martes, 25 de marzo de 2014

SHATTER ME, parte 8

—¿Por qué no le preguntas al soldado que es repentinamente tan cariñoso? —xhasquea Warner, asqueado—. ¿Por qué no te preguntas por qué estás confiando tu vida a alguien que ni siquiera puede distinguir entre una amenaza real y una imaginaria?
Adam jura en voz baja.
Cierro los ojos con él y me tira su arma.
Sacude la cabeza. Jura de nuevo. Aprieta y afloja el puño.
—Era solamente un simulacro.
Warner realmente se ríe.
Adam mira la puerta, el reloj, mi cara.
—No tenemos mucho tiempo.
Estoy sosteniendo la pistola de Warner en mi mano izquierda y la pistola de Adam en mi derecha, ambas señalando a la cabeza de Warner, hago lo mejor por evitar los ojos que están perforando en mi dirección. Adam utiliza su mano libre para excavar por algo en su bolsillo. Saca un par de bandas de sujeción de plástico y patea a Warner su espalda justo en la unión de sus miembros juntos. Las botas y guantes de Warner han sido desechadas en el suelo. Adam mantiene una de sus botas presionada sobre su estómago.
—Un millón de alarmas se activarán en el minuto en que saltemos por la ventana —me dice—. Vamos a tener que correr, así que no podemos arriesgarnos a romper nuestras piernas. No podremos saltar.
—Entonces, ¿qué podemos hacer?
Se pasa la mano por el pelo y se muerde el labio inferior y por un momento delirante todo lo que quiero hacer es probarlo. Me fuerzo a volver a enfocarme.
—Tengo la cuerda —dice—. Vamos a tener que bajar. Y rápido.
Se pone a trabajar, sacando un rollo de cuerda conectada a una pequeña ancla parecida a una garra. Yo le había preguntado un millón de veces para qué demonios lo necesitaba, por qué lo guardaría en su bolsa de escape. Ahora, casi me dan ganas de reír.
Se vuelve hacia mí.
—Voy a bajar primero así podré atraparte en el otro lado… 
 Warner se ríe fuerte, demasiado fuerte.
—No puedes atraparla, bromeas. —Él se retuerce en sus grilletes de plástico—. Ella no está vistiendo casi nada. ¡Te matará y se matará a si misma en la caída!
Mis ojos se mueven entre Warner y Adam. No tengo tiempo para seguir entreteniendo a Warner con sus charadas. Tomo una decisión apresurada.
—Hazlo. Estaré justo detrás de ti.
Warner parece enloquecido, confuso.
—¿Qué estás haciendo?
Lo ignoro.
—Espera…
Lo ignoro.
—Juliette.
Lo ignoro.
—¡Juliette! —Su voz es más apretada, más alta, mezclada con ira y terror y negación y traición. La comprensión es una nueva pieza en su mente confundida—. ¿Él puede tocarte?
Adam está envolviendo su puño en una sabana.
—¡Maldita sea, Juliette, respóndeme! —Warner está retorciéndose en el suelo, desquiciado, de una manera que nunca pensé posible. Se ve salvaje, sus ojos están incrédulos, horrorizados—. ¿Te ha tocado?
No puedo entender por qué las paredes son de repente el techo. Todo se tambalea hacia todos lados.
—Juliette…
Adam rompe el cristal con una rápida grieta, un puñetazo sólido, e instantáneamente la habitación se llena con el sonido más histérico, como ninguna alarma que haya oído jamás.
La habitación está haciendo ruidos bajo mis pies, pasos están tronando por los pasillos, y sé que estamos a un minuto de ser descubiertos.
Adam lanza la cuerda por la ventana y arroja su mochila en su espalda. 
 —¡Tírame tu bolsa! —grita y apenas lo oigo. Arrojo mi mochila y la atrapa justo antes de deslizarse por la ventana. Corro a unirme con él.
Warner trata de agarrar mi pierna.
Su intento falla, casi me caigo, pero me las arreglo para tropezar mi camino a la ventana sin perder mucho tiempo. Echo un vistazo a la puerta y siento los latidos acelerados de mi corazón a través de mis huesos. El sonido de los soldados corriendo y gritando está cada vez más cerca, más fuerte, más claro por cada segundo.
—¡Date prisa! —me está llamando Adam.
—Juliette, por favor…
Warner golpea mi pierna otra vez y grito tan fuerte que casi lo escucho a través de las sirenas rompiéndome los tímpanos. No voy a mirarlo. No voy a mirarlo. No voy a mirarlo.
Balanceo una pierna por la ventana y el pestillo en la cuerda. Mis piernas desnudas van a hacer de esto un suplicio insoportable. Ambas piernas atravesadas.
Mis manos en su lugar. Adam me llama desde abajo, y no sé cuán lejos está. Warner está gritando mi nombre y alzo la vista a pesar de mis mejores esfuerzos.
Sus ojos son dos tiros verdes perforando a través del cristal. Cortando a través de mí.
Tomo una respiración profunda y espero no morir.
Tomo una respiración profunda y acomodo mi bajada por la cuerda.
Tomo una respiración profunda y espero que Warner no se dé cuenta de lo que acaba de suceder.
Espero que él no sepa que me acaba de tocar la pierna.
Y no pasó nada. 

Capitulo 28
Me estoy quemando.
El cable está rozando mis piernas en un fuego masivo tan doloroso que me sorprende que no haya humo. Contengo el dolor porque no tengo otra opción. La histeria masiva del edifico está arrasando mis sentidos, llueve peligro alrededor de nosotros. Adam me grita desde abajo, diciéndome que salte, prometiendo que me va a atrapar. Estoy demasiado avergonzada para admitir que tengo miedo a la caída.
Nunca he tenido la oportunidad de tomar mi propia decisión.
Los soldados ya fluyen en lo que solía ser mi habitación, gritando y confundidos, probablemente sorprendidos de encontrar a Warner en una posición débil. Fue realmente muy fácil vencerlo. Me preocupa.
Me hace pensar que hicimos algo mal.
Unos pocos soldados asoman la cabeza fuera de la ventana rota y estoy desesperada por la oscilación de la cuerda, pero ya se están moviendo para destrabar el ancla. Me preparo para la sensación nauseabunda de la caída libre sólo para darme cuenta de que no están tratando de tirarme. Están tratando de acarrearme al interior.
Warner debe estar diciéndoles qué hacer.
Echo una mirada hacia Adam debajo de mí, y finalmente, cedo a sus llamadas. Aprieto los ojos cerrados y me dejo ir.
Y caigo derecho en sus brazos abiertos.
Colapsamos en el suelo, pero la respiración es eliminada de nosotros sólo por un momento. Adam toma mi mano y luego estamos corriendo. 
 No hay nada más que un espacio vacío y estéril que se extiende por delante de nosotros. Asfalto roto, pavimento irregular, caminos de tierra, árboles desnudos, plantas que mueren, una ciudad amarillenta abandonada a los elementos que se ahogan en las hojas secas que crujen bajo nuestros pies. Los compuestos civiles son cortos y rechonchos, agrupados juntos en ningún orden en particular, y Adam se asegura de estar lo más lejos de ellos posible. Los altavoces ya están funcionando en nuestra contra.
El sonido de una joven y suavemente mecánica voz de mujer ahoga las sirenas.
El toque de queda está ahora en efecto. Todo el mundo debe regresar a sus hogares inmediatamente. Hay rebeldes sueltos. Están sueltos y listos para abrir fuego. El toque de queda está ahora en efecto. Todo el mundo debe regresar a sus hogares inmediatamente. Hay rebeldes sueltos. Están sueltos y listos para abrir fu...
Mis costados están acalambrados, mi piel está firme, mi garganta seca, desesperada por agua. No sé cuán lejos hemos corrido. Todo lo que sé es el sonido de las botas golpeando el pavimento, el chirrido de los neumáticos descamándose fuera de las unidades de almacenamiento subterráneo, alarmas gimiendo a nuestro paso.
Miro hacia atrás para ver a la gente gritando y corriendo en busca de refugio, esquivando a los soldados que se precipitan a sus casas, golpeando las puertas para ver si hemos tomado refugio en algún lugar del interior. Adam me aleja de la civilización y se dirige hacia las calles abandonadas en una década anterior: viejas tiendas y restaurantes, estrechas calles laterales y patios de juegos abandonados. La tierra irregular de nuestras vidas pasadas ha estado estrictamente fuera de los límites. Es territorio prohibido. Todo está cerrado. Todo está roto, cerrado, oxidado, cerrado, sin vida. Nadie está autorizado a invadir aquí. Ni siquiera los soldados.
Y estamos de carga en estas calles, tratando de mantenernos fuera de vista.
El sol se desliza por el cielo y pasa ligero por el borde de la tierra. La noche vendrá pronto y no tengo idea de dónde estamos. Nunca esperé que tanto sucediera tan rápido, y no esperaba que todo esto sucediera el mismo día. Sólo tengo la esperanza de sobrevivir, pero no tengo la menor idea de a dónde nos estamos dirigiendo. No se me ocurrió preguntarle a Adam dónde podemos ir.
Nos lanzamos en un millón de direcciones. Volviendo abruptamente, yendo adelante unos pocos pasos, sólo para regresar al camino opuesto. Mi mejor conjetura es que Adam está tratando de confundir y/o distraer a nuestros seguidores tanto como sea posible. No puedo hacer nada, sino tratar de seguir el ritmo. 
 Y fallo.
Adam es un soldado entrenado. Está construido exactamente para este tipo de situaciones. Él sabe cómo huir, cómo mantenerse discreto, cómo moverse silenciosamente en cualquier sitio. Yo, por el contrario, soy una chica rota que no se ha ejercitado por mucho tiempo. Mis pulmones están quemando por el esfuerzo de inhalar oxígeno, respirando silbante con el esfuerzo de exhalar el dióxido de carbono.
De repente, estoy jadeando tan desesperada que Adam se ve obligado a tirar de mí a un lateral de la calle. Estoy respirando un poco más fuerte que lo usual, pero he adquirido un trabajo de tiempo completo atragantándome con la debilidad de mi cuerpo inerte.
Adam toma mi cara entre sus manos y trata de enfocar mis ojos.
Quiero que respires como yo, ¿de acuerdo?
Resuello un poco más.
Concéntrate, Juliette. Sus ojos están tan decididos. Infinitamente paciente. Se ve sin miedo y yo envidio su compostura—. Calma tu corazón dice—. Respira exactamente como yo.
Toma 3 respiraciones pequeñas, las mantiene durante unos segundos, y las libera en una larga exhalación. Trato de copiarlo. No soy muy buena en eso.
Está bien. Quiero que mantengas la respiración como… se detiene. Sus ojos se mueven hacia arriba y alrededor de la calle abandonada por una fracción de segundo. Sé que tenemos que movernos.
Unos disparos rompen la atmósfera. Nunca me había dado cuenta de lo fuerte que son o lo mucho que el sonido rompe cada hueso que funciona en mi cuerpo. Un escalofrío helado se filtra a través de mi sangre, y sé de inmediato que no están tratando de matarme. Están tratando de matar a Adam.
De repente, estoy asfixiada por un nuevo tipo de ansiedad. No puedo dejar que le hagan daño.
No por mí.
Pero Adam no tiene tiempo para mí, para que recupere el aliento y encuentre mi cabeza. Me tira encima de él y en sus brazos y sale en una carrera diagonal a través de otro callejón.
Y estamos corriendo. 
 Y estoy respirando.
Y él grita.
¡Pon tus brazos alrededor de mi cuello! —Y libero el asimiento que tengo en su camiseta y soy lo suficientemente estúpida como para sentir vergüenza mientras deslizo mis brazos a su alrededor. Me reajusta contra él, así que estoy más alta, más cerca de su pecho. Me lleva como si pesara menos que nada.
Cierro los ojos y presiono mi mejilla contra su cuello.
Los disparos están en algún lugar detrás de nosotros, pero hasta ahora puedo decir que el sonido está demasiado lejos y demasiado lejos en la dirección equivocada. Parece que estamos momentáneamente superándolos. Sus autos no pueden ni siquiera encontrarnos, debido a que Adam ha evitado todas las calles principales. Parece tener su propio mapa de esta ciudad. Él parece saber exactamente lo que está haciendo como si lo hubiese estado planeando durante mucho tiempo.
Después de inhalar exactamente 594 veces, Adam me deja caer en mis pies delante de un tramo de valla metálica. Me doy cuenta de que está luchando para tragar el oxígeno, pero él no jadea como yo. Sabe cómo regular su respiración. Sabe cómo calmar sus impulsos, calmar su corazón, mantener el control de sus órganos. Sabe cómo sobrevivir. Espero que me enseñe, también.
Juliette dice después de un momento sin aliento, ¿puedes saltar la valla?
Estoy tan entusiasmada de ser más que un bulto inútil que casi me echo hacia arriba y sobre la barrera de metal. Pero soy imprudente. Y demasiado precipitada. Prácticamente rasgo mi vestido y rasguño mis piernas en el proceso. Me estremezco contra el dolor punzante, y en el momento que llego a abrir mis ojos, Adam ya está de pie junto a mí.
Mira hacia abajo a mis piernas y suspira. Casi se ríe. Me pregunto lo que debo parecerle, hecha jirones y salvaje en este vestido destrozado. La raja que Warner creó ahora se detiene en el hueso de mi cadera. Debo parecer un animal enloquecido.
A Adam no parece importarle.
Él también ha reducido la velocidad. Nos estamos moviendo en una caminata a paso rápido ahora, no estamos ya acorralados por las calles. Me doy cuenta de que debemos estar cerca de algo semejante a un lugar seguro, pero no estoy segura de si debo hacer preguntas ahora, o guardarlas para más adelante. Adam responde a mis pensamientos silenciosos. 
 No serán capaces de rastrearme aquí afuera dice, y me doy cuenta de que todos los soldados deben tener algún tipo de dispositivo de seguimiento en su persona. Me pregunto por qué nunca tuve uno.
No debería ser tan fácil escapar.
Nuestros rastreadores no son tangibles explica. Doblamos a la izquierda en otro callejón. El sol apenas se sumerge por debajo del horizonte. Me pregunto dónde estamos. A cuánta distancia de los asentamientos del Restablecimiento debemos estar, ya que no hay gente aquí.
Es un suero especial que se inyecta en la sangre continua, y está diseñado para funcionar con procesos naturales de nuestro cuerpo. Se sabría, por ejemplo, si yo muriera. Es una excelente manera de llevar un registro de los soldados perdidos en combate. Me mira por el rabillo de su ojo. Sonríe en una sonrisa torcida que quiero besar.
Entonces, ¿cómo confundes al rastreador?
Su sonrisa se hace más grande. Agita una mano alrededor nuestro.
¿Este espacio donde estamos? Se utilizó para una planta de energía nuclear. Un día, todo el conjunto explotó.
Mis ojos son tan grandes como mi cara.
¿Cuándo sucedió eso?
Hace unos cinco años. Lo limpiaron con bastante rapidez. Lo ocultaron a los medios de comunicación, de la gente. Nadie sabe realmente lo que pasó aquí. Sin embargo, la radiación por sí sola es suficiente para matar. Hace una pausa. Esto ya lo tiene.
Deja de caminar.
He estado atravesando esta área un millón de veces ya, y no he estado afectado por ella. Warner solía enviarme aquí para recoger muestras del suelo. Quería estudiar los efectos. Se pasa la mano por el pelo. Creo que tenía la esperanza de manipular la toxicidad en un veneno de algún tipo. La primera vez que vine aquí, pensé que Warner había muerto. El rastreador está relacionado con todos nuestros sistemas de procesamiento principales, una alerta se apaga cada vez que se pierde un soldado. Él sabía que había un riesgo al enviarme, así que no creo que estuviese demasiado sorprendido al oír que había muerto. Estaba más sorprendido al verme volver. Se encoge de hombros, como si su muerte hubiera sido un detalle insignificante. Hay algo aquí acerca de los productos químicos que contrarresta la composición molecular del dispositivo de rastreo. Así que, básicamente, en estos momentos todo el mundo piensa que estoy muerto.
¿Warner no sospecha que puedes estar aquí?
Tal vez. Entrecierra los ojos hacia la descolorada luz del sol. Nuestras sombras son largas e inmóviles. O podría haber recibido un disparo. En cualquier caso, nos compra algo de tiempo.
Toma mi mano y me sonríe antes de que algo choque contra mi consciencia.
¿Y yo qué? pregunto. ¿No puede esta radiación matarme? Espero no sonar tan nerviosa como me siento. Nunca en mi vida he querido tanto estar viva. No quiero perder todo tan pronto.
Oh… no. Sacude la cabeza. Lo siento, me olvidé de decirte, ¿una de las razones por las que Warner quería que yo recogiera las muestras? Es porque eres inmune a ello, también. Te estaba estudiando. Dijo que encontró la información en tus registros de hospitales. Has sido estudiada…
Pero nadie…
…probablemente sin tu conocimiento, y pese a las pruebas del dispositivo de rastreo, estabas completamente compuesta, biológicamente hablando. No había nada inherentemente malo en ti.
No hay nada inherentemente malo en ti.
La observación es tan descaradamente falsa que en realidad me echo a reír. Trato de reprimir mi incredulidad.
¿No hay nada malo en mí? Estás bromeando, ¿verdad?
Adam me observa tanto tiempo que me ruborizo. Toma mi barbilla hacia arriba así que me encuentro con sus ojos. Azul azul azul taladrando en mí. Su voz es profunda y constante.
No creo que alguna vez te haya oído reír.
Eso es tan terriblemente correcto que no sé cómo responder, salvo con la verdad. Mi sonrisa se esconde en una línea recta.
La risa proviene de vivir. Me encojo de hombros, tratando de sonar indiferente. Yo nunca antes he vivido realmente.
Sus ojos no han titubeado de su enfoque. Me mantiene en el lugar con la fuerza de una poderosa atracción que viene de lo profundo de él. Casi puedo sentir su corazón latiendo contra mi piel. Casi puedo sentir sus labios respirando en contra de mis pulmones. Casi puedo probarlos con mi lengua.
Toma un suspiro tembloroso y me jala cerca. Besa la cima de mi cabeza.
Vamos a casa susurra. 

Capítulo 29
Hogar.
Hogar.
¿Qué quiere decir?
Abro mis labios para hacer la pregunta y su sonrisa furtiva es la única respuesta que recibo. Estoy avergonzada y emocionada y ansiosa e impaciente. Mi estómago se llena de tambores que golpean en sincronía con mi corazón. Estoy casi tarareando con los nervios electrificados.
Cada paso es un paso a lo sagrado, lejos de Warner, lejos de la futilidad de la existencia que siempre he conocido. Cada paso es porque lo quiero. Por primera vez en mi vida, camino hacia adelante porque quiero, porque siento la esperanza y el amor y la alegría de la belleza, porque quiero saber lo que es vivir. Podría saltar para atrapar una brisa y vivir en sus formas para siempre.
Me siento como si hubiera estado preparando mis alas.
Adam me lleva a un galpón abandonado a las afueras de este campo salvaje, invadido por la pícara vegetación y tentáculos de arbustos, enloquecidos y horribles, probablemente infestados de veneno. Me pregunto si esto es donde Adam quiere que nos quedemos. Entro en el espacio oscuro y entrecierro los ojos. Un esquema viene a la luz.
En el interior hay un auto.
Parpadeo.
No sólo un auto. Un tanque.
Adam casi no puede controlar su ansiedad. Él mira mi cara por una reacción y parece contento con mi asombro. Sus palabras salen.
―Convencí a Warner de que había conseguido romper uno de los tanques que traje aquí. Estas cosas están diseñadas para funcionar con electricidad, así que le dije que la unidad principal se freía en contacto con trazas de químicos. Fue corrompida por algo en la atmósfera. Él consiguió un coche para entregarme y recogerme después de eso, y dijo que debería dejar el tanque donde estaba. ―Estuvo a punto de sonreír―. Warner me enviaba aquí en contra de los deseos de su padre, y no quería que nadie supiera que había roto un tanque de 500 mil dólares. El informe oficial dice que fue secuestrado por los rebeldes.
―¿No pudo alguien más haberse presentado y visto el tanque estacionado aquí?
Adam abre la puerta del pasajero.
―Los civiles se quedan lejos, muy lejos de este lugar, y no hay otro soldado que haya venido hasta aquí. Nadie más quería correr el riesgo a la radiación. ―Ladeo la cabeza―. Es una de las razones por las que Warner te confió a mí. Le gustaba que yo estuviera dispuesto a morir por mi deber.
―Nunca pensó que te pasaras de la raya ―murmuro, comprendiendo.
Adam sacude la cabeza.
―No. Y después de lo ocurrido con el suero de seguimiento, no tenía ninguna razón para dudar de que las cosas locas eran posibles aquí. Desactivé una unidad eléctrica del tanque por mí mismo, en caso de que lo quisiera ver. ―Asiente con la cabeza de vuelta al monstruoso vehículo―. Tuve la sensación de que sería útil algún día. Siempre es bueno estar preparado.
Preparado. Él siempre estaba preparado. Para correr. Para escapar.
Me pregunto por qué.
―Ven aquí ―dice, su voz notablemente más suave. Llega a mí en la penumbra y yo pretendo que sea una feliz coincidencia el que sus manos rozaran mis piernas desnudas. Pretendo que no se siente increíble tenerlo luchando con los rasgones en mi vestido mientras me ayuda a meterme en el tanque. Finjo que no puedo ver la forma en que me mira mientras el último rayo de sol cae por debajo del horizonte.
―Tengo que cuidar de tus piernas ―dice, un susurro contra mi piel, electrizando mi sangre. Por un momento, ni siquiera entiendo lo que quiere decir. Ni siquiera me importa. Mis pensamientos son tan poco prácticos que me sorprendo. Nunca he tenido la libertad de tocar a nadie antes. Ciertamente, nadie ha querido mis manos sobre ellos. Adam es una experiencia completamente nueva.
Tocarlo es todo en lo que quiero pensar. 
 ―Los cortes no son tan malos ―continúa, las puntas de sus dedos corriendo por mis piernas. Apesto en mi respiración―. Pero vamos a tener que limpiarlos, por si acaso. A veces es más seguro ser cortado por un cuchillo que rayarse por un trozo de metal al azar. No quieres que se infecte.
Él mira hacia arriba. Su mano está ahora en mi rodilla.
Estoy moviendo la cabeza y no sé por qué. Me pregunto si estoy temblando en el exterior tanto como en el interior. Espero que esté demasiado oscuro para que no pueda ver que tan roja está mi cara, lo vergonzoso que es que él no pueda tocarme la rodilla sin que me vuelva loca. Tengo que decir algo.
―Probablemente, debemos irnos, ¿verdad?
―Sí. ―Él toma una respiración profunda y parece que vuelve a sí mismo―. Sí. Tenemos que irnos. ―Se asoma a la luz del atardecer―. Tenemos algo de tiempo antes de que se den cuenta que todavía estoy vivo. Y tenemos que usarlo a nuestro favor.
―Pero una vez que salgamos de este lugar, ¿no verán que el tanque funciona otra vez? ¿No sabrán que no estás muerto?
―No. ―Él salta hacia el lado del conductor y busca a tientas por el encendido. No hay ninguna llave, sólo un botón. Me pregunto si reconoce la huella digital de Adam como autorización. Un pequeño chisporroteo y la máquina ruge a la vida―. Warner tenía que renovar mi suero de seguimiento cada vez que volvía. ¿Una vez que se ha ido? Se ha ido ―dice sonriendo―. Así que ahora podemos realmente desatar el infierno aquí.
―Pero, ¿dónde vamos? ―pregunté finalmente.
Se pone en marcha antes de responder.
―A mi casa. 

Capítulo 30
Tienes una casa? ―Estoy demasiado sorprendida para los modales.
Adam se ríe y sale del campo. El tanque es sorpresivamente rápido, veloz y sigiloso. El motor se tranquiliza hasta ser sólo un zumbido suave y me pregunto si esa fue la razón por la cual cambiaron el motor de combustible a electricidad. Era ciertamente menos notable de esta manera.
―No exactamente ―responde―. Sin embargo, una especie de hogar. Sí.
Quería preguntar y no quería preguntar y necesitaba preguntar y nunca querer preguntar. Tenía que preguntar. Me acerque.
―Tu padr….
―Ha estado muerto desde hace tiempo. ―Adam ya no sonreía. Su voz estaba tirante con algo que yo sólo quisiera colocar. Dolor.
Amargura. Furia.
―Oh.
Manejamos en silencio, cada uno absorbido en sus propios pensamientos. No me atrevo a preguntarle qué había pasado con su madre. Sólo me pregunto como había salido tan bien a pesar de tener un padre tan despreciable. Y también por qué se unió al ejército si lo odiaba tanto. Ahora mismo, soy demasiado tímida como para preguntar, no quiero violar sus límites emocionales. Dios sabe que yo tengo millones.
Me asomo por la ventana y fuerzo mi mirada para ver por donde estamos pasando, pero no puedo ver más allá que los tristes tramos de tierra desierta a la que me había acostumbrado. No hay civiles en donde estamos: bastante lejos de los asentimientos restablecidos y los compuestos civiles. Noto otro tanque patrullando a no más de 30 metros, pero creo que no nos vio. Adam está manejando sin las luces delanteras encendidas, probablemente para atraer la menor atención posible hacia nosotros. No sé como hace para manejar, la luna es nuestra única luz en el camino.
Está inquietamente tranquilo.
Por un momento le permito a mis pensamientos volver hacia Warner, preguntándome qué estaría haciendo ahora, cuántas personas deberían estar buscándome, qué tan lejos iría él para recuperarme. Quiere a Adam muerto. Me quiere a mí viva. Él no se va a detener hasta que este atrapada a su lado.
No puede nunca nunca nunca saber que no lo puedo tocar.
Sólo me puedo imaginar lo que haría si tuviera acceso a mi cuerpo.
Suelto un rápido, fuerte, tembloroso aliento y contemplo a Adam para decirle lo que pasaba. No. No. No. No. Cierro mis ojos con fuerza y considero que tal vez había juzgado mal la situación. Era caótica. Mi cerebro estaba distraído. Tal vez me lo había imaginado. Sí.
Tal vez me lo había imaginado.
Era ya demasiado extraño que Adam pudiera tocarme. La posibilidad de que hubiera dos personas en este mundo inmunes a mi toque no parecía posible. Es más, cuanto más lo pienso, más decidida estoy en que he cometido un error. Podría haber sido cualquier cosa rozando mi pierna, tal vez un pedazo de la remera que Adam abandonó luego de usarla para golpearla a través de la ventana. Tal vez una almohada que se había caído de la cama o los guantes de Warner tirados en el piso. Sí.
No hay manera de que me hubiera tocado, porque si lo hubiera hecho, hubiera llorado de agonía. Como cualquier otra persona.
La mano de Adam se desliza silenciosamente en la mía y tomo sus dedos con ambas manos, de repente desesperada por asegurarme de que sea inmune hacia mí. De repente, estoy desesperada de beber cada gota de su ser, saborear todo momento que no había conocido antes.
De repente, estoy preocupada por que este fenómeno tuviera fecha de vencimiento. Un reloj marcando las doce. Un carruaje de calabaza.
La posibilidad de perderlo.
La posibilidad de perderlo. 
 La posibilidad de perderlo son 100 años de soledad que no me quiero imaginar. No quiero que mis brazos sean arrancados de su calidez. Su tacto. Sus labios.
Dios, sus labios, su boca en mi cuello, su cuerpo envuelto en el mío, sosteniéndome junto con él como para afirmar que mi existencia en este mundo no es para nada.
La comprensión es un péndulo del tamaño de la luna, no para de pegarme.
―¿Juliette?
Me trago la piedra de mi garganta.
―¿Sí?
―¿Por qué estás llorando…? ―Su voz es casi tan gentil como su mano mientras la libera de mi agarre. Toca las lagrimas corriendo por mi cara y yo estoy tan humillada que casi no sé que decir.
―Me puedes tocar ―digo por primera vez, reconociéndolo en voz alta por primera vez. Mis palabras se transforman en un susurro―. Me puedes tocar. Te importo y no sé por qué, eres amable conmigo cuando no tienes por qué serlo. A mi propia madre no le importaba demasiado como par-pa-…―Mi voz se quiebra y aprieto mis labios. Los frunzo y me fuerzo a estar quieta. Soy una roca, una estatua, un movimiento congelado en el tiempo, el hielo no siente nada.
Adam no contesta, no dice ni una sola palabra hasta que se sale del camino en dirección a un estacionamiento bajo tierra. Supongo que hemos llegado a algo de civilización, pero esta muy oscuro bajo tierra. No puedo ver más allá de nada y me vuelvo a preguntar cómo Adam puede manejar. Mis ojos cayeron en la pantalla iluminada en su tablero para darme cuenta que el depósito tenía visón nocturna. Claro.
Adam apaga el motor. Lo escucho suspirar. Apenas puedo distinguir su silueta antes de sentir su mano en mi muslo y su otra mano tropezando por mi cuerpo hasta encontrar mi cara. Una calidez se extiende por mis miembros como lava caliente, las puntas de los dedos de mis pies y de mis manos están hormigueando a la vida y me tengo que morder el temblor para mantener fuerte mi cuerpo.
―Juliette ―suspira y me doy cuenta de cuán cerca está de mí. No estoy segura de cómo no me había evaporado en nada todavía―. Siempre hemos sido tú y yo contra el mundo ― dice―. Siempre ha sido así. Es mi culpa que haya tardado tanto en hacer algo sobre eso.
―No. ―Sacudo mi cabeza―. No es tu cul... 
 ―Sí lo es. Me enamoré de ti hace mucho tiempo atrás. Sólo que nunca había tenido valor para actuar.
―Porque te podría haber matado.
Se ríe con una risa silenciosa.
―Porque no creía que te mereciera.
Soy un trozo de asombro forzado a existir.
―¿Qué?
Él toca su nariz con la mía, se inclina hacia mi cuello, enreda un mechón de mi pelo entre sus dedos y no puedo, no puedo, no puedo respirar.
―Eres tan… buena ―susurra.
―Pero mis manos...
―Nunca han hecho nada para lastimar a alguien. ―Estaba a punto de protestar cuando se corrige por sí solo―. No a propósito. ―Se echa atrás. Apenas lo puedo ver frotándose el lado de su cuello―. Tú nunca te defendiste ―dice, luego de un momento―. Siempre me pregunté el por qué. Nunca gritaste o te enojaste o trataste de decirle algo a alguien ―dice y sé que ambos estamos de vuelta en el tiempo en tercer, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno grado de nuevo―. Pero, demonios, debes haber leído un millón de libros. ―Sé que está sonriendo cuando lo dice. Una pausa―. No molestabas a nadie, pero eras un blanco en movimiento todos los días. Te podrías haber defendido, podrías haber lastimado a todos si hubieras querido.
―No quería herir a nadie. ―Mi voz es menos que un suspiro. No puedo sacarme la imagen de un Adam de ocho años de edad tirado en el piso, roto, abandonado, llorando en la tierra. Las cosas que la gente hace por poder.
―Ese es el por qué de que nunca serás lo que Warner quiere que seas.
Estoy mirando a un punto en la oscuridad, mi mente repasando todas las posibilidades.
―¿Cómo puedes estar tan seguro?
Sus labios están tan cerca de los míos.
―Porque aún te importa una mierda el mundo. 
 Yo jadeo y él me besa, de manera profunda, poderosa y sin restricciones. Sus brazos envuelven mi espalda, tirando de mi cuerpo hasta que estoy casi horizontalmente y no me importa. Mi cabeza está en el asiento, su figura sobre mí, sus manos agarrando mis caderas por debajo de mi vestido hecho jirones y estoy siendo quemada por un millón de llamas por querer esto tan desesperadamente que no puedo ni respirar. Él es un baño caliente, un largo respiro, cinco días de verano comprimidos en cinco dedos escribiendo historias en mi cuerpo. Soy un desastre embarazoso de nervios que colapsan en él, controlados por una corriente de electricidad corriendo por mi cuerpo. Su olor nubla mis sentidos.
Sus ojos.
Sus manos.
Su pecho.
Sus labios están en mi oreja cuando susurra.
―Estamos aquí, por cierto. ―Estaba respirando mas fuerte ahora que cuando estaba corriendo por su vida. Sentí su corazón latir contra mis costillas. Sus palabras son un susurro roto―. Tal vez deberíamos ir adentro. Es más seguro. ―Pero no se mueve.
Casi no entiendo de lo que estaba hablando, solamente asiento, mi cabeza moviéndose sobre mi cuello, hasta que recuerdo que no me puedo ver. Trato de recordar cómo respirar, pero estoy concentrada en los dedos corriendo por mis muslos como para formar una oración. Hay algo en la oscuridad absoluta, sobre no poder ver qué es lo que está pasando que me hace sentir borracha con un delicioso mareo.
―Sí. ―Es todo lo que puedo decir.
Me ayuda a ponerme en una posición sentada, inclinando su frente sobre la mía.
―Lo siento ―dice―. Es demasiado difícil detenerme por mi propia cuenta. ―Su voz es peligrosamente ronca; sus palabras estremeciendo mi piel.
Le permito a mis manos deslizarse por debajo de su remera y lo siento ponerse rígido, tragar. Trazo las perfectas líneas esculpidas de su cuerpo. No es nada más que magro músculo.
―No tienes que hacerlo ―le digo.
Su corazón late tan rápido que no puedo distinguirlo del mío. Hacía cinco mil grados en el aire entre nosotros. Sus dedos están apenas debajo del hueso de mi cadera, burlándose del pequeño pedazo de tela que me mantiene medianamente decente.
―Juliette…
―¿Adam?
Mi cuello se gira con sorpresa. Miedo. Ansiedad. Adam deja de moverse, congelado en frente de mí. No estoy segura de si respiro. Miro a mi alrededor, pero no puedo encontrar una cara que se una con la voz que llamó su nombre y empiezo a asustarme antes de que Adam abra de un golpe la puerta, saliendo antes de escucharla de nuevo.
―Adam… ¿eres tú?
Es un niño.
―¡James!
El sonido sordo del impacto, dos cuerpos chocando, dos voces tan felices para ser peligroso.
―¡No puedo creer que seas tú! Quiero decir, bueno, pensé que eras tú porque creí escuchar algo y en un principio pensé que no era nada, pero luego decidí que probablemente debería echar un vistazo sólo para saber porque tal vez era tú y…―Hace una pausa―. Espera… ¿qué estás haciendo aquí?
―Estoy en casa. ―Adam se ríe ligeramente.
―¿De verdad? ―pregunta James―. ¿Estas en casa de verdad?
―Sí ―suspira―. Dios, es bueno verte.
―Te extrañé ―dice James, tranquilo de repente.
Una respiración profunda.
―Yo también, chico. Yo también.
―Así que… ¿has comido algo? Benny me acaba de dejar mi paquete con la cena, y podría compartirlo conti...
―¿James?
Hace una pausa.
―¿Sí? 
 ―Hay alguien que quiero que conozcas.
Mis palmas están sudorosas, mi corazón en mi garganta. Escucho a Adam caminar de vuelta al tanque y no me doy cuenta de que su cabeza ya estaba dentro hasta que no activa un botón. Una ligera luz de emergencia ilumina la cabina. Pestañeo un par de veces y veo a un joven niño parado a más o menos 1,50 metros, sucio pelo rubio enmarcando su cara redonda, con ojos azules que me eran demasiado familiares. Él frunce sus labios con concentración, mirándome. Adam abre mi puerta y me ayuda a pararme, apenas capaz de contener una sonrisa en su cara y yo estoy sorprendida por el nivel de mi propio nerviosismo. No sé por qué lo estoy, pero Dios, estoy nerviosa. Ese niño obviamente es importante para Adam, y no sé por qué que este momento es importante para mí también. Estoy tan nerviosa de que vaya a arruinarlo. Trato de arreglar las partes rotas de mi vestido, trato de suavizar las arrugas de la tela, me paso los dedos por mi pelo… No tiene sentido, es inútil. El pobre chico está petrificado.
Adam me guía hacia delante. James es unos centímetros mas bajo que yo, pero es obvio en su cara que es joven, su honor no manchado, no tocado por la dura realidad del mundo. Quería disfrutar de la belleza de su inocencia.
―¿James? Ella es Juliette. ―Adam me mira―. Juliette, este es mi hermano, James. 

Capítulo 31
Su hermano.
Trato de quitarme de encima los nervios. Trato de sonreír al muchacho estudiando mi cara, estudiando las patéticas telas que apenas cubren mi cuerpo. ¿Cómo no sabía que Adam tenía un hermano? ¿Cómo nunca lo he conocido?
James se vuelve hacia Adam.
―¿Esta es Juliette?
Estoy aquí de pie como un insignificante bulto. No recuerdo mis modales.
―¿Sabes quién soy?
James se vuelve de nuevo en mi dirección.
―Oh, sí. Adam habla mucho de ti.
Me sonrojo y no puedo dejar de echar un vistazo a Adam. Él está mirando fijamente un punto en el suelo. Se aclara la garganta.
―Es realmente un placer conocerte ―me las arreglo.
James ladea la cabeza.
―Entonces, ¿siempre vistes de esa manera?
Me gustaría morir un poco.
—¡Eh, chico! ―interrumpe Adam―. Juliette se va a quedar con nosotros por un tiempo. ¿Por qué no vas a asegurarte de que no tienes nada de ropa interior tendida en el suelo, eh?
James luce horrorizado. Corre en la oscuridad sin decir una palabra. Todo está tranquilo por tantos segundos que pierdo la cuenta. Escucho algún tipo de goteo en la distancia.
Tomo una respiración profunda. Muerdo mi labio inferior. Trato de encontrar las palabras adecuadas. Fallo.
―No sabía que tenías un hermano.
Adam duda.
―¿Está bien... que lo tenga? Todos vamos a estar compartiendo el mismo espacio y yo...
Mi estómago cae sobre mis rodillas.
―¡Por supuesto que está bien! Yo sólo… me refiero… ¿estás seguro que está bien… por él? ¿Si estoy aquí?
―No hay ropa interior en ningún lugar ―anuncia James, marchando hacia la luz.
Me pregunto dónde desapareció, dónde está la casa. Me mira.
―Así que, ¿te vas a quedar con nosotros?
Adam interviene.
―Sí. Ella va a quedarse con nosotros durante un tiempo.
James mira de mí hacia Adam y a mí otra vez. Extiende su mano.
―Bueno, es bueno conocerte al fin.
Todo el color fluye de mi cara. Mi corazón late con fuerza en mis oídos. Mis rodillas están a punto de romperse. No puedo dejar de mirar su pequeña mano extendida, ofreciéndomela.
―James ―dice Adam un poco cortante.
James se echa a reír.
―Sólo estaba bromeando. ―Deja caer su mano.
―¿Qué? ―Apenas puedo respirar. Mi cabeza da vueltas, confundida.
―No te preocupes ―dice James, sin dejar de reír―. No voy a tocarte. Adam me contó todo acerca de tus poderes mágicos. ―Pone los ojos en blanco.

―¿Adam… dijo… él… qué? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario