pozuelo de chili y una Coca-Cola dietética.
―Eso es correcto ―dice Tiny, y entonces explica. ―Los azúcares simples realmente no me ayudan a ganar masa muscular. ―El mesero sólo sacude la cabeza. 
―Ajá.
―Tu pobre sistema digestivo ―digo ―Un día, tu tracto intestinal va a rebelarse. Va a levantarse y estrangularte.
―Sabes que el entrenador dice que lo ideal es que gane treinta libras para la siguiente temporada. Si quieres obtener becas de escuelas de la División I, tienes que ser grande. Y es tan difícil para mí ganar peso. Intento e intento, pero es una batalla constante.
―Has conseguido una vida realmente difícil, Tiny ―dice Jane.
Me río, e intercambiamos miradas, y entonces Tiny dice:
―Oh por Dios, solo háganlo ya.
Lo que lleva a un silencio incómodo que dura hasta que Jane pregunta:
―Así que, ¿dónde están Gary y Nick?
―Probablemente regresando juntos ―dice Tiny ―Rompí con Nick la noche pasada.
―Era lo correcto. Estaba condenado desde el principio.
―Lo sé ¿verdad? Realmente pienso que quiero estar soltero por un tiempo.
Me volteo hacia Jane y le digo:
―Te apuesto cinco dólares a que estará enamorado en cuatro horas.
Ella ríe.
―Que sean tres y estoy dentro.
―Trato.
Sacudimos nuestras manos.
Después de la cena, caminamos alrededor del barrio por un rato para matar tiempo y luego nos ponemos en fila afuera del Trastero. Está frío afuera, pero contra el edifico al menos estamos fuera del viento. En la línea, saco mi billetera, y coloco la identificación falsa en la ventana de la imagen principal, y oculto mi licencia de conducir real entre una tarjeta de seguro médico y la tarjeta del negocio de mi padre.
―Déjame ver ―dice Tiny, le paso mi billetera y dice: ―Maldita sea, Grayson, por una vez en tu vida no luces como una perra chillona en una foto.
Justo antes de que lleguemos al frente de la fila, Tiny me empuja delante de él –me imagino que para tener el placer de verme usar mi identificación falsa por primera vez. El portero lleva una camiseta que no acaba de extenderse sobre su vientre.
―Identificación ―me dice. 
Saco mi billetera del bolsillo trasero, deslizo la identificación fuera, y se la entrego. La alumbra con una linterna, luego voltea la linterna hacia mi rostro, y luego de vuelta a la identificación, y entonces dice:
―Espera, ¿crees que no puedo sumar?
Y el portero dice:
―Niño, tienes veinte.
Y digo:
―No, tengo veintidós.
Él me pasa mi billetera y dice:
―Bueno, tu maldita licencia de conducir dice que tienes veinte.
La veo y hago los cálculos. Dice que voy a cumplir veintiuno el próximo Enero.
―Ah ―digo―. Ehm, sí. Lo siento.
Ese estúpido d-e-s-e-s-p-e-r-a-n-z-a-d-o puso el puto año mal en mi identificación. Tomo un paso de distancia de la entrada del club, y Tiny se acerca a mí, riéndose. Jane está riendo, también. Tiny me palmea demasiado duro en el hombro y dice:
―Sólo Grayson podría obtener una identificación falsa que dice que tiene veinte. ¡Es totalmente inútil!
Y le digo a Jane: 
―Tu amigo lo hizo con el año equivocado.
Y ella dice:
―Lo siento, Will.
Pero no puede sentirlo tanto, de otra forma dejaría de reírse.
―Podemos intentar conseguir que pases ―sugiere Jane, pero simplemente sacudo mi cabeza.
―Ustedes chicos solo vayan ―digo―. Llámenme cuando termine. Sólo iré a Frank‘s Frank o algo. Y, bueno, llámenme si tocan ―Annus Miribalis.
Y ahí está la cosa: ellos se van. Simplemente regresan a la fila y luego los veo caminar dentro del club, ninguno de ellos siquiera intenta decir no, no, no queremos ver el show sin ti.
No me malinterpreten. La banda es buena, pero, ser reemplazado por la banda sigue apestando. Estando parado en la fila no sentía frío, pero ahora está helando. Afuera es tétrico, la clase de frío que congela el cerebro al respirar por la nariz. Y estoy aquí fuera, solo, con mi maldita identificación inútil de cien dólares.
Camino de regreso a Frank‘s Frank, ordeno un perro caliente, y lo como despacio. Pero sé que no puedo comer este único perrito caliente durante las dos o tres horas que ellos estarán ausentes –no puedes disfrutar de un perrito caliente. Mi teléfono está en la mesa, y sólo lo veo, esperando estúpidamente que Jane o Tiny llamen. Y sentado aquí, sólo consigo ponerme más y más enojado. Esto es una maldita forma de dejar a alguien −sentado solo en un restaurante, con la mirada fija al frente, ni siquiera con un libro haciéndome compañía. Ni siquiera son únicamente Tiny y Jane; estoy enojado conmigo mismo, por darles una salida, por no revisar la fecha en la estúpida identificación, por sentarme aquí esperando que el teléfono suene a pesar de que podría estar conduciendo a casa.
Y pensando acerca de ello, me doy cuenta del problema de ir a donde te empujan: a veces eres empujado aquí. Estoy cansando de ir donde me empujan. Es una cosa ser empujado por mis padres. Pero Tiny Cooper empujándome hacia Jane, y luego empujándome hacia una identificación falsa, luego riéndose de la cagada que resultó, y luego dejándome aquí solo con un maldito perro caliente de segunda clase cuando ni siquiera me gustan particularmente los de primera clase– eso es una mierda.
Puedo verlo en mi mente, su gorda cabeza riendo. Es totalmente inútil. Es totalmente inútil. ¡No es así! Puedo comprar cigarrillos, aunque no fumo. Posiblemente puedo inscribirme para votar ilegalmente. Puedo eh, oye. Huh. Ahora tengo una idea.
Mira, al frente del Trastero, está este lugar. El tipo de lugar con-un-letrero-de-neón-y-sin-ventanas. Ahora, no me gusta particularmente o me interesa la porno −o los ―Libros de Adultos que promete el letrero en la puerta− pero que me maldigan si voy a pasar toda la noche en Frank‘s Frank sin usar mi identificación falsa. No, voy a la tienda porno. Tiny Cooper no 
tiene los cojones para caminar dentro de un lugar como ese. No puede ser. Estoy pensando en la historia que voy a tener cuando Tiny y Jane salgan del concierto. Pongo cinco dólares en la mesa –un 50 por ciento de propina− y camino cuatro cuadras. A medida que me acerco a la puerta, comienzo a sentirme ansioso, pero me digo que estar afuera a fines de invierno en el centro de Chicago es mucho más peligroso de lo que cualquier establecimiento comercial podría ser.
Halo la puerta, y entro en una habitación iluminada con luz fluorescente. A mi izquierda, un tipo con más perforaciones que un alfiletero está detrás de un mostrador, mirándome.
―¿Estás buscando o quieres fichas? ―me pregunta.
No tengo ni la menor idea de lo que son las fichas, así que digo:
―¿Buscando?
―Está bien. Ve adentro. ―me dice.
―¿Qué?
―Ve adentro.
―¿No va a pedirme identificación?
El ríe.
―¿Qué, tienes dieciséis o algo?
Le da al clavo, pero digo: 
―No, tengo veinte
―Bueno, sí. Eso es lo que imaginé. Adelante.
Y estoy pensando, Oh, por Dios. ¿Qué tan malditamente difícil puede ser usar con éxito una identificación falsa en esta ciudad? ¡Esto es ridículo! No voy a tolerarlo.
―No ―digo ―Revisa mi identificación.
―Está bien, hombre. Si eso es lo que mueve tus maracas.
Y entonces de forma realmente dramática pregunta:
―¿Puedo ver su identificación, por favor?
―Debería.
Le respondo, y se la paso. Le da una mirada, me la regresa y dice:
―Gracias, Ishmael.
―Por nada ―digo, exasperado. Y entonces estoy en una tienda de porno.
Es algo aburrida, de hecho. Se ve como una tienda cualquiera –estantes de DVD, viejas cintas VHS y un estante de revistas, todo bajo este fuerte resplandor fluorescente. Quiero decir, hay algunas diferencias con respecto a una tienda de películas normal como: a. En la tienda de películas regular, muy pocos DVD tienen las palabras engullir o zorra en ellos, mientras que aquí lo opuesto parece ser el caso, y también, b. Estoy bastante seguro de que la tienda de películas regular no tiene ningún dispositivo para nalgadas, mientras que este lugar tiene varios. También, c. Hay muy pocos artículos a la venta en la tienda de películas regular que te hacen pensar: ―No tengo la más remota idea de que se supone que hace eso o dónde se supone que debe hacerlo.
Aparte del Señor Muy Perforado, el lugar está vacío, y siento que quiero irme porque esta es probablemente la porción más incómoda y desagradable de lo que hasta ahora ha sido un día muy incómodo y desagradable. Pero el viaje entero será completamente inútil si no consigo un recuerdo para demostrar que estuve aquí. Mi objetivo es encontrar el objeto que hará más gracioso el muestra-y-cuenta, el objeto que hará sentir a Tiny y Jane que tuve una noche llena de tanta alegría que sólo pueden vislumbrar, así es como por fin me decido por una revista en español llamada Mano a Mano
Capítulo Seis
En este momento quisiera adelantar el tiempo o, si eso no funciona estaría conforme con regresarlo.
Quiero adelantar el tiempo porque en veinticuatro horas estaré con Isaac en Chicago, y estoy dispuesto a omitir todo con el fin de llegar pronto para estar con él. No me importa si en diez horas gano la lotería, o si en doce horas tendré la oportunidad de graduarme antes de tiempo de la escuela secundaria. No me importaría si en catorce horas tendría que masturbarme para tener el mayor orgasmo de toda la historia. Me gustaría avanzar lo más rápido posible para estar con Isaac en lugar de conformarme con sólo pensar en él.
En cuanto a lo de viajar al pasado, es muy simple ―quiero viajar al pasado para matar a la persona que inventó las matemáticas. ¿Por qué? Porque en este momento estoy en la mesa y Derek está diciendo
Derek: ¿No estás mentalizado para la maratón de matemáticas de mañana?
La simple frase ―maratón de matemáticas hace como que cada onza de anestesia que he acumulado en mi cuerpo se vaya de inmediato.
Yo: ¡Que se la cojan dulcemente!
Hay cuatro genios de las matemáticas en la escuela. Yo soy el número cuatro. Derek y Simon son los números uno y dos, y con el fin de entrar en la maratón necesitamos por lo menos cuatro participantes (el número tres es un chico de primer año, cuyo nombre siempre olvido. Su lápiz tiene más personalidad que él.)
Simon: Lo recuerdas ¿cierto?
Ambos han bajado sus meatburgers22, y se quedan observándome con una mirada tan inexpresiva que juro que puedo ver las pantallas del computador reflejadas en sus lentes.
Yo: No lo sé, no me siento un experto en matemáticas. Tal vez debas… ¿encontrar un sustituto del instituto?
Derek: Eso no es gracioso.
Yo: ¡Ja, ja! ¡No estaba destinado a serlo!
Simon: Te he dicho que si quieres no hagas nada. En las maratón de matemáticas entras como equipo, pero eres juzgado individualmente.
Yo: Chicos, ustedes saben que soy el apoyo más grande que tienen en esto de las matemáticas, pero, humm… tengo otros planes para mañana. 
Derek: No puedes hacer eso.
Simon: Dijiste que vendrías.
Derek: Te prometo que será divertido.
Simon: Nadie más lo hará.
Derek: Pasaremos un buen rato.
Puedo decir que Derek se enfadó, porque parece que está considerando tener una respuesta emocional a los estímulos informativos que ha recibido. Tal vez fueron demasiado porque baja su metaburger, recoge su bandeja, murmura algo sobre las multas de la biblioteca y abandona la mesa.
No hay duda en mi mente, sé que salvaré a estos dos chicos. La única pregunta es si podré hacerlo sin sentirme como una mierda. Siento que es una señal de desesperación, pero tomo la decisión de hablar con Simon y decirle algo remotamente parecido a la verdad.
Yo: Mira, sabes que normalmente estoy en todas las maratones de matemáticas. Pero esto es tipo emergencia. Tengo una… creo que podría llamarse una cita. Y realmente, realmente debo ver a esa persona que recorrerá mucho camino para verme. Si hubiera una forma de ir a la maratón de matemáticas con ustedes y ver a esta persona, lo haría. Pero no puedo. Es como… si un tren viaja a ciento cincuenta kilómetros en una hora y necesita ir de la maratón de matemáticas al centro de Chicago en dos minutos más o menos para una cita, nunca lo va a hacer a tiempo. Así que tengo que saltar al expreso porque en definitiva los caminos que condujeron a esta cita han sido establecidos por única vez, y si tomo el tren erróneo seré más miserable de lo que cualquier ecuación podría explicar
Se siente tan extraño estar hablando con alguien sobre esto, y más con Simon.
Simon: No me importa. Prometiste que estarías ahí y debes estar ahí. Este es un caso en el que cuatro menos uno es igual a cero.
Yo: Pero Simon…
Simon: Deja de quejarte y busca otro cuerpo cálido que viaje en el auto del Sr. Nadler con nosotros. O incluso un cuerpo frío que pueda permanecer quieto por una hora. Sería un cambio de ritmo para alguien así, pero te juro que no seré exigente, es tu problema.
Es increíble como suelo pasar del día sin darme cuenta que no tengo muchos amigos. Quiero decir, una vez que sales del top cinco encontrarás mucho más personal de limpieza que estudiantado. Y mientras al intendente Jim no le importe que deslice un rollo de papel de baño ahora y después diga que es ―un proyecto de arte, estoy seguro de que no está dispuesto a 
renunciar a sus viernes nocturnos por ir de paseo con los calcsuckers23 y el grupo de animadoras.
Sé que sólo tengo una oportunidad, y no es nada fácil hacerlo. Maura está con un buen ánimo hoy ―bueno, la versión de Maura de lo que es buen humor, lo que significan llamadas con pronósticos de tormentas eléctricas― ella no ha sacado a colación lo del tema gay, y Dios sabe que yo tampoco lo haré.
Esperaré hasta el siguiente periodo sabiendo que, si la presión aumenta, es más probable que diga que sí aunque estemos sentados uno al lado de otro, saco mi teléfono por debajo del escritorio y le escribo un texto.
Yo: ¿Qhars mañn n la noche?
Maura: Nada, ¿quieres hacer algo?
Yo: Sí, quiero. Mañana iré a Chicago con mi mamá.
Maura: ¿Divertido?
Yo: Necesito que me suplas en la maratón de mate. De otro modo SyD se volvrn lcos.
Maura: Ests brmeando no?
Yo: No, ellos de verdad estarán furiosos.
Maura: Y xq lo hria?
Yo: porque t dbre un favor y te daré 20 dólares. 
Maura: M dbs tres favores y qe sean 50.
Yo: Hecho.
Maura: guardaré estos txtos.
¿De verdad? Probablemente esté rescatando a Maura de un día de compras con su mamá, de hacer tarea o de introducir una pluma en su vena para obtener material para su poesía. Después de clases le digo que debe conocer a alguno de los otros cuatro competidores de la maratón de algún pueblo del que no hemos oído y los otros dos sólo se dedican a los cigarrillos con aroma a clavo, mientras que Derek y Simon y ese estúpido estudiante de primer año se destruyen con teoremas y cosas sobre rhombazoids. En realidad, estoy haciendo maravillas con su vida social.
Maura: No presiones.
Yo: Lo juro, será candente.
Maura: Quiero 20 dólares por adelantado.
Estoy satisfecho pues no tuve que mentir sobre ir a ver a mi abuela enferma o cualquier otra cosa. Esa clase de mentiras son peligrosas, porque sabes que en cuanto dices que tu abuela está enferma, tu teléfono suena y tu mamá va a meterse en tu habitación a decirte malas noticias sobre que tu abuela tiene un problema de páncreas, aun cuando sabes que las pequeñas mentiras inocentes no le causarán cáncer, te sentirás culpable por el resto de tu vida. Maura preguntó más cosas acerca de mi viaje con mamá, así que hago todo lo necesario para que suene correcto, es necesario un tiempo de unión, y desde que Maura tiene dos padres felices y yo sólo tengo a uno deprimido gané su voto de simpatía. Estoy pensando tanto en Isaac que temo que se aleje por completo de mí por eso, pero por suerte el interés de Maura me mantiene alerta.
Cuando es el momento de que Maura se vaya por su camino y yo por el mío, ella da una puñalada más para conseguir la verdad.
Maura: ¿Hay algo más que quieras decirme?
Yo: Sí. Quiero decirte que mi tercer pezón está comenzando a lactar y que mi trasero está amenazando con la sindicalización ¿Qué crees que debo hacer al respecto?
Maura: Siento que me estás ocultando algo.
Esta es la cuestión acerca de Maura: todo trata siempre acerca de ella.
Siempre.
Normalmente no pienso en eso porque si todo es siempre acerca de ella, entonces nada tiene que ser sobre mí. Pero a veces se aferra a toda esa atención y me arrastra hacia ella.
Eso es lo que odio.
Ahora me está haciendo pucheros, y, para darle crédito, es un puchero genuino. No es como que esté tratando de manipularme pretendiendo estar molesta. Maura no hace este tipo de mierda, y es por eso que la soporto. Puedo tomar cualquier expresión de su rostro como genuina, y eso es digno de apreciar en un amigo.
Yo: Te hablaré cuando tenga algo qué decirte ¿ok? Ahora ve a casa y practica tus matemáticas. Aquí…te hice estas tarjetas.
Hurgo dentro de mi bolsa y saco las tarjetas que hice en el séptimo periodo, casi sabiendo que Maura iba a decir que sí. Estas no son tarjetas, de hecho, dado que no es como si llevara todo un fichero de cartas rodando por mi bolsa para emergencias. Pero hice todas esas líneas punteadas en el pedazo de papel para que ella supiera dónde cortar. Cada tarjeta tiene su propia ecuación.
2 + 2= 4
50 x 40= 2000
834620 x 375002= ¿Necesitas realmente esta mierda?
x + y= z
Polla + vagina= una feliz pareja gallo-gatita
Rojo + azul= púrpura
Yo - maratón de matemáticas= yo + gratitud hacia ti
Maura las observa por unos segundos, después las dobla por la línea punteada arreglándolas tal y como si fuesen un mapa. Ella no sonríe o cualquier otra cosa, luce molesta por un momento. 
Yo: No dejes que Derek y Simon sean pervertidos, ¿ok? Siempre lleva protección.
Maura: Creo que seré capaz de mantener mi virginidad en una maratón de matemáticas.
Yo: Dices eso ahora, pero ya veremos en nueve meses. Si es una niña deberás llamarla Verborrea. Si es un niño será Trig24.
.Todo me va a suceder gracias a las vueltas que da la vida. Maura probablemente conseguirá algún sexy chico que rechace las matemáticas que ponga su más en el menos de ella. Mientras exploto con Isaac y regreso a casa a la comodidad de mi mano.
Decido no decirle a Maura sobre esto, porque ¿para qué darnos mala suerte a ambos? Maura me da un verdadero ―adiós antes de irse. Luce como si quisiera decirme algo, pero ha decidido callar. Otra razón para estar agradecido.
Se lo agradezco nuevamente.
Otra vez.
Y una vez más.
Cuando he terminado, voy a casa y chateo con Isaac una vez que llega a casa de la escuela ―no tiene trabajo para hoy. Repasamos el plan unas dos mil veces. Dice que un amigo suyo sugirió que nos reuniéramos en un lugar llamado Frenchy‘s, y ya que no sé mucho de Chicago, fuera de los lugares a los que viajamos por los concursos, le digo que está bien por mí, e imprimo las instrucciones que me manda.
Cuando hemos terminado voy a Facebook y miro su perfil por millonésima vez. Él no lo cambia muy seguido, pero es un recordatorio para mí de que él es real. Quiero decir, hemos intercambiado fotos y hablado lo suficiente como para saber que es real ―no es como si fuera una persona de cuarenta y seis años, que ya ha preparado un buen lugar para mí en la parte trasera de su camioneta sin placa automovilística. No soy tan estúpido. Nos veremos en un lugar público, y tengo mi teléfono. Aunque Isaac tenga un brote psicótico, estoy listo.
Antes de dormir, veo todas las fotos que tengo de él, como si no las hubiera memorizado ya. Estoy seguro de que lo reconoceré en cuanto lo vea. Y estoy seguro de que será uno de los mejores momentos de mi vida.
El viernes después de la escuela es brutal. Quiero cometer un asesinato de mil maneras diferentes, y es mi armario al que quiero matar. No tengo ni puta idea de que ponerme―y no soy el tipo de hombre de qué-me-pongo en absoluto, así que no puedo comprender por qué sucede ahora. Cada pieza de prenda que tengo parece que ha sido elegida para mostrar mis defectos. Me pongo la camisa que pienso que me queda bien, claro que hace que mi pectoral se vea definido si es que tiene alguna definición. Pero después me doy cuenta de que es demasiado chica que si levanto mis brazos menos de un centímetro el pubis de mi vientre queda como pantalla completa. Entonces trato con esta camisa de color negro que me hace ver como si entrenara muy duro, luego la camisa blanca, que es genial hasta que encuentro la mancha amarilla en la parte inferior que creo es de jugo de naranja, aunque probablemente es de cuando me metí antes de hacer tapping, la playera de una banda es muy obvia―si uso una que sea de su agrado es como si dijera bésame el culo y si uso de alguna que no le guste, podría pensar que mi gusto es una mierda. Mi sudadera gris es demasiado blechy la camisa que tengo es prácticamente del mismo color que mis jeans y mira que ser todo azul es algo que sólo el monstruo come galletas puede lograr.
Por primera vez en mi vida me doy cuenta de porqué las perchas27 se llaman perchas, porque después de quince minutos de mirar las cosas dentro y tirarlas a un lado, todo lo que quiero hacer es colgar una a la parte superior de la puerta del armario, inclinar el cuello en el lazo, y dejar que mi peso caiga. Mi madre entrará y pensará que estoy practicando asfixia autoerótica cuando ni siquiera he tenido tiempo para sacar mi polla, y no estaré lo suficientemente vivo para decirle que creo que la asfixia autoerótica es una de las cosas más tontas del universo, solo a la altura de los republicanos homosexuales. Pero, sí, voy a estar muerto. Y va a ser como en un episodio de CSI: FU, donde los investigadores llegarán, pasarán cuarenta y tres minutos -más los comerciales- repasando mi vida, y al final van a llevar a mi madre a la comisaría, la sentarán y le dirán la verdad.
Policía: Señora, su hijo no fue asesinado. Él estaba preparándose para una primera cita.
Estoy casi sonriendo, imaginando cómo se rodaría la escena, entonces recuerdo que estoy de pie sin camisa en medio de mi habitación y tengo que coger un tren. Finalmente acabo de recoger esa camiseta que tiene una pequeña imagen de un robot hecho de cinta adhesiva o algo así, con la palabra Robotboy en pequeñas minúsculas debajo de ella. No sé por qué pero me gusta. Y no sé por qué creo que a Isaac le gustará, pero lo hago.
Sé que debo estar nervioso, porque en realidad estoy pensando en cómo se me ve el cabello, pero cuando llego al espejo del baño, decido que mi pelo va a hacer lo que desee, ya que por lo general se ve mejor cuando hace viento, voy a sacar la cabeza por la ventanilla del tren o algo así en mi camino. Podría utilizar los productos para el cabello de mi madre, pero no tengo ningún deseo de oler como mariposas en un campo.
Así que estoy listo.
Le he dicho a mamá que la maratón de matemáticas es en Chicago −pensé que si le iba a mentir, bien podría pensar que hicimos las finales estatales−. Afirmé que la escuela había rentado un autobús, si no se dirige a la estación de tren, no hay problema. Mis nervios están completamente revueltos por ahora. 
Trato de leer ‗Matar a un ruiseñor’ para la clase inglés, pero es como si las letras fueran sólo un diseño agradable de la página y para mí no significan mucho más que los patrones de los asientos del tren. Podría ser una película de acción llamada ―¡Muere ruiseñor, muere! y todavía no estaría concentrado en ella. Así que cierro los ojos y escucho mi iPod, pero pareciera que ha sido reprogramado por un Cupido muy cabrón, porque cada canción me hace pensar en Isaac.
Se ha convertido en aquella persona de quien hablan todas las canciones. Y mientras una parte de mí sabe que esto probablemente vale la pena, otra parte está gritando que todo se irá a la mierda. Si bien va a ser emocionante ver Isaac, también va a ser difícil. La clave será no dejar que la incomodidad nos consuma.
Tomo unos cinco minutos para pensar en mi historia de nacimiento ―cinco minutos es todo lo que puedo llenar― y vuelvo a la experiencia traumática de meterle mano borracho a Carissa Nye en la fiesta de Sloan Mitchell, hace unos meses. La parte del beso fue realmente caliente, pero luego, cuando la situación se volvió más seria, Carissa puso ese estúpidamente serio aspecto en su rostro y casi me detuve. Tuvimos algunos problemas serios con su bra cortando la circulación a su cerebro, y cuando finalmente tuve sus tetas en mis manos ―no es que lo hubiese pedido―, no supe qué hacer con ellas, excepto acariciarlas, como si fueran cachorros. 

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