—Te
enloqueció, ¿verdad?
—¿Cuánto tiempo has estado
espiándome? —Adam entorna los ojos.
—Tanto tiempo como lo
necesitaba. —Pero su sonrisa es picara.
—¿Así que eres... corporal?
—pregunto.
—Mírate, usando grandes palabras
bonitas. —Kenji se cruza de brazos. Apoyándose contra la pared.
—Quiero decir… no puedes, como,
atravesar las paredes o cualquier otra cosa, ¿verdad?
Resopla.
—No, no soy un fantasma. Sólo
puedo... mezclarme, creo que es la mejor palabra. Puedo mezclarme con el fondo
de cualquier espacio. Cambiar para coincidir con mi entorno. Me tomó mucho
tiempo averiguarlo.
—Vaya.
—Solía seguir a Adam a casa. Así
fue como supe dónde vivía. Y así fue como fui capaz de escapar… porque no
podían verme. De todos modos intentaron dispararme —añadió, amargo—. Pero por
lo menos, me las arreglé para no morir.
—Espera, ¿por qué estabas
siguiendo a Adam a casa? Pensé que me estabas buscando a mí —pregunté.
—Sí… bueno, me enlisté poco
después de enterarnos del gran proyecto de Warner. —Asiente en mi dirección—.
Hemos estado intentando encontrarte, pero Warner tenía más control de seguridad
y acceso a más información que nosotros; estábamos teniendo muchos problemas
para rastrearte. Castillo pensó que sería más fácil tener a alguien en el
interior prestando atención a toda esa loca mierda que Warner planeaba. Así que
cuando me enteré que Adam era el hombre principal implicado en este proyecto en
particular y que tenía una historia contigo, envié la información a Castillo.
Él me dijo que me cuidara de Adam, también, ya sabes, en caso
de que Adam fuera igual de psico que Warner. Queríamos asegurarnos que no fuera
una amenaza para ti o para nuestros planes. Pero no tenía idea que tratarían de
huir juntos. Me jodieron por completo.
Todos estuvimos en silencio un
momento.
—Entonces, ¿cuánto me espiaste?
—preguntó Adam.
—Bueno, bueno, bueno. —Kenji
ladea la cabeza—. ¿El señor Adam Kent de repente está sintiéndose un poco
intimidado?
—No seas idiota.
—¿Estás ocultando algo?
—Sí. Mi pistola…
—¡Hey! —Kenji aplaude—.
¡Entonces! ¿Estamos listos para salir de aquí, o qué?
—Necesito un par de pantalones.
Kenji repentinamente se ve
molesto.
—¿En serio, Kent? No quiero oír
esa mierda.
—Bueno, si no quieres verme
desnudo, te sugiero que hagas algo al respecto.
Kenji le dispara una mirada
asesina a Adam y se aleja, gruñendo algo sobre prestarle toda su ropa a las
personas. La puerta se cierra detrás de él.
—Realmente no estoy desnudo
—dice Adam.
—Oh —jadeo. Levanto la mirada.
Mis ojos me traicionan.
Él no logra contener la sonrisa
esta vez. Sus dedos acarician mi mejilla.
—Sólo quería que nos dejara en
paz un segundo.
Me sonrojo. Buscando a tientas
algo que decir.
—Estoy tan feliz de que estés
bien.
Dice
algo que no escucho.
Toma mi mano. Me empuja a su
lado.
Se inclina y me estoy inclinando
hacia delante hasta que prácticamente estoy encima de él y me desliza entre sus
brazos, besándome con un nuevo tipo de desesperación, un nuevo tipo de pasión,
una necesidad ardiente. Sus manos se enroscan en mi cabello, sus labios tan
suaves, tan necesitados contra los míos, como fuego y miel estallando en mi
boca. Mi cuerpo entero está humeante.
Adam se aleja un poquito. Besa
mi labio inferior. Lo muerde apenas un segundo. Su piel está cien grados más
caliente de lo que estaba hace un momento. Sus labios presionan mi cuello y mis
manos viajan por la parte superior de su cuerpo y me pregunto por qué hay
tantos trenes de carga en mi corazón, por qué su pecho es como una armónica
rota. Estoy trazando el pájaro atrapado para siempre en el aire en su piel y me
doy cuenta por primera vez que me ha dado alas por mi propia cuenta. Él me ha
ayudado a volar y ahora estoy atrapada en el movimiento centrípeto, alzando a
la derecha en el centro de todo. Atraigo sus labios de vuelta a los míos.
—Juliette —dice. Una
respiración. Un beso. Diez dedos jugando en mi piel—. Necesito verte esta
noche.
Sí.
Por favor.
Dos fuertes golpes nos hacen
separar.
Kenji abre la puerta de golpe.
—¿Se dan cuenta qué esta pared
es de vidrio, no? —Parece que hubiera mordido la cabeza de un gusano—. Nadie
quiere ver eso.
Le lanza un pantalón a Adam.
Asiente hacia mí.
—Vamos,
te llevaré con Sonya y Sara. Ellas te acomodarán esta noche. —Se gira hacia
Adam—. Y jamás me devuelvas ese pantalón.
—¿Qué pasa si no quiero dormir?
—pregunta Adam, descaradamente—. ¿No estoy autorizado para salir de mi
habitación?
Kenji presiona sus labios. Y
entorna los ojos.
—No uso esta palabra a menudo,
Kent, pero por favor no intentes ninguna elegante mierda secreta de escabullirte
a escondidas. Tenemos que regular las cosas aquí por una razón. Es la única
manera de sobrevivir. Así que hazle un favor a todos y mantén los pantalones
puestos. La puedes ver en la mañana.
Pero mañana se siente como un
millón de años a partir de ahora.
Capítulo 50
Las
gemelas aún están dormidas cuando alguien llama. Sonya y Sara me mostraron
dónde están los baños de las chicas para que tuviera oportunidad de ducharme la
noche anterior, pero todavía estoy usando la ropa holgada de Kenji. Me siento
un poco ridícula cuando me dirijo a la puerta.
La
abro.
Parpadeo.
—Hola,
Winston.
Me
mira de arriba abajo.
—Castillo
pensó que te gustaría cambiarte esa ropa.
—¿Tienes
algo para ponerme?
—Sí…
¿recuerdas? Te hizo algo personalizado.
—Oh.
Vaya. Sí, eso suena muy bien.
Me
deslizo afuera en silencio, siguiendo a Winston por los oscuros pasillos. El
mundo subterráneo es tranquilo, sus habitantes aún duermen. Le pregunto a
Winston por qué estamos levantados tan temprano.
—Pensé
que te gustaría conocer a todos en el desayuno. De esa manera puedes saltar a
la rutina regular de las cosas por aquí, incluso empezar a trabajar en tu
formación. —Mira hacia atrás—. Todos tenemos que aprender a aprovechar nuestras
capacidades de la forma más eficaz posible. No es bueno no tener control de tu
cuerpo.
—Espera, ¿también tienes una
habilidad?
—Hay exactamente cincuenta y
seis de nosotros que las tienen. El resto son miembros de nuestra familia,
hijos, o amigos cercanos que ayudan en todo lo demás. Así que sí, soy uno de
los cincuenta y seis. Igual tú.
Casi estoy pisándole los talones
en un esfuerzo por mantenerme al día con sus largas piernas.
—Entonces, ¿qué puedes hacer?
No contesta. Y no estoy segura,
pero creo que se sonroja.
—Lo siento… —Doy marcha atrás—.
No fue mi intención presionar… no debería haber preguntado…
—Está bien —me interrumpe—. Sólo
creo que en cierto modo es estúpido. —Lanza una risa corta y dura—. De todas
las cosas que debería ser capaz de hacer —suspira—. Por lo menos puedes hacer
algo interesante.
Dejo de caminar, aturdida.
Horrorizada.
—¿Crees qué esto es una
competencia? ¿Para ver qué truco de magia es más retorcido? ¿Para ver quién
puede infligir mayor dolor?
—Eso no es lo que quise decir…
—No creo que sea interesante ser
capaz de matar a alguien por accidente. No creo que sea interesante temer tocar
a un ser vivo.
Su mandíbula se tensa.
—No quise decir eso. Yo sólo...
me gustaría ser más útil. Eso es todo.
Cruzo los brazos.
—No
tienes que decirme si no quieres.
Pone los ojos en blanco. Se pasa
la mano por el cabello.
—Sólo soy… soy muy... flexible
—dice.
Me toma un momento procesar su
admisión.
—Como si… ¿puedes doblarte cómo
un pretzel?
—Por supuesto. O estirarme si lo
necesito.
Lo miro sorprendida con la boca
tan abierta que debería sentirme avergonzada.
—¿Puedo verlo?
Se muerde el labio. Reajusta sus
gafas. Mira a ambos lados del pasillo vacío. Y envuelve un brazo alrededor de
su cintura. Dos veces.
Estoy boquiabierta como un pez
muerto.
—Vaya.
—Es estúpido —se queja—. E
inútil.
—¿Estás loco? —Me inclino hacia
atrás para mirarlo—. Eso es increíble.
Sin embargo, su brazo ha vuelto
a la normalidad y está caminando de nuevo. Tengo que correr para alcanzarlo.
—No seas tan duro contigo mismo
—intento decirle—. No es nada de qué avergonzarse. —Pero no me está escuchando
y me pregunto cuándo me convertí en una oradora motivacional. Cuándo cambié de
odiarme a aceptarme. Cuándo se volvió bien que yo eligiera mi propia vida.
Winston me lleva a la habitación
en la que lo encontré. Las mismas paredes blancas. La misma cama pequeña. Sólo
que esta vez, Adam y Kenji están esperándome. Mi corazón se pone en marcha y de
repente estoy nerviosa.
Adam
está de pie. Está por su cuenta y se ve perfecto. Hermoso. Sano y salvo. No hay
una sola gota de sangre en su cuerpo. Camina hacia adelante sólo con una ligera
molestia, me sonríe sin ninguna dificultad. Su piel está un poco más pálida de
lo normal, pero completamente radiante en comparación con su tez la noche que
llegamos. Su bronceado natural compensa un par de ojos de un tono azul como el
cielo de medianoche.
—Juliette —dice.
No puedo dejar de mirarlo.
Maravillada ante él. Asombrada por lo increíble que se siente saber que está
bien.
—Hola. —Me las arreglo para
sonreír.
—Buenos días a ti también
—interviene Kenji.
Me asusto. Estoy más rosada que
un atardecer de verano, y encogiéndome con la misma rapidez.
—Oh, hola. —Agito una mano
inerte en su dirección.
Resopla.
—Está bien. Terminemos con esto,
¿de acuerdo? —Winston camina hacia una de las paredes, que resulta ser un
armario. Hay un estallido de color en su interior.
Lo saca de la percha.
—¿Puedo, eh, tener un momento a
solas con ella?
Winston se quita las gafas. Y se
frota los ojos.
—Tengo que seguir el protocolo.
Tengo que explicar todo…
—Lo sé… está bien —dice Adam—.
Puedes hacerlo después. Sólo necesito un minuto, te lo prometo. Realmente no he
tenido oportunidad de hablar con ella desde que llegamos aquí.
Winston frunce el ceño. Me mira.
Mira a Adam. Suspira.
—Está
bien. Pero luego, regresaremos. Tengo que asegurarme que todo encaje y tengo
que comprobar la…
—Perfecto. Eso suena muy bien.
Gracias, amigo… —Y los está empujando hacia la puerta.
—¡Espera! —Winston golpea la
puerta para abrirla de nuevo—. Por lo menos haz que se ponga el traje mientras
estamos afuera. De esa manera no será una completa pérdida de mi tiempo.
Adam se queda mirando el
material en la mano extendida de Winston. Él se frota la frente y murmura algo
acerca de la gente siempre malgastando su tiempo, y Adam suprime una sonrisa.
Me mira. Me encojo de hombros.
—Está bien —dice, agarrando el
traje—. Pero ahora tienes que irte… — Y los empuja de nuevo al pasillo.
—Estaremos justo afuera —grita
Kenji—. Como a cinco segundos de distancia…
Adam cierra la puerta detrás de
ellos. Se gira. Sus ojos arden en los míos.
No sé cómo calmar mi corazón.
Intento hablar y fallo.
Él encuentra su voz primero.
—Nunca he tenido oportunidad de
agradecerte —dice.
Dejo caer la mirada. Pretendo
que el calor no está luchando su camino hacia mi rostro. Me pellizco sin
ninguna razón real.
Él da un paso adelante. Se
inclina. Toma mis manos.
—Juliette.
Levanto lentamente la mirada
hacia él.
—Tú salvaste mi vida.
Me
muerdo el interior de la mejilla. Me parece tan tonto decir “de nada” por
salvar la vida de alguien. No sé qué hacer.
—Estoy tan feliz de que estés
bien. —Es todo lo que logro decir.
Él está mirando fijamente mis
labios y me duele en todas partes. Si me besa en este momento no creo que vaya
a dejar que se detenga. Toma una bocanada de aire. Parece recordar que está
sosteniendo algo.
—Oh. ¿Tal vez debería ponerte
esto? —Me entrega una pieza ceñida de algo púrpura. Se ve muy pequeño. Igual
que un mono que podría quedarle a un niño pequeño. Su peso es menos que nada.
Le doy a Adam una mirada en
blanco.
Dice sonriendo:
—Pruébatelo.
Lo miro de otra manera.
—Oh. —Salta hacia atrás, un poco
tímido—. Cierto… yo sólo… sólo me giraré…
Espero hasta que está de espalda
hacia mí antes de exhalar. Miro a mí alrededor. No parece haber ningún espejo
en esta sala. Me libero de la ropa holgada. Coloco cada pieza en el suelo.
Estoy aquí de pie, completamente desnuda, y por un momento estoy demasiado
petrificada para moverme. Pero Adam no se voltea. No dice una palabra. Examino
el brillante material púrpura. Imagino que se supone que es flexible.
Lo es.
De hecho, es inesperadamente
fácil deslizarse en él, como si estuviera diseñado específicamente para mi
cuerpo. Tiene un forro incorporado donde se supone que va la ropa interior, un
apoyo adicional para mi pecho, un cuello que va justo hasta mi cuello, mangas
que tocan mis muñecas, piernas que tocan mis tobillos, una cremallera que lo
une. Examino el material ultra fino. Se siente como si no estuviera
usando nada. Es del más rico color púrpura, ajustado a mi piel pero no apretado
en absoluto. Es transpirable, extrañamente cómodo.
—¿Cómo se ve...? —pregunta Adam.
Suena nervioso.
—¿Puedes ayudarme a subir el
cierre?
Se gira. Abre los labios,
vacila, y me da una increíble sonrisa. Sus cejas están tocando el techo. Me
sonrojo tanto que ni siquiera sé a dónde mirar. Da un paso adelante y me doy la
vuelta, muy deseosa de esconder mi rostro, las mariposas corren a través de mi
pecho. Adam toca mi cabello y me doy cuenta que recorre prácticamente toda mi
espalda. Tal vez es hora de que lo detenga.
Sus dedos son tan cuidadosos.
Empuja las ondas por encima de mi hombro para que no queden atrapadas en la
cremallera. Traza una línea desde la base de mi cuello hasta el comienzo de la
costura, hasta la inclinación en mi espalda baja. Casi no puedo mantenerme en
pie. Mi columna está conduciendo electricidad suficiente para abastecer una
ciudad. Se toma su tiempo subiéndome el cierre. Recorre con sus manos mi
silueta.
—Dios, te ves increíble. —Es lo
primero que me dice.
Me giro. Está presionando su
puño en la boca, intentando ocultar su sonrisa, intentando evitar que las
palabras salgan de sus labios.
Toco el material. Decido que
probablemente debería decir algo.
—Es muy... cómodo.
—Sexy. Levanto la mirada.
Está moviendo la cabeza.
—Es sexy como el infierno.
Da un paso adelante. Me desliza
entre sus brazos.
—Me
veo como una gimnasta —murmuro.
—No —susurra, cálido, caliente,
ardiente contra mis labios—. Te ves como un superhéroe.
Epílogo
Todavía
estoy hormigueando cuando Kenji y Winston irrumpen de nuevo en la habitación.
―Entonces,
¿cómo es este traje que se supone que hará mi vida más fácil? ―pregunto sin
nadie que responda.
Sin
embargo, Kenji se congela en su lugar, mirando sin pedir disculpas. Abre su
boca. La cierra. Mete las manos en sus bolsillos.
Winston
da un paso adelante.
―Se
supone que ayuda con el tema conmovedor ―me dice―. No tienes que preocuparte
sobre ser cubierta de pies a cabeza en este clima impredecible. El material
está diseñado para mantenerte fresca o mantener el calor según la temperatura.
Es ligero y transpirable, por lo que no te sofoca la piel. Asimismo, te
mantendrá a salvo de hacerle daño a alguien sin querer, pero te ofrece también
la flexibilidad de tocar a alguien... intencionalmente. Si alguna vez lo
necesitas.
―Eso
es increíble.
Él
sonríe. Mucho.
―No
hay de qué.
Estudio
el traje más de cerca. Dándome cuenta de algo.
―Pero
mis manos y los pies están totalmente expuestos. ¿Cómo se supone que…?
―Oh,
dispara ―interrumpe Winston―. Casi se me olvida. ―Corre hacia el armario y saca
un par de botines negros sin tacón y un par de guantes negros que se detienen
justo antes del codo. Me los entrega. Estudio el cuero de los accesorios y me
maravillo con la flexibilidad elástica de los botines. Podría hacer ballet y correr
una milla en estos zapatos.
―Estos
deberían quedarte ―dice―. Ellos completan el equipo.
Me
los pongo y me paro en la punta de mis dedos del pie, disfrutando del lujo de
sentir mi nuevo equipo. Me siento invencible. Realmente me gustaría tener un espejo
por primera vez en mi vida. Miro de Kenji a Adam a Winston.
―¿Qué piensan? ¿Está… bien?
Kenji hace un ruido extraño.
Winston mira su reloj.
Adam no puede dejar de sonreír.
Él y yo seguimos a Kenji y
Winston fuera de la habitación, pero Adam hace una pausa para quitarme el
guante izquierdo. Toma mi mano. Entrelaza sus dedos. Me ofrece una sonrisa que
se las arregla para besar a mi corazón.
Y miro a mi alrededor.
Flexiono mi puño.
Toco el material abrazando mi
piel.
Me siento increíble. Mis huesos
se sienten rejuvenecidos, mi piel se siente vibrante, saludable. Tomo una gran
bocanada de aire y saboreo el gusto.
Las cosas están cambiando, pero
esta vez no tengo miedo. Esta vez sé quién soy. Esta vez he tomado la decisión
correcta y estoy luchando para el equipo adecuado.
Me siento segura. Confiada.
Emocionada, incluso.
¿Por qué esta vez?
Porque estoy lista
No hay comentarios:
Publicar un comentario