—¿Por
qué no le preguntas al soldado que es repentinamente tan cariñoso? —xhasquea
Warner, asqueado—. ¿Por qué no te preguntas por qué estás confiando tu vida a
alguien que ni siquiera puede distinguir entre una amenaza real y una
imaginaria?
Adam jura en voz baja.
Cierro los ojos con él y me tira
su arma.
Sacude la cabeza. Jura de nuevo.
Aprieta y afloja el puño.
—Era solamente un simulacro.
Warner realmente se ríe.
Adam mira la puerta, el reloj,
mi cara.
—No tenemos mucho tiempo.
Estoy sosteniendo la pistola de
Warner en mi mano izquierda y la pistola de Adam en mi derecha, ambas señalando
a la cabeza de Warner, hago lo mejor por evitar los ojos que están perforando
en mi dirección. Adam utiliza su mano libre para excavar por algo en su
bolsillo. Saca un par de bandas de sujeción de plástico y patea a Warner su
espalda justo en la unión de sus miembros juntos. Las botas y guantes de Warner
han sido desechadas en el suelo. Adam mantiene una de sus botas presionada
sobre su estómago.
—Un millón de alarmas se
activarán en el minuto en que saltemos por la ventana —me dice—. Vamos a tener
que correr, así que no podemos arriesgarnos a romper nuestras piernas. No
podremos saltar.
—Entonces, ¿qué podemos hacer?
Se pasa la mano por el pelo y se
muerde el labio inferior y por un momento delirante todo lo que quiero hacer es
probarlo. Me fuerzo a volver a enfocarme.
—Tengo la cuerda —dice—. Vamos a
tener que bajar. Y rápido.
Se pone a trabajar, sacando un
rollo de cuerda conectada a una pequeña ancla parecida a una garra. Yo le había
preguntado un millón de veces para qué demonios lo necesitaba, por qué lo
guardaría en su bolsa de escape. Ahora, casi me dan ganas de reír.
Se vuelve hacia mí.
—Voy a bajar primero así podré
atraparte en el otro lado…
Warner
se ríe fuerte, demasiado fuerte.
—No puedes atraparla, bromeas.
—Él se retuerce en sus grilletes de plástico—. Ella no está vistiendo casi
nada. ¡Te matará y se matará a si misma en la caída!
Mis ojos se mueven entre Warner
y Adam. No tengo tiempo para seguir entreteniendo a Warner con sus charadas.
Tomo una decisión apresurada.
—Hazlo. Estaré justo detrás de
ti.
Warner parece enloquecido,
confuso.
—¿Qué estás haciendo?
Lo ignoro.
—Espera…
Lo ignoro.
—Juliette.
Lo ignoro.
—¡Juliette! —Su voz es más
apretada, más alta, mezclada con ira y terror y negación y traición. La
comprensión es una nueva pieza en su mente confundida—. ¿Él puede tocarte?
Adam está envolviendo su puño en
una sabana.
—¡Maldita sea, Juliette,
respóndeme! —Warner está retorciéndose en el suelo, desquiciado, de una manera
que nunca pensé posible. Se ve salvaje, sus ojos están incrédulos, horrorizados—.
¿Te ha tocado?
No puedo entender por qué las
paredes son de repente el techo. Todo se tambalea hacia todos lados.
—Juliette…
Adam rompe el cristal con una
rápida grieta, un puñetazo sólido, e instantáneamente la habitación se llena
con el sonido más histérico, como ninguna alarma que haya oído jamás.
La habitación está haciendo
ruidos bajo mis pies, pasos están tronando por los pasillos, y sé que estamos a
un minuto de ser descubiertos.
Adam lanza la cuerda por la
ventana y arroja su mochila en su espalda.
—¡Tírame
tu bolsa! —grita y apenas lo oigo. Arrojo mi mochila y la atrapa justo antes de
deslizarse por la ventana. Corro a unirme con él.
Warner trata de agarrar mi
pierna.
Su intento falla, casi me caigo,
pero me las arreglo para tropezar mi camino a la ventana sin perder mucho
tiempo. Echo un vistazo a la puerta y siento los latidos acelerados de mi
corazón a través de mis huesos. El sonido de los soldados corriendo y gritando
está cada vez más cerca, más fuerte, más claro por cada segundo.
—¡Date prisa! —me está llamando
Adam.
—Juliette, por favor…
Warner golpea mi pierna otra vez
y grito tan fuerte que casi lo escucho a través de las sirenas rompiéndome los
tímpanos. No voy a mirarlo. No voy a mirarlo. No voy a mirarlo.
Balanceo una pierna por la
ventana y el pestillo en la cuerda. Mis piernas desnudas van a hacer de esto un
suplicio insoportable. Ambas piernas atravesadas.
Mis manos en su lugar. Adam me
llama desde abajo, y no sé cuán lejos está. Warner está gritando mi nombre y
alzo la vista a pesar de mis mejores esfuerzos.
Sus ojos son dos tiros verdes
perforando a través del cristal. Cortando a través de mí.
Tomo una respiración profunda y
espero no morir.
Tomo una respiración profunda y
acomodo mi bajada por la cuerda.
Tomo una respiración profunda y
espero que Warner no se dé cuenta de lo que acaba de suceder.
Espero que él no sepa que me
acaba de tocar la pierna.
Y no pasó nada.
Capitulo 28
Me
estoy quemando.
El
cable está rozando mis piernas en un fuego masivo tan doloroso que me sorprende
que no haya humo. Contengo el dolor porque no tengo otra opción. La histeria
masiva del edifico está arrasando mis sentidos, llueve peligro alrededor de nosotros.
Adam me grita desde abajo, diciéndome que salte, prometiendo que me va a
atrapar. Estoy demasiado avergonzada para admitir que tengo miedo a la caída.
Nunca
he tenido la oportunidad de tomar mi propia decisión.
Los
soldados ya fluyen en lo que solía ser mi habitación, gritando y confundidos,
probablemente sorprendidos de encontrar a Warner en una posición débil. Fue
realmente muy fácil vencerlo. Me preocupa.
Me
hace pensar que hicimos algo mal.
Unos
pocos soldados asoman la cabeza fuera de la ventana rota y estoy desesperada
por la oscilación de la cuerda, pero ya se están moviendo para destrabar el
ancla. Me preparo para la sensación nauseabunda de la caída libre sólo para
darme cuenta de que no están tratando de tirarme. Están tratando de acarrearme
al interior.
Warner
debe estar diciéndoles qué hacer.
Echo
una mirada hacia Adam debajo de mí, y finalmente, cedo a sus llamadas. Aprieto
los ojos cerrados y me dejo ir.
Y
caigo derecho en sus brazos abiertos.
Colapsamos
en el suelo, pero la respiración es eliminada de nosotros sólo por un momento.
Adam toma mi mano y luego estamos corriendo.
No
hay nada más que un espacio vacío y estéril que se extiende por delante de
nosotros. Asfalto roto, pavimento irregular, caminos de tierra, árboles desnudos,
plantas que mueren, una ciudad amarillenta abandonada a los elementos que se
ahogan en las hojas secas que crujen bajo nuestros pies. Los compuestos civiles
son cortos y rechonchos, agrupados juntos en ningún orden en particular, y Adam
se asegura de estar lo más lejos de ellos posible. Los altavoces ya están
funcionando en nuestra contra.
El sonido de una joven y
suavemente mecánica voz de mujer ahoga las sirenas.
—El toque de queda está ahora en efecto. Todo el mundo
debe regresar a sus hogares inmediatamente. Hay rebeldes sueltos. Están sueltos
y listos para abrir fuego. El toque de queda está ahora en efecto. Todo el
mundo debe regresar a sus hogares inmediatamente. Hay rebeldes sueltos. Están
sueltos y listos para abrir fu...
Mis costados están acalambrados,
mi piel está firme, mi garganta seca, desesperada por agua. No sé cuán lejos
hemos corrido. Todo lo que sé es el sonido de las botas golpeando el pavimento,
el chirrido de los neumáticos descamándose fuera de las unidades de almacenamiento
subterráneo, alarmas gimiendo a nuestro paso.
Miro hacia atrás para ver a la
gente gritando y corriendo en busca de refugio, esquivando a los soldados que
se precipitan a sus casas, golpeando las puertas para ver si hemos tomado
refugio en algún lugar del interior. Adam me aleja de la civilización y se
dirige hacia las calles abandonadas en una década anterior: viejas tiendas y
restaurantes, estrechas calles laterales y patios de juegos abandonados. La
tierra irregular de nuestras vidas pasadas ha estado estrictamente fuera de los
límites. Es territorio prohibido. Todo está cerrado. Todo está roto, cerrado,
oxidado, cerrado, sin vida. Nadie está autorizado a invadir aquí. Ni siquiera
los soldados.
Y estamos de carga en estas
calles, tratando de mantenernos fuera de vista.
El sol se desliza por el cielo y
pasa ligero por el borde de la tierra. La noche vendrá pronto y no tengo idea
de dónde estamos. Nunca esperé que tanto sucediera tan rápido, y no esperaba
que todo esto sucediera el mismo día. Sólo tengo la esperanza de sobrevivir,
pero no tengo la menor idea de a dónde nos estamos dirigiendo. No se me ocurrió
preguntarle a Adam dónde podemos ir.
Nos lanzamos en un millón de
direcciones. Volviendo abruptamente, yendo adelante unos pocos pasos, sólo para
regresar al camino opuesto. Mi mejor conjetura es que Adam está tratando de
confundir y/o distraer a nuestros seguidores tanto como sea posible. No puedo
hacer nada, sino tratar de seguir el ritmo.
Y
fallo.
Adam es un soldado entrenado.
Está construido exactamente para este tipo de situaciones. Él sabe cómo huir,
cómo mantenerse discreto, cómo moverse silenciosamente en cualquier sitio. Yo,
por el contrario, soy una chica rota que no se ha ejercitado por mucho tiempo.
Mis pulmones están quemando por el esfuerzo de inhalar oxígeno, respirando
silbante con el esfuerzo de exhalar el dióxido de carbono.
De repente, estoy jadeando tan
desesperada que Adam se ve obligado a tirar de mí a un lateral de la calle.
Estoy respirando un poco más fuerte que lo usual, pero he adquirido un trabajo
de tiempo completo atragantándome con la debilidad de mi cuerpo inerte.
Adam toma mi cara entre sus
manos y trata de enfocar mis ojos.
—Quiero
que respires como yo, ¿de acuerdo?
Resuello un poco más.
—Concéntrate,
Juliette. —Sus
ojos están tan decididos. Infinitamente paciente. Se ve sin miedo y yo envidio
su compostura—. Calma tu corazón —dice—. Respira exactamente como yo.
Toma 3 respiraciones pequeñas,
las mantiene durante unos segundos, y las libera en una larga exhalación. Trato
de copiarlo. No soy muy buena en eso.
—Está
bien. Quiero que mantengas la respiración como… —se detiene. Sus ojos se mueven hacia arriba y
alrededor de la calle abandonada por una fracción de segundo. Sé que tenemos
que movernos.
Unos disparos rompen la
atmósfera. Nunca me había dado cuenta de lo fuerte que son o lo mucho que el
sonido rompe cada hueso que funciona en mi cuerpo. Un escalofrío helado se
filtra a través de mi sangre, y sé de inmediato que no están tratando de
matarme. Están tratando de matar a Adam.
De repente, estoy asfixiada por
un nuevo tipo de ansiedad. No puedo dejar que le hagan daño.
No por mí.
Pero Adam no tiene tiempo para
mí, para que recupere el aliento y encuentre mi cabeza. Me tira encima de él y
en sus brazos y sale en una carrera diagonal a través de otro callejón.
Y estamos corriendo.
Y
estoy respirando.
Y él grita.
—¡Pon
tus brazos alrededor de mi cuello! —Y
libero el asimiento que tengo en su camiseta y soy lo
suficientemente estúpida como para sentir vergüenza mientras deslizo mis brazos
a su alrededor. Me reajusta contra él, así que estoy más alta, más cerca de su
pecho. Me lleva como si pesara menos que nada.
Cierro los ojos y presiono mi
mejilla contra su cuello.
Los disparos están en algún
lugar detrás de nosotros, pero hasta ahora puedo decir que el sonido está
demasiado lejos y demasiado lejos en la dirección equivocada. Parece que
estamos momentáneamente superándolos. Sus autos no pueden ni siquiera
encontrarnos, debido a que Adam ha evitado todas las calles principales. Parece
tener su propio mapa de esta ciudad. Él parece saber exactamente lo que está
haciendo como si lo hubiese estado planeando durante mucho tiempo.
Después de inhalar exactamente
594 veces, Adam me deja caer en mis pies delante de un tramo de valla metálica.
Me doy cuenta de que está luchando para tragar el oxígeno, pero él no jadea
como yo. Sabe cómo regular su respiración. Sabe cómo calmar sus impulsos,
calmar su corazón, mantener el control de sus órganos. Sabe cómo sobrevivir.
Espero que me enseñe, también.
—Juliette
—dice después
de un momento sin aliento—,
¿puedes saltar la valla?
Estoy tan entusiasmada de ser
más que un bulto inútil que casi me echo hacia arriba y sobre la barrera de
metal. Pero soy imprudente. Y demasiado precipitada. Prácticamente rasgo mi
vestido y rasguño mis piernas en el proceso. Me estremezco contra el dolor
punzante, y en el momento que llego a abrir mis ojos, Adam ya está de pie junto
a mí.
Mira hacia abajo a mis piernas y
suspira. Casi se ríe. Me pregunto lo que debo parecerle, hecha jirones y
salvaje en este vestido destrozado. La raja que Warner creó ahora se detiene en
el hueso de mi cadera. Debo parecer un animal enloquecido.
A Adam no parece importarle.
Él también ha reducido la
velocidad. Nos estamos moviendo en una caminata a paso rápido ahora, no estamos
ya acorralados por las calles. Me doy cuenta de que debemos estar cerca de algo
semejante a un lugar seguro, pero no estoy segura de si debo hacer preguntas
ahora, o guardarlas para más adelante. Adam responde a mis pensamientos
silenciosos.
—No serán capaces de rastrearme aquí afuera —dice, y me doy
cuenta de que todos los soldados deben tener algún tipo de dispositivo de
seguimiento en su persona. Me pregunto por qué nunca tuve uno.
No debería ser tan fácil
escapar.
—Nuestros
rastreadores no son tangibles —explica. Doblamos a la izquierda en otro callejón. El
sol apenas se sumerge por debajo del horizonte. Me pregunto dónde estamos. A
cuánta distancia de los asentamientos del Restablecimiento debemos estar, ya
que no hay gente aquí.
—Es
un suero especial que se inyecta en la sangre —continua—, y está diseñado para funcionar con procesos
naturales de nuestro cuerpo. Se sabría, por ejemplo, si yo muriera. Es una
excelente manera de llevar un registro de los soldados perdidos en combate. —Me mira por el
rabillo de su ojo. Sonríe en una sonrisa torcida que quiero besar.
—Entonces,
¿cómo confundes al rastreador?
Su sonrisa se hace más grande.
Agita una mano alrededor nuestro.
—¿Este
espacio donde estamos? Se utilizó para una planta de energía nuclear. Un día, todo
el conjunto explotó.
Mis ojos son tan grandes como mi
cara.
—¿Cuándo
sucedió eso?
—Hace
unos cinco años. Lo limpiaron con bastante rapidez. Lo ocultaron a los medios
de comunicación, de la gente. Nadie sabe realmente lo que pasó aquí. Sin
embargo, la radiación por sí sola es suficiente para matar. —Hace una pausa—. Esto ya lo
tiene.
Deja de caminar.
—He
estado atravesando esta área un millón de veces ya, y no he estado afectado por
ella. Warner solía enviarme aquí para recoger muestras del suelo. Quería
estudiar los efectos. —Se
pasa la mano por el pelo—.
Creo que tenía la esperanza de manipular la toxicidad en un veneno de algún
tipo. La primera vez que vine aquí, pensé que Warner había muerto. El
rastreador está relacionado con todos nuestros sistemas de procesamiento
principales, una alerta se apaga cada vez que se pierde un soldado. Él sabía
que había un riesgo al enviarme, así que no creo que estuviese demasiado
sorprendido al oír que había muerto. Estaba más sorprendido al verme volver. —Se encoge de
hombros, como si su muerte hubiera sido un detalle insignificante—. Hay algo
aquí acerca de los productos químicos que contrarresta la composición
molecular del dispositivo de rastreo. Así que, básicamente, en estos momentos
todo el mundo piensa que estoy muerto.
—¿Warner
no sospecha que puedes estar aquí?
—Tal
vez. —Entrecierra
los ojos hacia la descolorada luz del sol. Nuestras sombras son largas e
inmóviles—.
O podría haber recibido un disparo. En cualquier caso, nos compra algo de
tiempo.
Toma mi mano y me sonríe antes
de que algo choque contra mi consciencia.
—¿Y
yo qué? —pregunto—. ¿No puede
esta radiación matarme? —Espero
no sonar tan nerviosa como me siento. Nunca en mi vida he querido tanto estar
viva. No quiero perder todo tan pronto.
—Oh…
no. —Sacude
la cabeza—.
Lo siento, me olvidé de decirte, ¿una de las razones por las que Warner quería
que yo recogiera las muestras? Es porque eres inmune a ello, también. Te estaba
estudiando. Dijo que encontró la información en tus registros de hospitales.
Has sido estudiada…
—Pero
nadie…
—…probablemente
sin tu conocimiento, y pese a las pruebas del dispositivo de rastreo, estabas
completamente compuesta, biológicamente hablando. No había nada inherentemente
malo en ti.
No hay nada inherentemente malo
en ti.
La observación es tan
descaradamente falsa que en realidad me echo a reír. Trato de reprimir mi
incredulidad.
—¿No
hay nada malo en mí? Estás bromeando, ¿verdad?
Adam me observa tanto tiempo que
me ruborizo. Toma mi barbilla hacia arriba así que me encuentro con sus ojos.
Azul azul azul taladrando en mí. Su voz es profunda y constante.
—No
creo que alguna vez te haya oído reír.
Eso es tan terriblemente
correcto que no sé cómo responder, salvo con la verdad. Mi sonrisa se esconde
en una línea recta.
—La
risa proviene de vivir. —Me
encojo de hombros, tratando de sonar indiferente—. Yo nunca antes he vivido realmente.
Sus ojos no han titubeado de su
enfoque. Me mantiene en el lugar con la fuerza de una poderosa atracción que
viene de lo profundo de él. Casi puedo sentir su corazón
latiendo contra mi piel. Casi puedo sentir sus labios respirando en contra de
mis pulmones. Casi puedo probarlos con mi lengua.
Toma un suspiro tembloroso y me
jala cerca. Besa la cima de mi cabeza.
—Vamos
a casa —susurra.
Capítulo 29
Hogar.
Hogar.
¿Qué
quiere decir?
Abro
mis labios para hacer la pregunta y su sonrisa furtiva es la única respuesta
que recibo. Estoy avergonzada y emocionada y ansiosa e impaciente. Mi estómago
se llena de tambores que golpean en sincronía con mi corazón. Estoy casi
tarareando con los nervios electrificados.
Cada
paso es un paso a lo sagrado, lejos de Warner, lejos de la futilidad de la
existencia que siempre he conocido. Cada paso es porque lo quiero. Por primera
vez en mi vida, camino hacia adelante porque quiero, porque siento la esperanza
y el amor y la alegría de la belleza, porque quiero saber lo que es vivir.
Podría saltar para atrapar una brisa y vivir en sus formas para siempre.
Me
siento como si hubiera estado preparando mis alas.
Adam
me lleva a un galpón abandonado a las afueras de este campo salvaje, invadido
por la pícara vegetación y tentáculos de arbustos, enloquecidos y horribles,
probablemente infestados de veneno. Me pregunto si esto es donde Adam quiere
que nos quedemos. Entro en el espacio oscuro y entrecierro los ojos. Un esquema
viene a la luz.
En
el interior hay un auto.
Parpadeo.
No
sólo un auto. Un tanque.
Adam
casi no puede controlar su ansiedad. Él mira mi cara por una reacción y parece
contento con mi asombro. Sus palabras salen.
―Convencí
a Warner de que había conseguido romper uno de los tanques que traje aquí.
Estas cosas están diseñadas para funcionar con electricidad, así que le dije que
la unidad principal se freía en contacto con trazas de químicos. Fue corrompida
por algo en la atmósfera. Él consiguió un coche para entregarme y recogerme
después de eso, y dijo que debería dejar el tanque donde estaba. ―Estuvo a
punto de sonreír―. Warner me enviaba aquí en contra de los deseos de su padre,
y no quería que nadie supiera que había roto un tanque de 500 mil dólares. El
informe oficial dice que fue secuestrado por los rebeldes.
―¿No pudo alguien más haberse
presentado y visto el tanque estacionado aquí?
Adam abre la puerta del
pasajero.
―Los civiles se quedan lejos,
muy lejos de este lugar, y no hay otro soldado que haya venido hasta aquí.
Nadie más quería correr el riesgo a la radiación. ―Ladeo la cabeza―. Es una de
las razones por las que Warner te confió a mí. Le gustaba que yo estuviera
dispuesto a morir por mi deber.
―Nunca pensó que te pasaras de
la raya ―murmuro, comprendiendo.
Adam sacude la cabeza.
―No. Y después de lo ocurrido
con el suero de seguimiento, no tenía ninguna razón para dudar de que las cosas
locas eran posibles aquí. Desactivé una unidad eléctrica del tanque por mí
mismo, en caso de que lo quisiera ver. ―Asiente con la cabeza de vuelta al
monstruoso vehículo―. Tuve la sensación de que sería útil algún día. Siempre es
bueno estar preparado.
Preparado. Él siempre estaba preparado. Para correr. Para
escapar.
Me pregunto por qué.
―Ven aquí ―dice, su voz
notablemente más suave. Llega a mí en la penumbra y yo pretendo que sea una
feliz coincidencia el que sus manos rozaran mis piernas desnudas. Pretendo que
no se siente increíble tenerlo luchando con los rasgones en mi vestido mientras
me ayuda a meterme en el tanque. Finjo que no puedo ver la forma en que me mira
mientras el último rayo de sol cae por debajo del horizonte.
―Tengo que cuidar de tus piernas
―dice, un susurro contra mi piel, electrizando mi sangre. Por un momento, ni
siquiera entiendo lo que quiere decir. Ni siquiera me importa. Mis pensamientos
son tan poco prácticos que me sorprendo. Nunca he tenido la libertad de tocar a
nadie antes. Ciertamente, nadie ha querido mis manos sobre ellos. Adam es una
experiencia completamente nueva.
Tocarlo es todo en lo que quiero
pensar.
―Los
cortes no son tan malos ―continúa, las puntas de sus dedos corriendo por mis
piernas. Apesto en mi respiración―. Pero vamos a tener que limpiarlos, por si
acaso. A veces es más seguro ser cortado por un cuchillo que rayarse por un
trozo de metal al azar. No quieres que se infecte.
Él mira hacia arriba. Su mano
está ahora en mi rodilla.
Estoy moviendo la cabeza y no sé
por qué. Me pregunto si estoy temblando en el exterior tanto como en el
interior. Espero que esté demasiado oscuro para que no pueda ver que tan roja
está mi cara, lo vergonzoso que es que él no pueda tocarme la rodilla sin que
me vuelva loca. Tengo que decir algo.
―Probablemente, debemos irnos,
¿verdad?
―Sí. ―Él toma una respiración
profunda y parece que vuelve a sí mismo―. Sí. Tenemos que irnos. ―Se asoma a la
luz del atardecer―. Tenemos algo de tiempo antes de que se den cuenta que
todavía estoy vivo. Y tenemos que usarlo a nuestro favor.
―Pero una vez que salgamos de
este lugar, ¿no verán que el tanque funciona otra vez? ¿No sabrán que no estás
muerto?
―No. ―Él salta hacia el lado del
conductor y busca a tientas por el encendido. No hay ninguna llave, sólo un
botón. Me pregunto si reconoce la huella digital de Adam como autorización. Un
pequeño chisporroteo y la máquina ruge a la vida―. Warner tenía que renovar mi
suero de seguimiento cada vez que volvía. ¿Una vez que se ha ido? Se ha ido
―dice sonriendo―. Así que ahora podemos realmente desatar el infierno aquí.
―Pero, ¿dónde vamos? ―pregunté
finalmente.
Se pone en marcha antes de
responder.
―A mi casa.
Capítulo 30
Tienes
una casa? ―Estoy demasiado sorprendida para los modales.
Adam
se ríe y sale del campo. El tanque es sorpresivamente rápido, veloz y sigiloso.
El motor se tranquiliza hasta ser sólo un zumbido suave y me pregunto si esa
fue la razón por la cual cambiaron el motor de combustible a electricidad. Era
ciertamente menos notable de esta manera.
―No
exactamente ―responde―. Sin embargo, una especie de hogar. Sí.
Quería
preguntar y no quería preguntar y necesitaba preguntar y nunca querer
preguntar. Tenía que preguntar. Me acerque.
―Tu
padr….
―Ha
estado muerto desde hace tiempo. ―Adam ya no sonreía. Su voz estaba tirante con
algo que yo sólo quisiera colocar. Dolor.
Amargura.
Furia.
―Oh.
Manejamos
en silencio, cada uno absorbido en sus propios pensamientos. No me atrevo a
preguntarle qué había pasado con su madre. Sólo me pregunto como había salido
tan bien a pesar de tener un padre tan despreciable. Y también por qué se unió
al ejército si lo odiaba tanto. Ahora mismo, soy demasiado tímida como para
preguntar, no quiero violar sus límites emocionales. Dios sabe que yo tengo
millones.
Me
asomo por la ventana y fuerzo mi mirada para ver por donde estamos pasando,
pero no puedo ver más allá que los tristes tramos de tierra desierta a la que
me había acostumbrado. No hay civiles en donde estamos: bastante lejos de los
asentimientos restablecidos y los compuestos civiles. Noto otro tanque
patrullando a no más de 30 metros, pero creo que no nos vio. Adam está
manejando sin las luces
delanteras encendidas, probablemente para atraer la menor atención posible
hacia nosotros. No sé como hace para manejar, la luna es nuestra única luz en
el camino.
Está inquietamente tranquilo.
Por un momento le permito a mis
pensamientos volver hacia Warner, preguntándome qué estaría haciendo ahora,
cuántas personas deberían estar buscándome, qué tan lejos iría él para
recuperarme. Quiere a Adam muerto. Me quiere a mí viva. Él no se va a detener
hasta que este atrapada a su lado.
No puede nunca nunca nunca saber
que no lo puedo tocar.
Sólo me puedo imaginar lo que
haría si tuviera acceso a mi cuerpo.
Suelto un rápido, fuerte,
tembloroso aliento y contemplo a Adam para decirle lo que pasaba. No. No. No.
No. Cierro mis ojos con fuerza y considero que tal vez había juzgado mal la
situación. Era caótica. Mi cerebro estaba distraído. Tal vez me lo había
imaginado. Sí.
Tal vez me lo había imaginado.
Era ya demasiado extraño que
Adam pudiera tocarme. La posibilidad de que hubiera dos personas en este mundo
inmunes a mi toque no parecía posible. Es más, cuanto más lo pienso, más
decidida estoy en que he cometido un error. Podría haber sido cualquier cosa
rozando mi pierna, tal vez un pedazo de la remera que Adam abandonó luego de
usarla para golpearla a través de la ventana. Tal vez una almohada que se había
caído de la cama o los guantes de Warner tirados en el piso. Sí.
No hay manera de que me hubiera
tocado, porque si lo hubiera hecho, hubiera llorado de agonía. Como cualquier
otra persona.
La mano de Adam se desliza
silenciosamente en la mía y tomo sus dedos con ambas manos, de repente
desesperada por asegurarme de que sea inmune hacia mí. De repente, estoy
desesperada de beber cada gota de su ser, saborear todo momento que no había
conocido antes.
De repente, estoy preocupada por
que este fenómeno tuviera fecha de vencimiento. Un reloj marcando las doce. Un
carruaje de calabaza.
La posibilidad de perderlo.
La posibilidad de perderlo.
La
posibilidad de perderlo son 100 años de soledad que no me quiero imaginar. No
quiero que mis brazos sean arrancados de su calidez. Su tacto. Sus labios.
Dios, sus labios, su boca en mi
cuello, su cuerpo envuelto en el mío, sosteniéndome junto con él como para
afirmar que mi existencia en este mundo no es para nada.
La comprensión es un péndulo del
tamaño de la luna, no para de pegarme.
―¿Juliette?
Me trago la piedra de mi
garganta.
―¿Sí?
―¿Por qué estás llorando…? ―Su
voz es casi tan gentil como su mano mientras la libera de mi agarre. Toca las
lagrimas corriendo por mi cara y yo estoy tan humillada que casi no sé que decir.
―Me puedes tocar ―digo por
primera vez, reconociéndolo en voz alta por primera vez. Mis palabras se
transforman en un susurro―. Me puedes tocar. Te importo y no sé por qué, eres
amable conmigo cuando no tienes por qué serlo. A mi propia madre no le importaba
demasiado como par-pa-…―Mi voz se quiebra y aprieto mis labios. Los frunzo y me
fuerzo a estar quieta. Soy una roca, una estatua, un movimiento congelado en el
tiempo, el hielo no siente nada.
Adam no contesta, no dice ni una
sola palabra hasta que se sale del camino en dirección a un estacionamiento
bajo tierra. Supongo que hemos llegado a algo de civilización, pero esta muy
oscuro bajo tierra. No puedo ver más allá de nada y me vuelvo a preguntar cómo
Adam puede manejar. Mis ojos cayeron en la pantalla iluminada en su tablero
para darme cuenta que el depósito tenía visón nocturna. Claro.
Adam apaga el motor. Lo escucho
suspirar. Apenas puedo distinguir su silueta antes de sentir su mano en mi
muslo y su otra mano tropezando por mi cuerpo hasta encontrar mi cara. Una
calidez se extiende por mis miembros como lava caliente, las puntas de los
dedos de mis pies y de mis manos están hormigueando a la vida y me tengo que
morder el temblor para mantener fuerte mi cuerpo.
―Juliette ―suspira y me doy
cuenta de cuán cerca está de mí. No estoy segura de cómo no me había evaporado
en nada todavía―. Siempre hemos sido tú y yo contra el mundo ― dice―. Siempre
ha sido así. Es mi culpa que haya tardado tanto en hacer algo sobre eso.
―No. ―Sacudo mi cabeza―. No es
tu cul...
―Sí
lo es. Me enamoré de ti hace mucho tiempo atrás. Sólo que nunca había tenido
valor para actuar.
―Porque te podría haber matado.
Se ríe con una risa silenciosa.
―Porque no creía que te
mereciera.
Soy un trozo de asombro forzado
a existir.
―¿Qué?
Él toca su nariz con la mía, se
inclina hacia mi cuello, enreda un mechón de mi pelo entre sus dedos y no
puedo, no puedo, no puedo respirar.
―Eres tan… buena ―susurra.
―Pero mis manos...
―Nunca han hecho nada para
lastimar a alguien. ―Estaba a punto de protestar cuando se corrige por sí
solo―. No a propósito. ―Se echa atrás. Apenas lo puedo ver frotándose el lado
de su cuello―. Tú nunca te defendiste ―dice, luego de un momento―. Siempre me
pregunté el por qué. Nunca gritaste o te enojaste o trataste de decirle algo a
alguien ―dice y sé que ambos estamos de vuelta en el tiempo en tercer, cuarto,
quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno grado de nuevo―. Pero, demonios, debes
haber leído un millón de libros. ―Sé que está sonriendo cuando lo dice. Una
pausa―. No molestabas a nadie, pero eras un blanco en movimiento todos los
días. Te podrías haber defendido, podrías haber lastimado a todos si hubieras
querido.
―No quería herir a nadie. ―Mi
voz es menos que un suspiro. No puedo sacarme la imagen de un Adam de ocho años
de edad tirado en el piso, roto, abandonado, llorando en la tierra. Las cosas
que la gente hace por poder.
―Ese es el por qué de que nunca
serás lo que Warner quiere que seas.
Estoy mirando a un punto en la
oscuridad, mi mente repasando todas las posibilidades.
―¿Cómo puedes estar tan seguro?
Sus labios están tan cerca de
los míos.
―Porque aún te importa una
mierda el mundo.
Yo
jadeo y él me besa, de manera profunda, poderosa y sin restricciones. Sus
brazos envuelven mi espalda, tirando de mi cuerpo hasta que estoy casi
horizontalmente y no me importa. Mi cabeza está en el asiento, su figura sobre
mí, sus manos agarrando mis caderas por debajo de mi vestido hecho jirones y
estoy siendo quemada por un millón de llamas por querer esto tan
desesperadamente que no puedo ni respirar. Él es un baño caliente, un largo
respiro, cinco días de verano comprimidos en cinco dedos escribiendo historias
en mi cuerpo. Soy un desastre embarazoso de nervios que colapsan en él,
controlados por una corriente de electricidad corriendo por mi cuerpo. Su olor
nubla mis sentidos.
Sus ojos.
Sus manos.
Su pecho.
Sus labios están en mi oreja
cuando susurra.
―Estamos aquí, por cierto.
―Estaba respirando mas fuerte ahora que cuando estaba corriendo por su vida.
Sentí su corazón latir contra mis costillas. Sus palabras son un susurro roto―.
Tal vez deberíamos ir adentro. Es más seguro. ―Pero no se mueve.
Casi no entiendo de lo que
estaba hablando, solamente asiento, mi cabeza moviéndose sobre mi cuello, hasta
que recuerdo que no me puedo ver. Trato de recordar cómo respirar, pero estoy
concentrada en los dedos corriendo por mis muslos como para formar una oración.
Hay algo en la oscuridad absoluta, sobre no poder ver qué es lo que está
pasando que me hace sentir borracha con un delicioso mareo.
―Sí. ―Es todo lo que puedo
decir.
Me ayuda a ponerme en una
posición sentada, inclinando su frente sobre la mía.
―Lo siento ―dice―. Es demasiado
difícil detenerme por mi propia cuenta. ―Su voz es peligrosamente ronca; sus
palabras estremeciendo mi piel.
Le permito a mis manos
deslizarse por debajo de su remera y lo siento ponerse rígido, tragar. Trazo
las perfectas líneas esculpidas de su cuerpo. No es nada más que magro músculo.
―No tienes que hacerlo ―le digo.
Su corazón late tan rápido que
no puedo distinguirlo del mío. Hacía cinco mil grados en el aire entre
nosotros. Sus dedos están apenas debajo del hueso de mi cadera,
burlándose del pequeño pedazo de tela que me mantiene medianamente decente.
―Juliette…
―¿Adam?
Mi cuello se gira con sorpresa.
Miedo. Ansiedad. Adam deja de moverse, congelado en frente de mí. No estoy
segura de si respiro. Miro a mi alrededor, pero no puedo encontrar una cara que
se una con la voz que llamó su nombre y empiezo a asustarme antes de que Adam
abra de un golpe la puerta, saliendo antes de escucharla de nuevo.
―Adam… ¿eres tú?
Es un niño.
―¡James!
El sonido sordo del impacto, dos
cuerpos chocando, dos voces tan felices para ser peligroso.
―¡No puedo creer que seas tú!
Quiero decir, bueno, pensé que eras tú porque creí escuchar algo y en un
principio pensé que no era nada, pero luego decidí que probablemente debería
echar un vistazo sólo para saber porque tal vez era tú y…―Hace una pausa―.
Espera… ¿qué estás haciendo aquí?
―Estoy en casa. ―Adam se ríe
ligeramente.
―¿De verdad? ―pregunta James―.
¿Estas en casa de verdad?
―Sí ―suspira―. Dios, es bueno
verte.
―Te extrañé ―dice James,
tranquilo de repente.
Una respiración profunda.
―Yo también, chico. Yo también.
―Así que… ¿has comido algo?
Benny me acaba de dejar mi paquete con la cena, y podría compartirlo conti...
―¿James?
Hace una pausa.
―¿Sí?
―Hay
alguien que quiero que conozcas.
Mis palmas están sudorosas, mi
corazón en mi garganta. Escucho a Adam caminar de vuelta al tanque y no me doy
cuenta de que su cabeza ya estaba dentro hasta que no activa un botón. Una
ligera luz de emergencia ilumina la cabina. Pestañeo un par de veces y veo a un
joven niño parado a más o menos 1,50 metros, sucio pelo rubio enmarcando su
cara redonda, con ojos azules que me eran demasiado familiares. Él frunce sus
labios con concentración, mirándome. Adam abre mi puerta y me ayuda a pararme,
apenas capaz de contener una sonrisa en su cara y yo estoy sorprendida por el
nivel de mi propio nerviosismo. No sé por qué lo estoy, pero Dios, estoy
nerviosa. Ese niño obviamente es importante para Adam, y no sé por qué que este
momento es importante para mí también. Estoy tan nerviosa de que vaya a
arruinarlo. Trato de arreglar las partes rotas de mi vestido, trato de suavizar
las arrugas de la tela, me paso los dedos por mi pelo… No tiene sentido, es
inútil. El pobre chico está petrificado.
Adam me guía hacia delante.
James es unos centímetros mas bajo que yo, pero es obvio en su cara que es
joven, su honor no manchado, no tocado por la dura realidad del mundo. Quería
disfrutar de la belleza de su inocencia.
―¿James? Ella es Juliette. ―Adam
me mira―. Juliette, este es mi hermano, James.
Capítulo 31
Su
hermano.
Trato
de quitarme de encima los nervios. Trato de sonreír al muchacho estudiando mi
cara, estudiando las patéticas telas que apenas cubren mi cuerpo. ¿Cómo no
sabía que Adam tenía un hermano? ¿Cómo nunca lo he conocido?
James
se vuelve hacia Adam.
―¿Esta es Juliette?
Estoy
aquí de pie como un insignificante bulto. No recuerdo mis modales.
―¿Sabes
quién soy?
James
se vuelve de nuevo en mi dirección.
―Oh,
sí. Adam habla mucho de ti.
Me
sonrojo y no puedo dejar de echar un vistazo a Adam. Él está mirando fijamente
un punto en el suelo. Se aclara la garganta.
―Es
realmente un placer conocerte ―me las arreglo.
James
ladea la cabeza.
―Entonces,
¿siempre vistes de esa manera?
Me
gustaría morir un poco.
—¡Eh,
chico! ―interrumpe Adam―. Juliette se va a quedar con nosotros por un tiempo.
¿Por qué no vas a asegurarte de que no tienes nada de ropa interior tendida en
el suelo, eh?
James
luce horrorizado. Corre en la oscuridad sin decir una palabra. Todo
está tranquilo por tantos segundos que pierdo la cuenta. Escucho algún tipo de
goteo en la distancia.
Tomo una respiración profunda.
Muerdo mi labio inferior. Trato de encontrar las palabras adecuadas. Fallo.
―No sabía que tenías un hermano.
Adam duda.
―¿Está bien... que lo tenga?
Todos vamos a estar compartiendo el mismo espacio y yo...
Mi estómago cae sobre mis
rodillas.
―¡Por supuesto que está bien! Yo
sólo… me refiero… ¿estás seguro que está bien… por él? ¿Si estoy aquí?
―No hay ropa interior en ningún
lugar ―anuncia James, marchando hacia la luz.
Me pregunto dónde desapareció,
dónde está la casa. Me mira.
―Así que, ¿te vas a quedar con
nosotros?
Adam interviene.
―Sí. Ella va a quedarse con
nosotros durante un tiempo.
James mira de mí hacia Adam y a
mí otra vez. Extiende su mano.
―Bueno, es bueno conocerte al
fin.
Todo el color fluye de mi cara.
Mi corazón late con fuerza en mis oídos. Mis rodillas están a punto de
romperse. No puedo dejar de mirar su pequeña mano extendida, ofreciéndomela.
―James ―dice Adam un poco
cortante.
James se echa a reír.
―Sólo estaba bromeando. ―Deja
caer su mano.
―¿Qué? ―Apenas puedo respirar.
Mi cabeza da vueltas, confundida.
―No te preocupes ―dice James,
sin dejar de reír―. No voy a tocarte. Adam me contó todo acerca de tus poderes
mágicos. ―Pone los ojos en blanco.
―¿Adam… dijo… él… qué?
No hay comentarios:
Publicar un comentario