miércoles, 26 de marzo de 2014

SHATTER ME, parte 14

—Te enloqueció, ¿verdad?
—¿Cuánto tiempo has estado espiándome? —Adam entorna los ojos.
—Tanto tiempo como lo necesitaba. —Pero su sonrisa es picara.
—¿Así que eres... corporal? —pregunto.
—Mírate, usando grandes palabras bonitas. —Kenji se cruza de brazos. Apoyándose contra la pared.
—Quiero decir… no puedes, como, atravesar las paredes o cualquier otra cosa, ¿verdad?
Resopla.
—No, no soy un fantasma. Sólo puedo... mezclarme, creo que es la mejor palabra. Puedo mezclarme con el fondo de cualquier espacio. Cambiar para coincidir con mi entorno. Me tomó mucho tiempo averiguarlo.
—Vaya.
—Solía seguir a Adam a casa. Así fue como supe dónde vivía. Y así fue como fui capaz de escapar… porque no podían verme. De todos modos intentaron dispararme —añadió, amargo—. Pero por lo menos, me las arreglé para no morir.
—Espera, ¿por qué estabas siguiendo a Adam a casa? Pensé que me estabas buscando a mí —pregunté.
—Sí… bueno, me enlisté poco después de enterarnos del gran proyecto de Warner. —Asiente en mi dirección—. Hemos estado intentando encontrarte, pero Warner tenía más control de seguridad y acceso a más información que nosotros; estábamos teniendo muchos problemas para rastrearte. Castillo pensó que sería más fácil tener a alguien en el interior prestando atención a toda esa loca mierda que Warner planeaba. Así que cuando me enteré que Adam era el hombre principal implicado en este proyecto en particular y que tenía una historia contigo, envié la información a Castillo. Él me dijo que me cuidara de Adam, también, ya sabes, en caso de que Adam fuera igual de psico que Warner. Queríamos asegurarnos que no fuera una amenaza para ti o para nuestros planes. Pero no tenía idea que tratarían de huir juntos. Me jodieron por completo.
Todos estuvimos en silencio un momento.
—Entonces, ¿cuánto me espiaste? —preguntó Adam.
—Bueno, bueno, bueno. —Kenji ladea la cabeza—. ¿El señor Adam Kent de repente está sintiéndose un poco intimidado?
—No seas idiota.
—¿Estás ocultando algo?
—Sí. Mi pistola…
—¡Hey! —Kenji aplaude—. ¡Entonces! ¿Estamos listos para salir de aquí, o qué?
—Necesito un par de pantalones.
Kenji repentinamente se ve molesto.
—¿En serio, Kent? No quiero oír esa mierda.
—Bueno, si no quieres verme desnudo, te sugiero que hagas algo al respecto.
Kenji le dispara una mirada asesina a Adam y se aleja, gruñendo algo sobre prestarle toda su ropa a las personas. La puerta se cierra detrás de él.
—Realmente no estoy desnudo —dice Adam.
—Oh —jadeo. Levanto la mirada. Mis ojos me traicionan.
Él no logra contener la sonrisa esta vez. Sus dedos acarician mi mejilla.
—Sólo quería que nos dejara en paz un segundo.
Me sonrojo. Buscando a tientas algo que decir.
—Estoy tan feliz de que estés bien. 
Dice algo que no escucho.
Toma mi mano. Me empuja a su lado.
Se inclina y me estoy inclinando hacia delante hasta que prácticamente estoy encima de él y me desliza entre sus brazos, besándome con un nuevo tipo de desesperación, un nuevo tipo de pasión, una necesidad ardiente. Sus manos se enroscan en mi cabello, sus labios tan suaves, tan necesitados contra los míos, como fuego y miel estallando en mi boca. Mi cuerpo entero está humeante.
Adam se aleja un poquito. Besa mi labio inferior. Lo muerde apenas un segundo. Su piel está cien grados más caliente de lo que estaba hace un momento. Sus labios presionan mi cuello y mis manos viajan por la parte superior de su cuerpo y me pregunto por qué hay tantos trenes de carga en mi corazón, por qué su pecho es como una armónica rota. Estoy trazando el pájaro atrapado para siempre en el aire en su piel y me doy cuenta por primera vez que me ha dado alas por mi propia cuenta. Él me ha ayudado a volar y ahora estoy atrapada en el movimiento centrípeto, alzando a la derecha en el centro de todo. Atraigo sus labios de vuelta a los míos.
—Juliette —dice. Una respiración. Un beso. Diez dedos jugando en mi piel—. Necesito verte esta noche.
Sí.
Por favor.
Dos fuertes golpes nos hacen separar.
Kenji abre la puerta de golpe.
—¿Se dan cuenta qué esta pared es de vidrio, no? —Parece que hubiera mordido la cabeza de un gusano—. Nadie quiere ver eso.
Le lanza un pantalón a Adam.
Asiente hacia mí. 
—Vamos, te llevaré con Sonya y Sara. Ellas te acomodarán esta noche. —Se gira hacia Adam—. Y jamás me devuelvas ese pantalón.
—¿Qué pasa si no quiero dormir? —pregunta Adam, descaradamente—. ¿No estoy autorizado para salir de mi habitación?
Kenji presiona sus labios. Y entorna los ojos.
—No uso esta palabra a menudo, Kent, pero por favor no intentes ninguna elegante mierda secreta de escabullirte a escondidas. Tenemos que regular las cosas aquí por una razón. Es la única manera de sobrevivir. Así que hazle un favor a todos y mantén los pantalones puestos. La puedes ver en la mañana.
Pero mañana se siente como un millón de años a partir de ahora. 

Capítulo 50
Las gemelas aún están dormidas cuando alguien llama. Sonya y Sara me mostraron dónde están los baños de las chicas para que tuviera oportunidad de ducharme la noche anterior, pero todavía estoy usando la ropa holgada de Kenji. Me siento un poco ridícula cuando me dirijo a la puerta.
La abro.
Parpadeo.
—Hola, Winston.
Me mira de arriba abajo.
—Castillo pensó que te gustaría cambiarte esa ropa.
—¿Tienes algo para ponerme?
—Sí… ¿recuerdas? Te hizo algo personalizado.
—Oh. Vaya. Sí, eso suena muy bien.
Me deslizo afuera en silencio, siguiendo a Winston por los oscuros pasillos. El mundo subterráneo es tranquilo, sus habitantes aún duermen. Le pregunto a Winston por qué estamos levantados tan temprano.
—Pensé que te gustaría conocer a todos en el desayuno. De esa manera puedes saltar a la rutina regular de las cosas por aquí, incluso empezar a trabajar en tu formación. —Mira hacia atrás—. Todos tenemos que aprender a aprovechar nuestras capacidades de la forma más eficaz posible. No es bueno no tener control de tu cuerpo.
—Espera, ¿también tienes una habilidad?
—Hay exactamente cincuenta y seis de nosotros que las tienen. El resto son miembros de nuestra familia, hijos, o amigos cercanos que ayudan en todo lo demás. Así que sí, soy uno de los cincuenta y seis. Igual tú.
Casi estoy pisándole los talones en un esfuerzo por mantenerme al día con sus largas piernas.
—Entonces, ¿qué puedes hacer?
No contesta. Y no estoy segura, pero creo que se sonroja.
—Lo siento… —Doy marcha atrás—. No fue mi intención presionar… no debería haber preguntado…
—Está bien —me interrumpe—. Sólo creo que en cierto modo es estúpido. —Lanza una risa corta y dura—. De todas las cosas que debería ser capaz de hacer —suspira—. Por lo menos puedes hacer algo interesante.
Dejo de caminar, aturdida. Horrorizada.
—¿Crees qué esto es una competencia? ¿Para ver qué truco de magia es más retorcido? ¿Para ver quién puede infligir mayor dolor?
—Eso no es lo que quise decir…
—No creo que sea interesante ser capaz de matar a alguien por accidente. No creo que sea interesante temer tocar a un ser vivo.
Su mandíbula se tensa.
—No quise decir eso. Yo sólo... me gustaría ser más útil. Eso es todo.
Cruzo los brazos. 
—No tienes que decirme si no quieres.
Pone los ojos en blanco. Se pasa la mano por el cabello.
—Sólo soy… soy muy... flexible —dice.
Me toma un momento procesar su admisión.
—Como si… ¿puedes doblarte cómo un pretzel?
—Por supuesto. O estirarme si lo necesito.
Lo miro sorprendida con la boca tan abierta que debería sentirme avergonzada.
—¿Puedo verlo?
Se muerde el labio. Reajusta sus gafas. Mira a ambos lados del pasillo vacío. Y envuelve un brazo alrededor de su cintura. Dos veces.
Estoy boquiabierta como un pez muerto.
—Vaya.
—Es estúpido —se queja—. E inútil.
—¿Estás loco? —Me inclino hacia atrás para mirarlo—. Eso es increíble.
Sin embargo, su brazo ha vuelto a la normalidad y está caminando de nuevo. Tengo que correr para alcanzarlo.
—No seas tan duro contigo mismo —intento decirle—. No es nada de qué avergonzarse. —Pero no me está escuchando y me pregunto cuándo me convertí en una oradora motivacional. Cuándo cambié de odiarme a aceptarme. Cuándo se volvió bien que yo eligiera mi propia vida.
Winston me lleva a la habitación en la que lo encontré. Las mismas paredes blancas. La misma cama pequeña. Sólo que esta vez, Adam y Kenji están esperándome. Mi corazón se pone en marcha y de repente estoy nerviosa. 
Adam está de pie. Está por su cuenta y se ve perfecto. Hermoso. Sano y salvo. No hay una sola gota de sangre en su cuerpo. Camina hacia adelante sólo con una ligera molestia, me sonríe sin ninguna dificultad. Su piel está un poco más pálida de lo normal, pero completamente radiante en comparación con su tez la noche que llegamos. Su bronceado natural compensa un par de ojos de un tono azul como el cielo de medianoche.
—Juliette —dice.
No puedo dejar de mirarlo. Maravillada ante él. Asombrada por lo increíble que se siente saber que está bien.
—Hola. —Me las arreglo para sonreír.
—Buenos días a ti también —interviene Kenji.
Me asusto. Estoy más rosada que un atardecer de verano, y encogiéndome con la misma rapidez.
—Oh, hola. —Agito una mano inerte en su dirección.
Resopla.
—Está bien. Terminemos con esto, ¿de acuerdo? —Winston camina hacia una de las paredes, que resulta ser un armario. Hay un estallido de color en su interior.
Lo saca de la percha.
—¿Puedo, eh, tener un momento a solas con ella?
Winston se quita las gafas. Y se frota los ojos.
—Tengo que seguir el protocolo. Tengo que explicar todo…
—Lo sé… está bien —dice Adam—. Puedes hacerlo después. Sólo necesito un minuto, te lo prometo. Realmente no he tenido oportunidad de hablar con ella desde que llegamos aquí.
Winston frunce el ceño. Me mira. Mira a Adam. Suspira. 
—Está bien. Pero luego, regresaremos. Tengo que asegurarme que todo encaje y tengo que comprobar la…
—Perfecto. Eso suena muy bien. Gracias, amigo… —Y los está empujando hacia la puerta.
—¡Espera! —Winston golpea la puerta para abrirla de nuevo—. Por lo menos haz que se ponga el traje mientras estamos afuera. De esa manera no será una completa pérdida de mi tiempo.
Adam se queda mirando el material en la mano extendida de Winston. Él se frota la frente y murmura algo acerca de la gente siempre malgastando su tiempo, y Adam suprime una sonrisa. Me mira. Me encojo de hombros.
—Está bien —dice, agarrando el traje—. Pero ahora tienes que irte… — Y los empuja de nuevo al pasillo.
—Estaremos justo afuera —grita Kenji—. Como a cinco segundos de distancia…
Adam cierra la puerta detrás de ellos. Se gira. Sus ojos arden en los míos.
No sé cómo calmar mi corazón. Intento hablar y fallo.
Él encuentra su voz primero.
—Nunca he tenido oportunidad de agradecerte —dice.
Dejo caer la mirada. Pretendo que el calor no está luchando su camino hacia mi rostro. Me pellizco sin ninguna razón real.
Él da un paso adelante. Se inclina. Toma mis manos.
—Juliette.
Levanto lentamente la mirada hacia él.
—Tú salvaste mi vida. 
Me muerdo el interior de la mejilla. Me parece tan tonto decir “de nada” por salvar la vida de alguien. No sé qué hacer.
—Estoy tan feliz de que estés bien. —Es todo lo que logro decir.
Él está mirando fijamente mis labios y me duele en todas partes. Si me besa en este momento no creo que vaya a dejar que se detenga. Toma una bocanada de aire. Parece recordar que está sosteniendo algo.
—Oh. ¿Tal vez debería ponerte esto? —Me entrega una pieza ceñida de algo púrpura. Se ve muy pequeño. Igual que un mono que podría quedarle a un niño pequeño. Su peso es menos que nada.
Le doy a Adam una mirada en blanco.
Dice sonriendo:
—Pruébatelo.
Lo miro de otra manera.
—Oh. —Salta hacia atrás, un poco tímido—. Cierto… yo sólo… sólo me giraré…
Espero hasta que está de espalda hacia mí antes de exhalar. Miro a mí alrededor. No parece haber ningún espejo en esta sala. Me libero de la ropa holgada. Coloco cada pieza en el suelo. Estoy aquí de pie, completamente desnuda, y por un momento estoy demasiado petrificada para moverme. Pero Adam no se voltea. No dice una palabra. Examino el brillante material púrpura. Imagino que se supone que es flexible.
Lo es.
De hecho, es inesperadamente fácil deslizarse en él, como si estuviera diseñado específicamente para mi cuerpo. Tiene un forro incorporado donde se supone que va la ropa interior, un apoyo adicional para mi pecho, un cuello que va justo hasta mi cuello, mangas que tocan mis muñecas, piernas que tocan mis tobillos, una cremallera que lo une. Examino el material ultra fino. Se siente como si no estuviera usando nada. Es del más rico color púrpura, ajustado a mi piel pero no apretado en absoluto. Es transpirable, extrañamente cómodo.
—¿Cómo se ve...? —pregunta Adam. Suena nervioso.
—¿Puedes ayudarme a subir el cierre?
Se gira. Abre los labios, vacila, y me da una increíble sonrisa. Sus cejas están tocando el techo. Me sonrojo tanto que ni siquiera sé a dónde mirar. Da un paso adelante y me doy la vuelta, muy deseosa de esconder mi rostro, las mariposas corren a través de mi pecho. Adam toca mi cabello y me doy cuenta que recorre prácticamente toda mi espalda. Tal vez es hora de que lo detenga.
Sus dedos son tan cuidadosos. Empuja las ondas por encima de mi hombro para que no queden atrapadas en la cremallera. Traza una línea desde la base de mi cuello hasta el comienzo de la costura, hasta la inclinación en mi espalda baja. Casi no puedo mantenerme en pie. Mi columna está conduciendo electricidad suficiente para abastecer una ciudad. Se toma su tiempo subiéndome el cierre. Recorre con sus manos mi silueta.
—Dios, te ves increíble. —Es lo primero que me dice.
Me giro. Está presionando su puño en la boca, intentando ocultar su sonrisa, intentando evitar que las palabras salgan de sus labios.
Toco el material. Decido que probablemente debería decir algo.
—Es muy... cómodo.
—Sexy. Levanto la mirada.
Está moviendo la cabeza.
—Es sexy como el infierno.
Da un paso adelante. Me desliza entre sus brazos. 
—Me veo como una gimnasta —murmuro.
—No —susurra, cálido, caliente, ardiente contra mis labios—. Te ves como un superhéroe. 

Epílogo
Todavía estoy hormigueando cuando Kenji y Winston irrumpen de nuevo en la habitación.
―Entonces, ¿cómo es este traje que se supone que hará mi vida más fácil? ―pregunto sin nadie que responda.
Sin embargo, Kenji se congela en su lugar, mirando sin pedir disculpas. Abre su boca. La cierra. Mete las manos en sus bolsillos.
Winston da un paso adelante.
―Se supone que ayuda con el tema conmovedor ―me dice―. No tienes que preocuparte sobre ser cubierta de pies a cabeza en este clima impredecible. El material está diseñado para mantenerte fresca o mantener el calor según la temperatura. Es ligero y transpirable, por lo que no te sofoca la piel. Asimismo, te mantendrá a salvo de hacerle daño a alguien sin querer, pero te ofrece también la flexibilidad de tocar a alguien... intencionalmente. Si alguna vez lo necesitas.
―Eso es increíble.
Él sonríe. Mucho.
―No hay de qué.
Estudio el traje más de cerca. Dándome cuenta de algo.
―Pero mis manos y los pies están totalmente expuestos. ¿Cómo se supone que…?
―Oh, dispara ―interrumpe Winston―. Casi se me olvida. ―Corre hacia el armario y saca un par de botines negros sin tacón y un par de guantes negros que se detienen justo antes del codo. Me los entrega. Estudio el cuero de los accesorios y me maravillo con la flexibilidad elástica de los botines. Podría hacer ballet y correr una milla en estos zapatos.
―Estos deberían quedarte ―dice―. Ellos completan el equipo. 
Me los pongo y me paro en la punta de mis dedos del pie, disfrutando del lujo de sentir mi nuevo equipo. Me siento invencible. Realmente me gustaría tener un espejo por primera vez en mi vida. Miro de Kenji a Adam a Winston.
―¿Qué piensan? ¿Está… bien?
Kenji hace un ruido extraño.
Winston mira su reloj.
Adam no puede dejar de sonreír.
Él y yo seguimos a Kenji y Winston fuera de la habitación, pero Adam hace una pausa para quitarme el guante izquierdo. Toma mi mano. Entrelaza sus dedos. Me ofrece una sonrisa que se las arregla para besar a mi corazón.
Y miro a mi alrededor.
Flexiono mi puño.
Toco el material abrazando mi piel.
Me siento increíble. Mis huesos se sienten rejuvenecidos, mi piel se siente vibrante, saludable. Tomo una gran bocanada de aire y saboreo el gusto.
Las cosas están cambiando, pero esta vez no tengo miedo. Esta vez sé quién soy. Esta vez he tomado la decisión correcta y estoy luchando para el equipo adecuado.
Me siento segura. Confiada.
Emocionada, incluso.
¿Por qué esta vez?
Porque estoy lista


No hay comentarios:

Publicar un comentario