martes, 25 de marzo de 2014

SHATTER ME, parte 5

Capítulo 18
Nadie se mueve.
La cara de Fletcher está grabada con el horror permanente mientras se desmorona en el suelo. Estoy muy impresionada por la imposibilidad de todo esto, tanto que no puedo decidir si estoy o no soñando, no puedo determinar si estoy o no estoy muriendo, no puedo determinar si desmayarme es una buena idea.
Los miembros de Fletcher están doblados en ángulos extraños en el frío piso de cemento. La sangre está agrupándose a su alrededor y aun así nadie se mueve. Nadie dice una sola palabra. Nadie revela una sola mirada de miedo. Sigo tocando mis labios para ver si mis gritos se han escapado.
Warner mete la pistola en el bolsillo del saco.
―Sector 45, pueden marchar.
Cada soldado cae sobre una rodilla.
Warner desliza de nuevo el dispositivo de amplificación de metal en su traje y tiene que dar un tirón para liberarme del lugar donde estoy pegada al suelo. Me tropiezo sobre mí misma, mis piernas están débiles y adoloridas a través del hueso. Siento náuseas, estoy delirante y soy incapaz de mantenerme en posición vertical. Sigo tratando de hablar, pero las palabras se pegan a mi lengua. De repente, estoy sudando y, de repente, estoy congelándome y, de pronto, estoy enferma, por lo que veo manchas que nublan mi visión.
Warner está tratando de llevarme a través de la puerta.
―Realmente, tienes que comer más ―me dice.
Estoy boquiabierta con los ojos, boquiabierta con mi boca, y boquiabierta de par en par, porque siento agujeros en todas partes, perforando en el terreno de mi cuerpo.
Mi corazón tiene que estar sangrando en mi pecho.  
 Miro hacia abajo y no puedo entender por qué no hay sangre en mi vestido, por qué el dolor en mi corazón se siente tan real.
―Lo mataste ―me las arreglé para susurrar―. Sólo acabas de matarlo…
―Eres muy astuta.
―¿Por qué lo mataste? ¿Por qué lo mataste? ¿Cómo pudiste hacer algo así…?
―Mantén tus ojos abiertos, Juliette. Ahora no es el momento de conciliar el sueño.
Agarro su camisa. Lo detengo antes que me lleve dentro. Una ráfaga de viento me golpea en la cara y me siento de repente con control de mis sentidos.
Lo empujo con fuerza, golpeando su espalda contra la puerta.
―Me repugnas. ―Miro fijamente en sus ojos fríos de cristal―. Me repugnas…
Él se retuerce, sujetándome contra la puerta, donde yo lo detuve. Toma mi cara entre sus enguantadas manos, manteniendo mis ojos en su lugar. Las mismas manos que acababa de utilizar para matar a un hombre.
Estoy atrapada.
Paralizada.
Un poco aterrorizada.
Su pulgar cepilla mi mejilla.
―La vida es un lugar sombrío ―susurra―. A veces tienes que disparar primero.
Warner me sigue a mi habitación.
―Probablemente debas dormir ―me dice. Es la primera vez que ha hablado desde que salimos de la azotea―. Voy a enviar comida a tu habitación, pero aparte de eso, me aseguraré que no te molesten.
―¿Dónde está Adam? ¿Está seguro? ¿Está saludable? ¿Vas a hacerle daño?
Warner se estremece antes de encontrar la calma.
―¿Por qué te importa?
Me he preocupado acerca de Adam Kent, desde que estaba en tercer grado. 
 ―¿No se supone que estaba vigilándome? Porque él no está aquí. ¿Significa eso que vas a matarlo, también? ―Me siento estúpida. Me siento valiente, porque me siento estúpida. Mis palabras no usan paracaídas, a medida que salen de mi boca.
―Yo sólo mato gente si lo necesito.
―Que generoso.
―Más que la mayoría.
Me río con una sonrisa triste, compartiéndola sólo conmigo.
―Puedes tener el resto del día para ti. Nuestro verdadero trabajo comenzará mañana. Adam te llevará a mí. ―Sostiene mis ojos. Suprime una sonrisa―. Mientras tanto, trata de no matar a nadie.
―Tú y yo ―le digo, la ira corriendo por mis venas―, tú y yo no somos iguales…
―Realmente no creo eso.
―¿Crees que puedes comparar mi, mi enfermedad, con tu locura…?
―¿Enfermedad? ―Se abalanza hacia adelante, abruptamente apasionado, y lucho por mantener mi posición―. ¿Crees qué tienes una enfermedad? ―grita―. ¡Tienes un don! ¡Tienes una habilidad extraordinaria que no te preocupas por comprender! Tu potencial…
―¡No tengo ningún potencial!
―Estás equivocada. —Me mira. No hay otra manera de describirlo. Casi podría decir que él me odia a mí en este momento. Me odia por odiarme a mi misma.
―Bueno, tú eres el asesino ―le digo―. Así que debes estar en lo correcto.
Su sonrisa está rodeada de dinamita.
―Vete a dormir.
―Vete al infierno.
Aprieta su mandíbula. Camina hacia la puerta.
―Estoy trabajando en ello. 

Capítulo 19
La oscuridad está asfixiándome.
Mis sueños son sangrientos y sangrantes y la sangre está sangrando alrededor de mi mente y no puedo dormir más. Los únicos sueños que solían alguna vez traerme paz se han ido y no sé como conseguirlos de vuelta. No sé como encontrar el pájaro blanco. No sé si volará otra vez. Todo lo que sé es que ahora cuando cierro mis ojos no veo otra cosa, sino devastación. Fletcher está siendo disparado una y otra y otra vez y Jenkins se está muriendo en mis brazos y Warner le está disparando a Adam en la cabeza y el viento está cantando en el exterior de mi ventana, pero es agudo y desentonado y no tengo corazón para decirle que pare.
Me estoy congelando a través de mis ropas.
La cama debajo de mi espalda está llena de nubes rotas y nieve frescamente caída; es demasiado suave, demasiado cómodo. Me recuerda demasiado a dormir en la habitación de Warner y no puedo soportarlo. Me da miedo deslizarme debajo de las mantas. No puedo evitarlo, sigo preguntándome si Adam está bien, si alguna vez volverá. Si Warner va a herirle cada vez que yo desobedezca. En realidad, no debería preocuparme mucho. El mensaje de Adam en mi libreta podría ser sólo una parte del plan de Warner para conducirme a la locura.
Me arrastro al duro suelo y paso mi puño por la arrugada pieza de papel que he estado agarrando durante dos días. Es la única esperanza que me ha mantenido y ni si quiera sé si es real.
Se me están acabando las opciones.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Reprimo un grito y me tropiezo, hacia arriba, hacia todos los lados, casi cercando de golpe a Adam donde está tumbado en el suelo a mi lado. Ni siquiera pude verle.
—¿Juliette? 
 No se mueve ni un centímetro. Su mirada fija en mí; relajada e impasible, 2 cubos de agua que riegan la medianoche.
Me gustaría llorar en sus ojos.
No sé como decirle la verdad.
—No podía dormir aquí.
ÉI no me pregunta por qué. Se empuja hacia arriba y tose un gruñido y me acuerdo de cómo ha sido herido. Me pregunto qué clase de dolor hay en él. No hago preguntas mientras agarra una almohada y la manta fuera de mi cama. Pone la almohada en el suelo.
―Túmbate. ―Es todo lo que me dice. Tranquilamente, es cómo me lo dice.
Todo el día, cada día, para siempre, es cuando quiero que me lo diga.
Son sólo dos palabras y no sé por qué estoy enrojeciendo. Me tumbo a pesar de las sirenas alterando mi sangre y descanso mi cabeza en la almohada. Él desliza las mantas sobre mi cuerpo. Le dejo hacerlo. Observo mientras sus brazos se curvan y flexionan en la sombra de la noche, con el brillo de la luna echando un vistazo a través de la ventana, iluminando su figura en un resplandor. Se tumba en el suelo dejando tan sólo unos pocos metros de espacio entre nosotros. No necesita mantas. No usa almohada. Aún duerme sin camisa y he descubierto que no sé cómo respirar. Me he dado cuenta de que probablemente nunca exhalé en su presencia.
—No necesitas gritar más ―susurra.
Cada respiración de mi cuerpo se me escapa.
Curvo mis dedos ante la posibilidad de Adam en mi mano y dormir más profundamente de lo que lo he hecho en mi vida.
Mis ojos son 2 ventanas rajadas abiertas por el caos de este mundo.
Una fría brisa sobresalta mi piel y me siento, frotando el sueño de mis ojos, y me doy cuenta de que Adam ya no está a mi lado. Parpadeo y avanzo lentamente hacia la cama, donde reemplazo la almohada y la manta.
Miro fijamente la puerta y me pregunto qué me está esperando al otro lado.
Miro fijamente la ventana y me pregunto si volveré a ver un pájaro volando por ella.
Miro el reloj y me pregunto qué significa estar viviendo de acuerdo a los números de nuevo. Me pregunto lo que las 6:30 de la mañana significan en este edificio. 
 Decido lavar mi cara. La idea me regocija y estoy un poco avergonzada.
Abro la puerta del baño y capto el reflejo de Adam en el cristal. Sus rápidas manos empujan su camisa hacia abajo antes de que tenga la oportunidad de entrar en detalles, pero vi lo suficiente como par ver lo que no podría ver en la oscuridad.
Ha cubierto sus cardenales.
Mis piernas se sienten rotas. No sé cómo ayudarle. Desearía poder ayudarle.
—Lo siento —dice rápidamente—. No sabía que estabas despierta. —Tira del borde de su camisa como si fuera el momento para fingir que soy ciega.
Asiento ante nada en absoluto. Miro a las baldosas bajo mis pies. No sé que decir.
—Juliette. —Su voz abraza las letras de mi nombre tan suavemente que muero 5 veces en ese segundo. Su cara es un bosque de emoción. Mueve su cabeza—. Lo siento —dice, tan tranquilamente que estoy segura de que ciertamente lo imaginé—. No es... —Aprieta su mandíbula y lleva una nerviosa mano a través de su pelo—. Todo esto, no es...
Abro la palma de la mano para él. El papel es una arrugada bola de posibilidades.
—Lo sé.
El alivio recorre cada rasgo de su cara y de repente sus ojos son el único consuelo que alguna vez necesitaré. Adam no me traicionó. No sé por qué, o cómo o qué o nada de nada, excepto que es todavía mi amigo.
Está todavía de pie delante de mí y no me quiere muerta.
Camino hacia delante y cierro la puerta.
Mi boca abierta para hablar.
—¡No!
Mi mandíbula cae.
—Espera —dice con una mano. Sus labios se mueven, pero no hacen ningún sonido. Me doy cuenta de que en la ausencia de cámaras podría todavía haber micrófonos en el baño. Adam mira alrededor y deja de mirar.
La ducha son 4 paredes de burbujeante cristal y él está abriendo el cristal antes de que tenga idea alguna de lo que está pasando. 
 Él gira el aerosol a plena potencia y el sonido del agua se apresura, retumbando a través de la habitación, ahogando todo lo que truena en el vacío que nos rodea. El espejo está ya empañado a causa del vapor y del mismo modo creo que estoy empezando a entender su plan, me tira en sus brazos y me eleva en la ducha.
Mis gritos son vapor, jirones de suspiros que no puedo entender.
El agua caliente está encharcando mi ropa. Está diluviando mi pelo y corriendo por mi cuello, pero todo lo que siento son sus manos alrededor de mi cintura. Quiero gritar por todas las razones equivocadas.
Sus ojos me mantienen en mi lugar. Su urgencia enciende mis huesos. Riachuelos de agua serpentean su camino hacia los planos pulidos de su rostro y sus dedos me presionan contra la pared.
Sus labios sus labios sus labios sus labios sus labios.
Mis ojos están luchando por no latir con fuerza.
Mis piernas han ganado el derecho a temblar.
Mi piel se chamusca en cada parte dónde no me está tocando.
Sus labios están tan cerca de mi oído que soy agua y todo y nada y la fusión en un deseo tan desesperado que se quema mientras lo trago.
—Puedo tocarte —dice, y me pregunto por qué hay colibríes en mi corazón—. No lo entendí hasta la otra noche —murmura, y estoy demasiado borracha para digerir el peso de cualquier cosa además de su cuerpo flotando muy cerca del mío.
—Juliette. —Su cuerpo se presiona más cerca y me doy cuenta de que estoy prestando atención a nada más que a los dientes de león soplando deseos en mis pulmones. Mis ojos se abren súbitamente y se lame el labio inferior durante el segundo más pequeño y algo en mi cerebro estalla a la vida.
Me corta la respiración. Me corta la respiración. Me corta la respiración.
—¿Qué estás haciendo...?
—Juliette, por favor… —Su voz es ansiosa y mira detrás de él como si no estuviera seguro de que está solo—. La otra noche…
Aprieta los labios juntos. Cierra los ojos durante la mitad de un segundo y me maravillo de la caída la caída la caída de gotas de agua caliente atrapadas en sus pestañas como las perlas forjadas a partir del dolor. Sus dedos a centímetros de los lados de mi cuerpo como si estuviera luchando para mantenerlos en un único lugar, como si estuviera luchando por no tocarme por todas partes, por todas partes, en todas partes y sus ojos están bebiendo el metro sesenta de mi cuerpo y yo estoy tan yo estoy tan yo estoy tan atrapada.
—Por fin lo entiendo ahora —dice al oído—. Ya sé…ya sé por qué te quiere Warner. —Sus dedos son 10 puntos de electricidad matándome con algo que nunca he conocido antes. Algo que siempre he querido sentir.
—¿Entonces por qué estás aquí? —susurro, rota, muriendo en sus brazos—. ¿Por qué...? —Uno, dos intentos de la inhalación—. ¿Por qué me estas tocando?
—Porque puedo. —Casi quiebra una sonrisa y casi me brotan un par de alas—. Ya lo tengo.
—¿El qué? ―Parpadeo, de repente poniéndome seria—. ¿Qué quieres decir?
—Esa primera noche en la celda —suspira. Él mira hacia abajo—. Estabas gritando en tu sueño.
Espero.
Espero.
Espero por siempre.
—Toqué tu cara —habla en la forma de la oreja—. Tu mano. Rocé la longitud de tu brazo... —Se tira hacia atrás y sus ojos descansan en mi hombro, camino a mi codo, aterrizan en mi muñeca. Estoy suspendida en la incredulidad—. No sabía cómo despertarte. No te despertabas. Así que me senté hacia atrás y te observé. Esperé a que dejases de gritar.
—Eso. Es. Imposible. —Tres palabras son todo lo que puedo manejar.
Sin embargo, sus manos se convierten en brazos alrededor de mi cintura, sus labios se convierten en una mejilla presionada en mi mejilla y su cuerpo está al ras contra el mío, su piel me toca me toca me toca y no está gritando no se está muriendo, no está huyendo de mí y yo estoy llorando.
Me ahogo.
Estoy sacudiéndome temblando astillándome en lágrimas y me está sujetando de la forma en que nadie me ha sujetado antes.
Como si me quisiera. 
 —Voy a sacarte de aquí —dice, y su boca se mueve contra de mi cabello y sus manos están viajando a mis brazos y me estoy inclinando hacia atrás y él está buscando en mis ojos y debo estar soñando.
—¿Por qué…por qué tú no…yo no...? —Estoy moviendo la cabeza y temblando, porque esto no puede estar pasando y sacudiendo las lágrimas pegadas a mi cara.
Esto no puede ser real.
Sus dulces ojos, su sonrisa desquician mis articulaciones y me gustaría saber el sabor de sus labios. Me gustaría tener el coraje para tocarle.
—Me tengo que ir ―dice—. Tienes que estar vestida y abajo a las ocho.
Me estoy ahogando en sus ojos y no sé qué decir.
Se despega la camisa, y no sé dónde mirar.
Me descubro en el panel de vidrio y presiono los ojos cerrados y parpadeo cuando algo revolotea muy cerca. Sus dedos están un momento de mi cara y estoy empapada en el ardor de la anticipación.
—No tienes que mirar hacia otro lado —dice. Lo dice con una sonrisa del tamaño de Júpiter.
Echo una ojeada a sus rasgos, a la sonrisa torcida que quiero saborear, al color de sus ojos que usaría para pintar un millón de imágenes. Sigo la línea de la mandíbula desde el cuello a la cima de la clavícula, memorizo las colinas y los valles esculpidos de sus brazos, la perfección de su torso. El pájaro en el pecho.
El pájaro en el pecho.
Un tatuaje.
Un pájaro blanco con vetas de oro como con una corona sobre su cabeza. Está volando.
—Adam —trato de decirle—. Adam —trato de explicarle—. Adam —trato de decirlo tantas veces y fallo.
Trato de encontrar sus ojos sólo para darme cuenta de que ha estado mirándome estudiarlo. Las piezas de su rostro se presionan en las líneas de emoción tan profundas que me pregunto si debo parecerme a él. Él toca con 2 dedos mi mentón, inclina mi cara hacia arriba lo suficiente y estoy viva en el agua. 
 —Voy a encontrar una manera de hablar contigo ―dice, y sus manos me están rodeando y mi cara está presionada contra su pecho y el mundo de repente es más brillante, más grande, más hermoso. El mundo de repente significa algo para mí, la posibilidad de la humanidad significa algo para mí, el universo entero se detiene en su lugar y gira en la otra dirección y yo soy el pájaro.
Soy el pájaro y estoy volando. 

Capítulo 20
Son las 8:00 de la mañana y yo estoy usando un vestido del color de bosques muertos y latas de estaño.
El talle es más estrecho que cualquier cosa que he usado en mi vida, el corte moderno y angular, casi caprichoso; el material es rígido y grueso, pero de alguna forma respirable.
Miro fijamente mis piernas y me maravilla que tenga un par.
Me siento más expuesta de lo que me he sentido en toda mi vida.
Durante17 años me he entrenado en cubrir cada centímetro de mi piel expuesta y Warner me está forzando a desconchar cada capa. Sólo puedo asumir que lo está haciendo a propósito. Mi cuerpo es una flor carnívora, una planta venenosa, un arma cargada con un millón de gatillos y está más que preparado para disparar.
Tócame y sufre las consecuencias. Nunca ha habido excepciones para esa regla.
Nunca, hasta Adam.
Me deja parada y empapada en la ducha, disfrutando de un torrencial aguacero de tibias lágrimas. Miro a través del cristal borroso mientras él se seca y se desliza en su uniforme estándar.
¿Por qué él me ayuda?
¿Él me recuerda?
Mi piel aún está humeante.
Mis huesos están vendados en los pliegues apretados de esta extraña vestimenta, el cierre es lo único que me mantiene unida. Eso y las posibilidades de algo. Yo siempre nunca me he atrevido a soñar con eso.
Mis labios siempre estarán sellados con los secretos de esta mañana, por siempre, pero mi corazón está tan lleno de confianza y admiración y paz y posibilidades ahora, que está a punto de estallar, me pregunto si rasgará el vestido. 
 La esperanza me abraza, manteniéndome en sus brazos, secándome mis lágrimas y diciéndome que hoy y mañana y dentro de dos días estaré bien, estaré tan delirante y me atreveré a creerlo.
Estoy sentada en un salón azul.
Las paredes están empapeladas en tela del color de un cielo perfecto de verano, el suelo escondido bajo una alfombra de 5 centímetros de grosor, todo el salón estaba vacío, excepto por dos sillas de terciopelo con patrones de una constelación. Cada tono cambiante es como un moretón, como un hermoso error, como un recuerdo de lo que hizo Adam por mí.
Estoy sentada sola en la silla de terciopelo en una sala azul usando un vestido hecho de aceitunas. El peso del cuaderno en mi bolsillo se siente como si estuviera balanceando una bola de boliche en mis rodillas.
—Te ves preciosa.
Warner se agita en la habitación como si flotara en el aire de por vida. No está acompañado por nadie.
Mis ojos involuntariamente miran hacia mis zapatos deportivos y me preguntó si he roto algunas reglas por evitar los tacones en mi armario. Estoy segura que no son para los pies. Miro hacia arriba y él estaba parado frente a mí.
—El verde te queda genial —dice con una estúpida sonrisa—. Realmente realza el color de tus ojos.
—¿De qué color son mis ojos? —pregunté al muro.
Se ríe.
—No hablas en serio.
—¿Cuántos años tienes?
Él para de reír.
—¿Qué te importa?
—Soy curiosa.
Toma asiento a mi lado.
—No responderé tus preguntas si no me miras cuando te hablo. 
 —Me quieres para torturar a las personas contra mi voluntad. Tú quieres que sea un arma para tu guerra. Me quieres convertir en un monstruo para ti —me pausé—. Mirarte me da ganas de vomitar.
—Eres más terca de lo que yo pensaba.
—Estoy usando tu vestido. Comí tu comida. Estoy aquí. —Desvié mis ojos para mirarlo y él estaba mirando fijamente hacía mí. Momentáneamente, fui sorprendida por el poder de su mirada.
—No has hecho nada por mí —dijo tranquilamente.
Estuve a punto de reír a carcajadas.
—¿Por qué lo haría?
Sus ojos peleaban con sus labios por el derecho de hablar. Miré para otro lado.
—¿Qué estamos haciendo en este salón?
—Ah. —Tomó un profundo aliento—. Desayunemos. Luego te daré tu horario.
Presiona un botón en el brazo de su silla y casi instantáneamente, carros y bandejas están rodando hacia el salón por hombres y mujeres que claramente no son soldados. Sus expresiones son duras y agrietadas y demasiado delgadas para ser saludables.
Rompe mi corazón justo por la mitad.
—Usualmente comía solo —continúa Warner, su voz como un témpano perforado en la superficie de mis recuerdos—. Pero me imaginé que tú y yo deberíamos conocernos perfectamente. Especialmente, desde que estamos pasando tanto tiempo juntos.
Las sirvientes personas que no son soldados, se van y Warner me ofrece algo en una fuente.
—No estoy hambrienta.
—Eso no es una opción.
Miro hacia arriba y me doy cuenta que él está muy, muy serio.
—No tienes permitido pasar hambre hasta matarte. No comes suficiente y te necesito saludable. No tienes permitido suicidarte. No tienes permitido hacerte daño. Tú eres demasiado valiosa para mí. 
 —No soy tu juguete. —Casi le escupí.
Retiró su plato hacia el carrito rodante y me sorprendió que no lo estallara en pedazos. Aclaró su garganta y en realidad podía sentir miedo.
—Este proceso podía ser más fácil si tú solamente cooperarás —dijo articulando cada palabra.
Cinco cinco cinco cinco cinco latidos.
—El mundo está asqueado por ti —dijo moviendo sus labios con humor—. Todos los que te han conocido te han odiado. Han huido de ti. Te han abandonado. Tus propios padres te entregaron y ofrecieron tu existencia para renunciar a la autoridad. Estaban tan desesperados por deshacerse de ti, por convertirte en el problema de alguien más, de convencerse de que la abominación que ellos criaron, no era de hecho su hija.
Mi cara ha sido cacheteada por unas cien manos.
—Y todavía. —El ríe abiertamente ahora—. Insistes en ponerme como el chico malo. —Encuentra mis ojos—. Estoy tratando de ayudarte. Te estoy dando una oportunidad que no cualquiera te ofrecería. Estoy dispuesto a tratarte como un igual. Estoy dispuesto a darte algo que siempre has querido, y por encima de todo, puedo poner poder en tus manos. Puedo hacerlos sufrir por lo que te hicieron. —Se inclina lo suficiente—. Puedo cambiar tu mundo.
Está equivocado, tan equivocado, está más equivocado que un arco iris al revés.
Pero todo lo que dice es correcto.
—No te atrevas a odiarme tan rápidamente —continúa—. Podrías encontrarte disfrutando esta situación un poco más de lo que previste. Por suerte para ti. Estoy dispuesto a ser paciente. —Sonríe. Se inclina hacia atrás—. Pensándolo ciertamente, no lastima que seas tan alarmantemente hermosa.
Estoy empapando de pintura roja la alfombra.
Es un mentiroso y un horrible, horrible, horrible ser humano y no sé si preocuparme por que tenga la razón o por que esté equivocado, o por que estoy desesperada por algo de reconocimiento de este mundo. Nadie me ha dicho algo como eso antes.
Me hace querer mirarme en el espejo.
—Tú y yo no somos tan diferentes como podías esperar. —Su sonrisa es tan falsa que quiero retorcerla en mi puño. 
 —Tú y yo no somos tan similares como podías esperar.
Sonríe tan ampliamente que no estoy segura de cómo reaccionar.
—Tengo diecinueve, por cierto.
—¿Disculpa?
—Tengo diecinueve años —aclara—. Soy un modelo bastante impresionante para mi edad, lo sé.
Recojo mi chuchara y la empujo en la materia comestible en mi plato. Ya no sé que es comida.
—No tengo ningún respeto por ti.
—Podrías cambiar de opinión —dijo fácilmente—. Ahora apúrate y come. Tenemos mucho trabajo que hacer. 

Capítulo 21
Matar el tiempo no es tan difícil como suena.
Puedo lanzar unos cientos de números por mi pecho y verlos sangrar en puntos decimales en la palma de mi mano.
Puedo copiar los números de un reloj y ver a la manecilla de la hora marcar su tac final justo antes de dormirme. He estado asesinando minutos durante horas y a nadie parece importarle.
Ha pasado una semana desde que no he dicho una palabra a Adam.
Me volví hacia él una vez. Abrí mi boca sólo una vez, pero nunca tuve una oportunidad de decir algo antes de que Warner me interceptara.
—No tienes permitido hablarle a los soldados —dijo—. Si tienes preguntas, puedes encontrarme. Soy la única persona de la que necesitas preocuparte mientras estés aquí.
“Posesivo” no es una palabra lo suficientemente rara para Warner.
Él me escolta a todos lados. Me habla demasiado. Mi programa consiste en reuniones con Warner y en comer con Warner y en escuchar a Warner. Si está ocupado, soy enviada a mi habitación. Si está libre, me encuentra. Me cuenta sobre los libros que han sido destruidos. Los artefactos que están preparando para que se quemen. Las ideas que tiene para un nuevo mundo y cómo seré de una gran ayuda para él tan pronto como esté lista. Tan pronto como me dé cuenta de cuánto quiero esto, cuánto lo quiero a él, cuánto quiero esta vida nueva, gloriosa, poderosa. Está esperando que aproveche mi potencial. Me dice cuán agradecida debería estar por su paciencia. Su amabilidad. Su disposición a entender que esta transición debe ser difícil. 
 No puedo mirar a Adam. No puedo hablarle. Él duerme en mi habitación, pero no puedo verlo. Él respira tan cerca de mi cuerpo, pero no separa sus labios en mi dirección. No me sigue al baño. No deja mensajes secretos en mi cuaderno.
Me estoy empezando a preguntar si me imaginé todo lo que me dijo.
Necesito saber si algo ha cambiado. Necesito saber si estoy loca por mantener esta esperanza floreciendo en mi corazón y necesito saber lo que el mensaje de Adam quería decir, pero cada día que él me trata como una extraña es otro día que comienzo a dudar de mí misma.
Necesito hablarle, pero no puedo.
Porque ahora Warner está mirándome.
Las cámaras están mirando todo.
—Quiero que saques las cámaras de mi habitación.
Warner deja de morder la basura de comida/porquería/desayuno en su boca. Traga con cuidado antes de inclinarse hacia atrás y mirarme a los ojos.
—Absolutamente no.
—Si me tratas como una prisionera —le digo—, voy a actuar como una. No me gusta ser observada.
—No puedes ser confiada a tu propia cuenta. —Agarra su cuchara de nuevo.
—Cada respiro que tomo es monitoreado. Hay guardias ubicados en espacios de 2 metros en todas las entradas. No tengo siquiera acceso a mi propia habitación —protesto—. Las cámaras no van a hacer una diferencia.
Una extraña especie de diversión baila en sus labios.
—No estás exactamente estable, ya sabes. Eres responsable de matar a alguien.
—No. —Aprieto los dedos—. No… yo no lo haría… yo no maté a Jenkins.
—No estoy hablando de Jenkins. —Su sonrisa es un tanque de ácido que penetra en mi piel.
Él no va a dejar de mirarme. De sonreírme. De torturarme con sus ojos. 
 Esta soy yo, gritando silenciosamente en mi puño.
—Eso fue un accidente. —Las palabras salen de mi boca tan silenciosamente, tan silenciosamente que ni siquiera sé si realmente he hablado o si realmente aún estoy sentada aquí o si realmente tengo catorce años de nuevo de nuevo de nuevo y estoy gritando y muriendo en una piscina de recuerdos que nunca nunca nunca parece que pueda olvidar.
La vi en la tienda de comestibles. Sus piernas estaban cruzadas en los tobillos, su hijo estaba con una correa que ella pensaba que él pensaba que era una mochila. Pensaba que era tan mudo/tan joven/tan inmaduro para entender que la cuerda tirando de él hacia su muñeca era un dispositivo diseñado para atraerlo a su desinteresado círculo de autosimpatía. Ella eea demasiado joven para tener un hijo, para tener esas responsabilidades, para estar enfrascada con un hijo que tiene necesidades que no se acomodan a las suyas. Su vida es tan increíblemente inaguantable, tan inmensamente multifacética, tan glamorosa para el legado de la correa de su costado como para entender.
Los niños no son estúpidos, era lo que quería decirle.
Quería decirle que su séptimo grito no quería decir que él estaba intentando ser desagradable, que su advertencia decimocuarta en la forma de mocoso/tú eres un gran mocoso/me estás avergonzando, pequeño mocoso/no me hagas decirle a papi que estabas siendo un mocoso que estaba fuera de lugar. No quería mirar, pero no podía evitarlo. Su rostro de 3 años se frunció con dolor, sus pequeñas manos intentaron deshacer las correas que había amarrado sobre su pecho y había ajustado tan fuerte que cayó y lloró y ella le dijo que se lo merecía.
Quería preguntarle por qué haría eso.
Quería hacerle tantas preguntas, pero no las hice porque ya no hablamos con las personas porque decir algo sería más extraño que no decirle nada a un extraño. Él cayó al suelo y se retorció hasta que yo había dejado caer mis manos y cada rasgo en mi rostro.
Lo lamento, es lo que nunca le dije a su hijo.
Pensaba que mis manos ayudaban.
Pensaba que mi corazón ayudaba.
Pensaba tantas cosas. 
 Nunca.
Nunca.
Nunca.
Nunca.
Nunca pensé.
Maté a un pequeño.
Estoy clavada en mi silla de terciopelo con cerca de un millón de recuerdos y estoy obsesionada por un horror que mis manos desnudas crearon y me recuerda en cada momento que soy no deseada por alguna razón. Mis manos pueden matar gente. Mis manos pueden destruir todo.
No debería tener permitido vivir.
—Quiero —jadeo, luchando por tragar el puño depositado en mi garganta—, quiero que quites las cámaras. Quítalas o voy a morir luchando contigo por el derecho.
—¡Finalmente! —Warner se pone de pie y estrecha sus manos como si fuera para felicitarse a sí mismo—. Me estaba preguntando cuándo te despertarías. He estado esperando por el fuego que sé que debe estar comiéndote todos los días. Estás enterrada en el odio, ¿no? ¿Enojo? ¿Frustración? ¿Con ganas de hacer algo? ¿De ser alguien?
—No.
—Por supuesto que sí. Igual que yo.
—Te odio más de lo que alguna vez entenderé.
—Vamos a hacer un excelente equipo.
—No somos nada. Tú no eres nada parecido a mí…
—Sé lo que quieres. —Se inclina, deja caer su voz.
—Sé lo que tu pequeño corazón siempre ha esperado. Puedo darte la aceptación que buscas. Puedo ser tu amigo. —Me congelo. Titubeo. Fracaso en hablar. 
 —Sé todo sobre ti, amor. —Sonríe ampliamente—. Te he querido por un largo tiempo. He esperado por siempre que estés lista. No voy a dejarte ir tan fácilmente.
—No quiero ser un monstruo —digo, tal vez más por mi bien que por el suyo.
—No luches contra lo que naciste para ser. —Agarra mis hombros—. Para de dejar que todos los demás te digan qué está bien y qué está mal. ¡Haz un reclamo! Te encogiste cuando podías conquistar. Tienes mucho más poder del que eres consciente y yo estoy francamente demasiado ―Sacude su cabeza— fascinado.
—No soy tu fenómeno —digo bruscamente—. No actuaré por ti.
Aprieta su agarre alrededor de mis brazos y no puedo librarme de él. Se inclina peligrosamente cerca de mi rostro y no sé por qué, pero no puedo respirar.
—No te temo, querida —dice suavemente—. Estoy absolutamente encantado.
—O sacas las cámaras o encontraré y romperé cada una de ellas. —Soy una mentirosa. Estoy mintiendo por mis dientes, pero estoy enojada y desesperada y horrorizada. Warner quiere transformarme en un animal que se aprovecha de los débiles. De los inocentes.
Si él quiere que luche por él, va a tener que luchar conmigo primero.
Una lenta sonrisa se extiende en su rostro. Toca con los dedos enguantados mi mejilla e inclina mi cabeza hacia arriba, atrapando mi mentón en su agarre cuando me echo hacia atrás.
—Eres absolutamente deliciosa cuando estás enojada.
—Lástima que mi gusto sea venenoso para tu paladar. —Estoy bullendo con disgusto de la cabeza a los dedos del pie.
—Ese detalle hace a este juego mucho más atractivo.
—Estás enfermo, tan enfermo…
Él se ríe y libera mi mentón sólo para hacer el inventario de las partes de mi cuerpo. Sus ojos dibujan un vago recorrido por la longitud de mi cuerpo y siento la repentina urgencia de romper su bazo.
—Si saco tus cámaras, ¿qué harás por mí? —Sus ojos son perversos. 
 —Nada.
Él sacude su cabeza.
—No se hará. Podría aceptar tu propuesta si aceptas una condición.
Aprieto la mandíbula.
—¿Qué quieres?
La sonrisa es más grande que antes.
—Esa es una pregunta peligrosa.
—¿Cuál es tu condición? —aclaro, impaciente.
—Tócame.
—¿Qué? —Mi grito es tan fuerte que se queda en mi garganta sólo para correr deprisa por la habitación.
—Quiero saber exactamente de lo que eres capaz. —Su voz es firme, sus cejas tirantes, tensas.
—¡No lo haré de nuevo! —exploto—. Viste lo que me hiciste hacerle a Jenkins…
—Que se joda Jenkins —escupe—. Quiero que me toques… quiero sentirlo yo mismo…
—No… —Estoy sacudiendo mi cabeza tan fuerte que me hace marear—. No. Nunca. Estás loco… Tú no vas a…
—Tú lo harás, realmente.
—No…
—Tendrás que… trabajar… en un punto o en otro —dice, haciendo un esfuerzo por moderar su voz—. Incluso si tuviste que renunciar a mi condición, estás aquí por una razón, Juliette. Convencí a mi padre de que serías un recurso para El Reestablecimiento. Que serías capaz de dominar a cualquier rebelde que nosotros…
—Quieres decir torturar… 

No hay comentarios:

Publicar un comentario