miércoles, 26 de marzo de 2014

SHATTER ME, parte 10

Su ropa está hecha trizas, con la parte superior del cuerpo cubierta por nada más que una camiseta de tirantes con sus bien desarrollados brazos rasgados y magullados. Me sorprende que no se congelase hasta la muerte. No parece notarme hasta que lo hace.
Trata de reír.
—Amigo, estás loco...
—El baño es por aquí.
Adam está petrificado.
Kenji se mueve hacia delante, pero mira hacia atrás. Apunto con la pistola a su cara. Se ríe más fuerte, se estremece, jadea un poco.
—Tío, ¡te escapaste con la chica loca! ¡Te escapaste con la psicótica! —Está gritando tras Adam—. Pensé que hacía esa mierda. ¿En qué diablos estabas pensando? ¿Qué vas a hacer con la psicótica? No me extraña que Warner te quiera muerto... OH, TIO, qué infiernos...
—Ella no está loca. Y no es sorda, idiota.
La puerta se cierra detrás de ellos y sólo puedo distinguir su discusión ahogada. Tengo la sensación de que Adam no quiere que oiga lo que tiene que decir a Kenji. O eso, o son los gritos.
No tengo ni idea de lo que Adam está haciendo, pero supongo que tiene algo que ver con extraer el proyectil del cuerpo de Kenji y, en general, curar las demás heridas lo mejor que pueda. Adam tiene un amplio suministro de primeros auxilios y manos fuertes y constantes. Me pregunto si adquirió estas habilidades en el ejército. Tal vez para cuidar de sí mismo. O tal vez de su hermano. Tendría sentido.
El seguro médico era un sueño que perdimos hace mucho tiempo.
He estado esperando con esta arma en la mano durante casi una hora. He estado escuchando gritar a Kenji durante casi una hora y sólo lo sé, porque me gusta contar los segundos mientras pasan. No tengo ni idea de qué hora es. Creo que hay un reloj en la habitación de James, pero no quiero entrar en su habitación sin permiso.
Me quedo mirando la pistola en la mano, el metal liso y fuerte, y estoy sorprendida de encontrar que me gusta la forma en que se siente entre las manos. Como una extensión de mi cuerpo. Ya no me asusta más.
Me asusta más que yo pueda usarla. La puerta del baño se abre y Adam sale. Tiene una pequeña toalla en sus manos. Me pongo de pie. Me ofrece una pequeña sonrisa. Alcanza la pequeña nevera, llegando a la diminuta sección del congelador. Coge un par de cubitos de hielo y los deja caer en la toalla. Desaparece en el baño de nuevo.
Me siento en el sofá.
Hoy está lloviendo. El cielo llora por nosotros.
Adam sale del cuarto de baño, esta vez con las manos vacías, todavía solo.
Me levanto de nuevo.
Se frota la frente, la parte de atrás de su cuello. Se encuentra conmigo en el sofá.
—Lo siento —dice.
Mis ojos están muy abiertos.
—¿Por qué?
—Por todo —suspira—. Kenji era una especie de amigo en la base de la mina. Warner lo había torturado después de que nos fuimos. Para obtener más información.
Me trago un jadeo.
—Él dice que no dijo nada, realmente no tiene nada que decir, pero quedó en mal estado, bastante mal. No tengo ni idea de si sus costillas están rotas o simplemente magulladas, pero me las arreglé para sacar la bala de la pierna.
Tomo su mano. Aprieto.
—Le dispararon huyendo —dice Adam después de un momento.
Y algo choca contra mi conciencia. Entro en pánico.
—El sistema de seguimiento de sueros.
Adam asiente con la cabeza, los ojos pesados, angustiado.
—Creo que puede ser disfuncional, pero no tengo manera de saberlo con seguridad. Sé que si funciona como debe, Warner ya estaría aquí, ahora. Pero no podemos correr el riesgo. Tenemos que salir, y tenemos que deshacernos de Kenji antes de irnos.
Estoy sacudiendo mi cabeza, atrapada entre las corrientes de choque de incredulidad. 
—¿Cómo llegó incluso a encontrarte?
La cara de Adam se endurece.
—Él comenzó a gritar antes de que pudiera preguntar.
—¿Y James? —susurro, casi con miedo a preguntar.
Adam deja caer su cabeza entre sus manos.
—Tan pronto como llegue a casa nos iremos. Podemos utilizar este rato para prepararnos. —Se encuentra con mis ojos—. No puedo dejar atrás a James. No es seguro para él estar aquí.
Toco su mejilla y se inclina en mi mano, mi mano se sostiene contra su cara. Cierra los ojos.
—Hijo de perra.
Adam y yo nos apartamos. Me sonrojo por delante de mi línea del cabello. Adam se ve molesto. Kenji se inclina contra la pared en el pasillo del cuarto de baño, sujetando la improvisada bolsa de hielo en la cara. Mirándonos.
—¿La puedes tocar? Quiero decir, mierda, acabo de ver que la tocas, pero ni siquiera es...
—Tienes que irte —le dice Adam—. Ya has dejado una huella química que conduce directamente a mi casa. Tenemos que irnos, y no puedes venir con nosotros.
—Oh, hey, espera. —Kenji tropieza en la sala de estar, haciendo una mueca mientras se ejerce presión sobre la pierna—. No estoy tratando de retrasaros, hombre. Conozco un lugar. Un lugar seguro. Al igual, un lugar fiable y superseguro. Puedo llevaros. Puedo mostraros cómo llegar allí. Conozco a un tipo.
—Mierda —Adam está todavía enojado—. ¿Cómo me encontraste si quiera? ¿Cómo te las has arreglado para llegar hasta mi puerta, Kenji? No confío en ti...
—No lo sé, hombre. Te juro que no recuerdo lo que pasó. No sé hacia dónde corría después de cierto punto. Estaba saltando vallas. Me encontré en un campo enorme con un viejo cobertizo. Dormí allí por un tiempo. Creo que me desmayé en un momento dado, ya sea por el dolor o el frío, hace frío como el infierno aquí, y la siguiente cosa que sé es que algún tío me llevaba. Dejándome en tu puerta. Me dice que me calle acerca de Adam, porque Adam vive aquí. —Sonríe. Trata de guiñar—. Supongo que estaba soñando contigo en mi sueño. 
—Espera, ¿qué? —Adam se inclina hacia adelante—. ¿Qué quiere decir que un tipo te llevaba? ¿Qué tipo? ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo sabía mi nombre?
—No lo sé. No me lo dijo, y no es como si tuviera la presencia de ánimo para preguntar. Pero el tío era enorme. Quiero decir, tenía que serlo, si iba cargando con mi culo encima.
—Honestamente, no esperes que te crea.
—No tienes elección. —Kenji se encoge de hombros.
—Por supuesto que tengo elección. —Adam está de pie—. No tengo ninguna razón para confiar en ti. No hay razón para creer una sola palabra que salga de tu boca.
—¿Entonces por qué estoy aquí con una bala en mi pierna? ¿Por qué no te ha encontrado Warner todavía? ¿Por qué estoy sin armas...?
—¡Esto podría ser parte de tu plan!
—¡Y me has ayudado de todos modos! —Kenji se atreve a levantar la voz—. ¿Por qué no me dejaste morir? ¿Por qué no me disparaste hasta la muerte? ¿Por qué me ayudaste?
Adam se tambalea.
—No lo sé.
—Sí lo sabes. Sabes que no estoy aquí para arruinarte. Recibí una maldita paliza por ti...
—No estabas protegiendo ninguna información mía.
—Bueno, mierda, hombre, ¿qué demonios quieres que te diga? Iban a destrozarme el culo. Tuve que correr. No fue culpa mía que algún tío me dejase en tu puerta.
—Esto no es sólo acerca de mí, ¿no lo entiendes? He trabajado muy duro para encontrar un lugar seguro para mi hermano y en una mañana arruinas años de planificación. ¿Qué diablos se supone que debo hacer ahora? Tengo que huir hasta que pueda encontrar una manera de mantenerlo a salvo. Es demasiado joven para tener que lidiar con esto...
—Somos todos demasiado jóvenes para tener que lidiar con esta mierda. —Kenji respira con dificultad—. No te engañes, hermano. Nadie debería tener que ver lo que hemos visto. Nadie debería tener que despertarse por la mañana y encontrarse cadáveres en la sala de estar, pero esa mierda ocurre. Lidiamos con ello, y encontramos una forma de sobrevivir. Tú no eres el único con problemas. Adam se hunde en el sofá. 40 kilos de preocupado peso sobre sus hombros. Se inclina hacia delante con la cabeza entre las manos.
Kenji me mira fijamente. Retiro la mirada.
Él sonríe y se inclina hacia adelante.
—Sabes, eres muy sexy para ser una chica psico.
Click.
Kenji está dando marcha atrás con las manos en el aire. Adam está presionando una pistola en su frente.
—Muestra algo de respeto, o te fundiré el cráneo.
—Estaba bromeando...
—Como el infierno que lo estabas.
—Maldita sea, Adam, deja al infierno en paz...
—¿Dónde está el “lugar superseguro” al que nos puedes llevar?
Estoy de pie con el arma aún sujeta en la mano. Me muevo junto a Adán.
—¿O mentías?
Kenji se enciende.
—No, eso es real. Muy real. De hecho, puedo o no haber mencionado algo acerca de ti. Y el tipo que dirige el lugar puede o no estar ridículamente interesado en conocerte.
—¿Crees que soy una especie de monstruo que puedes mostrar a tus amigos? Bloqueada. Cargada.
Kenji se aclara la garganta.
—No un monstruo. Sólo... interesante.
Apunto mi arma a su nariz.
—Soy tan interesante que te puedo matar con mis propias manos.
Un destello apenas perceptible de miedo centellea en sus ojos.
Se traga unos galones de la humildad. Trata de sonreír. 
—¿Seguro que no estás loca?
—No. —Levanto la cabeza—. No estoy segura.
Kenji sonríe. Me mira de arriba a abajo.
—Bueno, maldita sea. Pero haces que lo loco suene bueno.
—Estoy a 15 centímetros de romperte la cara —le advierte Adán, con su voz como el acero, el cuerpo rígido por la ira y los ojos entrecerrados, inquebrantable.
No hay toque de humor en su expresión.
—No necesito otra razón.
—¿Qué? —Se ríe Kenji, sin inmutarse—. No he estado tan cerca de una chica desde hace mucho, hermano. Y loca o no...
—No estoy interesada.
Kenji se vuelve hacia mí.
—Bueno, no estoy seguro de si te culpo. Me veo como el infierno ahora mismo. Pero voy a tener buen aspecto. —Intenta una sonrisa—. Dame un par de días. Puedes cambiar de opinión.
Adam le golpea con el codo en la cara y no se disculpa. 

Capítulo 36
Kenji está maldiciendo, sangrando, quedándose sin palabras y tropezando hacia el baño, sosteniendo su nariz.
Adam me empuja hacia la habitación de James.
—Dime algo —dice él. Mira hacia el techo, toma una profunda respiración—. Dime cualquier cosa.
Trato de enfocarme en sus ojos, agarrar sus manos, gentil gentil gentil. Espero hasta que me mira.
—Nada va a pasarle a James. Lo mantendremos a salvo. Lo prometo.
Sus ojos están llenos de dolor como nunca antes los he visto. Abre sus labios. Los presiona. Cambia de pensamiento hasta que sus palabras caen en el aire entre nosotros.
—Él ni siquiera sabe sobre nuestro padre. —Es la primera vez que reconoce el asunto. Es la primera vez que reconoce que yo no sé nada al respecto—. Nunca quise que él supiera. Inventé historias para él. Quería que tuviera la oportunidad de ser normal. —Sus labios están derramando secretos y mis oídos están derramando tinta, manchando mi piel con sus historias—. No quería que nadie lo tocara. No quiero joderlo. No puedo… Dios no puedo dejar que pase —me dice.
Suavemente. Silenciosamente. He buscado en el mundo por todas las palabras adecuadas y mi boca está llena de nada.
—Nunca es suficiente —susurra él—. Nunca puedo hacer lo suficiente. Todavía se despierta gritando. Llora para dormirse. Ve cosas que no puedo controlar. —Pestañea un millón de veces.
—Tantas personas, Juliette.
Contengo mi respiración.
—Muerta. 
Toco la palabra en sus labios y él besa mis dedos. Sus ojos son dos piscinas de perfección, abiertas, honestas, humildes.
—No sé qué hacer —dice él, y es como una confesión que le cuesta mucho más de lo que puedo entender.
El control se está deslizando fuera de sus dedos y está desesperado por aferrarlo.
—Dime qué hacer.
Puedo escuchar los latidos en el silencio entre nosotros. Estudio la forma de sus labios, las fuertes líneas de su rostro, las pestañas por las que cualquier chica mataría, el profundo azul oscuro de los ojos en los que he aprendido a sumergirme. Le ofrezco la única posibilidad que tengo.
—El plan de Kenji vale la pena considerarse.
—¿Confías en él? —Adam se inclina hacia atrás, sorprendido.
—No creo que mienta sobre saber un lugar al cual podemos ir.
—No sé si eso es una buena idea.
—¿Por qué no…?
Algo que no puede ser una risa.
—Podría matarlo antes de que incluso llegáramos a allí.
Mis labios se mueven en una sonrisa triste.
—No hay un lugar en el cual podemos escondernos, ¿verdad?
El sol está girando alrededor de la luna cuando él responde. Niega con su cabeza. Una vez. Rápido. Tenso.
Aprieto su mano.
—Entonces, tendremos que intentarlo.
—¿Qué rayos están haciendo aquí? —grita Kenji desde la puerta. La golpea unas cuantas veces—. Quiero decir, mierda, hombre, no creo que nunca haya un mal momento para desnudarse, pero ahora tal vez no es el mejor momento para un evento. Así que a menos que quieran ser asesinados, les sugiero que traigan su trasero aquí afuera. Tenemos que prepararnos para irnos.
—Podría matarlo ahora mismo —cambia de opinión Adam. 
Tomo su rostro en mis manos, me pongo de puntillas y lo beso. Sus labios son dos almohadas, tan suaves, tan dulces.
—Te amo.
Él está mirando en mis ojos y mirando mi boca y su voz es un susurro ronco.
—¿Sí?
—Absolutamente.
Los tres tenemos todo empacado y estamos listos para irnos antes de que James regrese de la escuela. Adam y yo recogimos las necesidades básicas más importantes: comida, ropa, y dinero que Adam ahorró. Sigue mirando el lugar como si no pudiera creer que lo perdió tan fácilmente. Sólo puedo imaginar cuánto trabajo puso en él, cuando intentó que fuera un hogar para su hermanito. Mi corazón está en trozos por él.
Su amigo es una especie completamente diferente.
Kenji está cuidando sus nuevos moretones, pero parece un espíritu razonable, emocionado por razones que no puedo descifrar. Él es extrañamente fuerte y animado. Parece imposible desanimarlo y no puedo evitar admirar su determinación. Pero él no deja de mirarme.
—¿Cómo es que puedes tocar a Adam? —dice después de un momento.
—No lo sé.
Él resopla.
—Mierda.
Me encojo. No siento la necesidad de convencerlo que absolutamente no tengo idea de cómo es que soy tan afortunada.
—¿Cómo supiste que podías tocarlo? ¿Una especie de experimento enfermizo?
Espero no estar ruborizándome.
—¿Dónde está ese lugar al que nos estás llevando?
—¿Por qué estás cambiando el tema? —Está sonriendo. Estoy segura de que está sonriendo. Me rehusó a mirarlo sin embargo—. Tal vez también puedes tocarme. ¿Por qué no lo intentas?
—No quieres que te toque. 
—Tal vez sí quiero. —Definitivamente, está sonriendo.
—Tal vez la deberías dejar en paz antes de que vuelva a poner esa bala en tu pierna —ofrece Adam.
—Lo siento, ¿no sé permite que un hombre solitario haga una jugada, Kent? Tal vez estoy interesado de verdad. Tal vez deberías callarte la puta boca y dejar que hable ella misma.
Adam pasa una mano por su cabello. Siempre la misma mano. Siempre por su cabello. Está nervioso. Frustrado. Tal vez incluso avergonzado.
—Todavía no estoy interesada —le recuerdo, con un filo en mi voz.
—Sí, pero no olvidemos que esto —Señala su rostro estropeado— no es permanente.
—Bueno, estoy permanentemente desinteresada.
Quiero tanto decirle que no estoy disponible. Quiero decirle que tengo una relación seria. Quiero decirle que Adam me hizo promesas.
Pero no puedo.
No tengo idea de lo que significa estar en una relación. No sé si decir “Te amo” es un código para “mutua exclusividad” y no sé si Adam hablaba en serio cuando le dijo a James que yo era su novia. Tal vez era una excusa, una cubierta, una respuesta fácil para una complicada respuesta. Deseo que él le diga algo a Kenji, deseo que le diga que estamos juntos oficialmente, exclusivamente.
Pero no lo hace.
Y no sé porqué no lo hace.
—No creo que debas decidir hasta que la hinchazón baje —continúa Kenji con realismo—. Es sólo justo. Tengo un hermoso rostro espectacular.
Adam se ahoga con tos que pienso que era que se estaba riendo.
—¿Sabes? Solía jurar que estábamos bien —dice Kenji, nivelando su mirada hacia Adam.
—No puedo recordar porqué.
Kenji silba.
—¿Hay algo qué quieras decirme? 
—No confío en ti.
—¿Entonces por qué sigo aquí?
—Porque confío en ella.
Kenji se voltea para mirarme. Se las arregla para hacer una sonrisa tonta.
—Aw, ¿confías en mí?
—En cuanto tenga un tiro despejado. —Aprieto el agarre en el arma que tengo en mi mano.
Su sonrisa es torcida.
—No sé porqué, pero medio me gusta cuando me amenazas.
—Eso es porque eres un idiota.
—Nah. —Niega con su cabeza—. Tienes una voz sexy. Hace que todo suene tan travieso.
Adam se pone de pie de repente y casi tumba la mesa de café.
Kenji rompe a reír, resollando contra el dolor de sus heridas.
—Cálmate, Kent, demonios. Sólo estoy bromeando con ustedes, chicos. Me gusta ver a la chica psicópata ponerse intensa. —Me mira, bajando su voz—. Quise decir eso como un cumplido, porque, tú sabes… —Mueve una mano caótica en mi dirección—. El tipo psicótico te sienta bien.
—¿Qué demonios está mal contigo? —Adam lo ataca.
—¿Qué demonios está mal contigo? —Kenji cruza sus brazos, molesto—. Todos están tan tensos aquí.
Adam aprieta el arma en su mano. Camina hacia la puerta. Camina hacia atrás. Está paseando.
—Y no te preocupes por tu hermano —añade Kenji—. Estoy seguro de que estará aquí pronto.
Adam no se ríe. No deja de pasear. Su mandíbula se mueve.
—No estoy preocupado por mi hermano. Estoy decidiendo si dispararte ahora o después.
—Después —dice Kenji, colapsando en el sofá—. Todavía me necesitas ahora. 
Adam trata de hablar pero se le acaba el tiempo.
La puerta hace click, un beep y se alza el pestillo para abrirse.
James está en casa. 

Capítulo 37

Me alegra que te lo estés tomando tan bien, en verdad lo estoy, pero James, esto en verdad no es algo por lo cual emocionarse. Estamos corriendo por nuestras vidas.
—Pero lo estamos haciendo juntos —dice por quinta vez con una enorme sonrisa sobre poblando su rostro. Tuvo una afición por Kenji casi demasiado rápido, y ahora el par de ellos están conspirando para que el apuro fuera una especie de misión elaborada—. ¡Y puedo ayudar!
—No, no es…
—Por supuesto que puedes…
Adam y Kenji hablan al mismo tiempo. Kenji se recupera primero.
—¿Por qué no puede ayudar? Diez años es la edad suficiente para ayudar.
—Esta no es tu llamada —dice Adam, cuidadosamente controlando su voz. Sé que se está calmando por el bienestar de su hermano—. Y no es tu asunto.
—Finalmente puedo ir contigo —dice James, sin inmutarse—. Y quiero ayudar.
James tomó las noticias con calma. Ni siquiera se estremeció cuando Adam explicó la verdadera razón por la que estaba en casa, y porqué estábamos juntos. Pensé que ver a Kenji con moretones y con el rostro magullado lo asustaría, pondría nervioso, instalaría una sensación de miedo en su pecho, pero James estaba completamente impasible.
Se me ocurrió que él había visto cosas mucho peores.
Adam toma unas profundas respiraciones antes de voltearse hacia Kenji.
—¿Cuán lejos?
—¿A pie? —Kenji parece inseguro por primera vez—. Al menos unas cuantas horas. Si no hacemos nada estúpido, deberíamos estar allí al anochecer. 
—¿Y si vamos en auto?
Kenji pestañea. Su sonrisa se disuelve en una enorme sonrisa.
—Bueno, mierda, Kent, ¿por qué no lo dijiste más rápido?
—Cuida tu lenguaje cerca a mi hermano.
James pone sus ojos en blanco.
—He escuchado cosas peores todos los días. Incluso Benny usa malas palabras.
¿Benny? —Las cejas de Adam se suben hasta su frente.
—Sip.
—¿Ella que tiene que... —Se detiene. Cambia de parecer—. Eso no significa que está bien que lo escuches.
—¡Casi tengo once!
—Hey, hombrecito —interrumpe Kenji—. Está bien. Es mi culpa. Debería ser más cuidadoso. Además, hay señoritas presentes. —Kenji me guiña.
Aparto la mirada. Miro alrededor.
Es difícil para mí dejar esta casa humilde, así que sólo puedo imaginar lo que Adam debe experimentar en este momento. Creo que James está demasiado emocionado por la peligrosa carretera que se avecina para darse cuenta de lo que está pasando. Para comprender verdaderamente que nunca va a volver a este lugar.
Todos somos fugitivos huyendo por nuestras vidas.
—Entonces, ¿qué? ¿Robaste un auto? —pregunta Kenji.
—Un tanque.
Kenji se echa a reír.
—Genial.
—Un poco sospechoso para el día, sin embargo.
—¿Qué significa sospechoso? —pregunta James.
—Es un poco… notable. —Adam se encoge.
—Mierda. —Kenji se tambalea para ponerse de pie. 
—Te dije que cuidaras tu lenguaje…
—¿Escuchaste eso?
—¿Escuchar qué?
Los ojos de Kenji se disparan en todas las direcciones.
—¿Hay otra forma de salir de aquí?
Adam está de pie.
—James.
James corre al lado de su hermano. Adam revisa su arma. Estoy lanzando mochilas encima de mi espalda, Adam está haciendo lo mismo con su atención desviada hacia la puerta delantera.
—Apresúrate.
—¿Cuán cerca?
—No hay tiempo.
—¿Qué…
—Kent, corre.
Y estamos corriendo, siguiendo a Adam hacia la habitación de James. Adam arranca la cortina de una pared para revelar una puerta oculta justo cuando hay 3 beeps en la sala.
Adam le dispara al seguro en la puerta de salida.
Algo explota a no más de 4 metros detrás de nosotros. Los sonidos destrozan en mis oídos, vibran por mi cuerpo. Casi colapso por el impacto. Los disparos están en todas partes. Pisadas reverberan en la casa, pero ya estamos corriendo por la salida. Adam arrastra a James hacia sus brazos y estamos volando por el repentino estallido de luz cegadora y haciendo nuestro camino por las calles. La lluvia ha cesado. Los caminos están enlodados y manchados. Hay niños en todas partes, brillantes colores de pequeños cuerpos de repente gritando por nuestro acercamiento.
Ya no tiene punto ser discretos.
Ya nos han encontrado. Kenji está quedándose atrás, cojeando por la última de su ataque de adrenalina. Cuando volteamos en un estrecho callejón, él cae contra la pared.
—Lo siento —jadea—, no puedo… pueden dejarme aquí.
—No podemos dejarte —grita Adam, mirando a todas partes, absorbiendo los alrededores.
—Eso es dulce, hermano, pero está bien.
—¡Te necesitamos para que nos muestres a donde ir!
—Bueno, mierda.
—Dijiste que nos ayudarías…
—Pensé que dijiste que tenías un tanque…
—Si no lo has notado, ha habido un cambio de planes inesperado…
—No puedo continuar, Kent. Apenas puedo caminar…
—Tienes que intentarlo
Hay rebeldes en fuga. Están armados y listos para disparar. El toque de queda está en marcha ahora. Todos regresen a sus casas inmediatamente. Hay rebeldes en fuga. Están armados y listos para dispa…
Los altavoces suenan alrededor de las calles, atrayendo la atención hacia nuestros cuerpos acurrucados en el estrecho callejón. Unas cuantas personas nos ven y gritan. Las botas se están volviendo más fuertes. Los disparos se están volviendo más salvajes.
Me tomo un momento para analizar el edificio que nos rodea y me doy cuenta de que no estamos en un complejo. La calle donde vive James es un césped no reglamentado: una serie de edificios de oficinas abandonados atiborrados, sobras de nuestras viejas vidas. No entiendo porqué no está viviendo en un complejo como el resto de la población. No tengo tiempo para descubrir porqué sólo veo dos grupos de edades representados, porqué los viejos y los huérfanos son los únicos residentes, porqué han sido tirados en terrenos ilegales con soldados que no se supone que estén aquí.
Estoy asustada de considerar las respuestas a mis propias preguntas y entro en pánico en el momento que temo por la vida de James. Giro alrededor mientras corremos viendo su pequeño cuerpo liado en los brazos de Adam.
Sus ojos están cerrados tan fuertemente que estoy segura de que duele. Adam maldice en voz baja. Patea la primera puerta que encontramos en un edificio desierto y grita para que lo sigamos dentro.
—Necesito que te quedes aquí —le dice a Kenji—. Y estoy loco, pero necesito dejar a James contigo. Necesito que lo cuides. Están buscando a Juliette, y me están buscando a mí. Ni siquiera esperaban encontrarse con ustedes dos.
—¿Qué vas a hacer? —pregunta Kenji.
—Necesito robar un auto. Luego volveré por ustedes. —James ni siquiera protesta mientras Adam lo baja. Sus pequeños labios están blancos. Sus ojos abiertos. Sus manos temblando—. Volveré por ti James —dice Adam de nuevo—. Lo prometo.
James asiento una y otra vez y otra vez. Adam besa su cabeza, una vez, rápidamente, fuerte. Deja caer nuestras bolsas en el suelo. Se voltea hacia Kenji.
—Si dejas que algo le pase, te mataré.
Kenji no se ríe. No frunce el ceño. Toma una profunda respiración.
—Cuidaré de él.
—¿Juliette?
Él toma mi mano y desaparecemos en las calles. 

Capítulo 38
Las carreteras están llenas de peatones tratando de escapar. Adam y yo ocultamos nuestras armas en las cinturas de los pantalones, pero nuestros ojos salvajes y movimientos bruscos parece que nos delatan. Todo el mundo se mantiene lejos de nosotros, entrando en direcciones opuestas, algunos chillando, gritando, llorando, dejando caer las cosas de sus manos. Pero en todo el pueblo, no veo un sólo coche a la vista. Deben ser difíciles de conseguir, especialmente en esta área.
Adam me empuja hacia el suelo cuando una bala vuela más allá de mi cabeza. Derriba otra puerta y corremos a través de las ruinas hacia la otra salida, atrapados en el laberinto de lo que solía ser una tienda de ropa. Los disparos y los pasos nos siguen de cerca. Debe haber al menos un centenar de soldados detrás de nosotros a través de las calles, agrupados en diferentes grupos, dispersos en diferentes zonas de la ciudad, listos para capturarnos y matarnos.
Pero sé que no me van a matar.
Es Adam quien me preocupa.
Trato de mantenerme lo más cerca a su cuerpo, porque estoy segura de que Warner les ha dado órdenes para que me lleven viva. Mis esfuerzos, sin embargo, son débiles en el mejor de los casos. Adam tiene la altura y el músculo suficiente para empequeñecerme. Cualquier persona con excelente puntería sería capaz de orientar el disparo. Podían disparar a la derecha en la cabeza.
Justo frente a mí.
Él regresa dos tiros. Uno queda corto. Otro provoca un grito ahogado. Estamos en marcha aún.
Adam no dice nada. No me dice que sea valiente. No me pregunta si estoy bien, si tengo miedo. No me ofrece aliento o me asegura que vayamos a estar bien. No me dice que lo deje atrás y me salve. No me dice que cuide de su hermano en caso de que muera. 
 No es necesario.
Ambos comprendemos la realidad de nuestra situación. Adam podría ser disparado en estos momentos. Podría ser capturado en cualquier momento. Este edificio pronto podeía explotar. Alguien podría haber descubierto a Kenji y a James. Todos podemos morir hoy. Los hechos son evidentes.
Pero sabemos que tenemos que correr el riesgo de la misma manera.
Debido a que moverse hacia delante es la única manera de sobrevivir.
La pistola se está volviendo resbaladiza en mis manos, pero me aferró a ella de todos modos. Mis piernas están gritando por el dolor, pero las empujo más rápido de todos modos. Mis pulmones están cortando mi caja torácica por la mitad, pero me obligo a procesar oxígeno de todos modos. Tengo que seguir adelante. No hay tiempo para las deficiencias humanas.
La escalera de incendio en este edificio es casi imposible de encontrar. Nuestros pies golpean el suelo de baldosas, nuestras manos buscan a través de la sombría luz algún tipo de salida, algún tipo de acceso a las calles. El edificio es más grande de lo que esperábamos, masivo, con cientos de direcciones posibles. Me doy cuenta de que debe haber sido un almacén y no sólo una tienda.
Adam se agacha detrás de un escritorio abandonado, tirando de mí hacia él.
—¡No seas estúpido, Kent… solo no puedes correr por tanto tiempo! —grita alguien. La voz no está a más de cinco metros de distancia.
Adam traga. Aprieta la mandíbula. Las personas que tratan de matarlo son los mismos con los que solía comer. Entrenar. Vivir. Conoce a esos tipos. Me pregunto si ese conocimiento hace que sea peor.
—Sólo tienes que entregar a la chica —añade una nueva voz—. Sólo danos a la chica y no dispararemos. Vamos a fingir que te has perdido. Te vamos a dejar ir. Warner sólo quiere a la chica.
Adam respira con dificultad. Agarra la pistola en la mano. Extrae la cabeza por un segundo y dispara. Alguien cae al suelo, gritando.
—Kent, hijo de…
Adam utiliza el momento para huir. Saltamos detrás de un mostrador y volamos hacia un hueco en la escalera. Los disparos nos pasan por milímetros. Me pregunto si estos dos hombres son los únicos que nos siguen en el interior. 
 La escalera de caracol nos lleva al aire hacia un nivel inferior, un sótano de algún tipo.
Alguien está tratando de apuntar a Adam, pero los movimientos erráticos hacen que sea imposible. La posibilidad de que él me golpee es demasiado alta. Está desatando una gran cantidad de improperios a nuestro paso.
Adam golpea las cosas mientras corremos, tratando de crear cualquier tipo de distracción, cualquier tipo de riesgo para frenar al soldado detrás de nosotros. Veo un par de puertas para tormenta de la bodega y me doy cuenta que esta área debe haber sido devastado por los tornados. El tiempo es turbulento, los desastres naturales son comunes. Los ciclones han arrancado esta ciudad.
—Adam… —Tiro con fuerza de su brazo. Nos escondemos detrás de un muro bajo.
Señalo nuestra única posible vía de escape.
Él aprieta mi mano.
—Buen ojo. —Pero no nos movemos hasta que el aire pasa a nuestro alrededor. Un paso en falso. Un grito sordo. Es una oscuridad casi cegadora, es obvio que la electricidad fue desconectada hace mucho tiempo. El soldado ha saltado en uno de los obstáculos que Adam ha dejado atrás.
Adam tiene la pistola cerca de su pecho. Toma una respiración profunda. Da la vuelta y hace un disparo veloz.
Su puntería es excelente.
Una explosión incontrolada de malas palabras lo confirma.
Adam toma una respiración difícil.
—Sólo estoy disparando para deshabilitarlo —dice—. No para matar.
—Lo sé —le digo. A pesar de que no estaba segura.
Corremos hacia las puertas y Adam se esfuerza por quitar el seguro. Está casi cerrada por el óxido. Nos estamos desesperando. No sé cuánto tiempo va a pasar hasta que seamos descubiertos por otro grupo de soldados. Estoy a punto de sugerir que le dispare para abrirla, cuando Adam finalmente se las arregla para dejarnos libres.
Patea las puertas para abrirlas y tropezamos hacia la calle. Hay tres coches para elegir.
Estoy tan feliz que podría llorar.
 —Ya era hora —dice.
Pero no fue Adam quién lo dijo. 

Capítulo 39
Hay sangre por todas partes.
Adam está en el terreno, agarrando su cuerpo, pero no sé dónde ha sido herido. Hay soldados pululando a su alrededor y yo estoy arañando los brazos que me retenían, pateando en el aire, llorando en el vacío. Alguien me estaba arrastrando lejos y no podía ver qué le habían hecho a Adam. El miedo se apodera de mis miembros, entorpeciendo mis articulaciones, rompiendo cada uno de los huesos de mi cuerpo. Quiero chillar hasta el cielo, quiero caer sobre mis rodillas y sollozar en la tierra. No entiendo por qué la agonía no está encontrando escape en mis gritos. Por qué mi boca está cubierta con la mano de alguien.
―Si te dejo ir, tienes que prometerme que no gritarás ―me dijo.
Está tocando mi cara con sus manos desnudas y no sé dónde solté mi arma.
Warner me arrastra hacia a un edificio aún en funcionamiento y patea una puerta para abrirla. Golpea un interruptor. Luces fluorescentes parpadean con un pálido zumbido. Hay pinturas tapando las paredes, arcoíris de alfabetos engrapados a las pizarras de corcho. Pequeñas mesas diseminadas a través del salón. Estamos en un salón de clases.
Me pregunto si este era el colegio al que James iba.
Warner suelta mi mano. Sus vidriosos ojos verdes están tan encantados y me petrifico.
―Dios, te extrañé ―me dice―. ¿Realmente pensabas que yo te dejaría ir tan fácilmente?
―Le disparaste a Adam. ―Eran las únicas palabras en las que podía pensar. Mi mente está confusa con incredulidad. Sigo mirando su hermoso cuerpo estrujado en el terreno, rojo rojo rojo. Necesito saber si está vivo. Tiene que estar vivo.

Los ojos de Warner destellan. 

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