Su ropa está hecha trizas, con
la parte superior del cuerpo cubierta por nada más que una camiseta de tirantes
con sus bien desarrollados brazos
rasgados y magullados. Me sorprende que no se congelase hasta la muerte. No
parece notarme hasta que lo hace.
Trata de reír.
—Amigo, estás loco...
—El baño es por aquí.
Adam está petrificado.
Kenji se mueve hacia delante,
pero mira hacia atrás. Apunto con la pistola a su cara. Se ríe más fuerte, se
estremece, jadea un poco.
—Tío, ¡te escapaste con la chica
loca! ¡Te escapaste con la psicótica! —Está gritando tras Adam—. Pensé que
hacía esa mierda. ¿En qué diablos estabas pensando? ¿Qué vas a hacer con la
psicótica? No me extraña que Warner te quiera muerto... OH, TIO, qué
infiernos...
—Ella no está loca. Y no es
sorda, idiota.
La puerta se cierra detrás de
ellos y sólo puedo distinguir su discusión ahogada. Tengo la sensación de que
Adam no quiere que oiga lo que tiene que decir a Kenji. O eso, o son los
gritos.
No tengo ni idea de lo que Adam
está haciendo, pero supongo que tiene algo que ver con extraer el proyectil del
cuerpo de Kenji y, en general, curar las demás heridas lo mejor que pueda. Adam
tiene un amplio suministro de primeros auxilios y manos fuertes y constantes.
Me pregunto si adquirió estas habilidades en el ejército. Tal vez para cuidar
de sí mismo. O tal vez de su hermano. Tendría sentido.
El seguro médico era un sueño
que perdimos hace mucho tiempo.
He estado esperando con esta
arma en la mano durante casi una hora. He estado escuchando gritar a Kenji
durante casi una hora y sólo lo sé, porque me gusta contar los segundos mientras
pasan. No tengo ni idea de qué hora es. Creo que hay un reloj en la habitación
de James, pero no quiero entrar en su habitación sin permiso.
Me quedo mirando la pistola en
la mano, el metal liso y fuerte, y estoy sorprendida de encontrar que me gusta
la forma en que se siente entre las manos. Como una extensión de mi cuerpo. Ya
no me asusta más.
Me asusta más que yo pueda
usarla. La
puerta del baño se abre y Adam sale. Tiene una pequeña toalla en sus manos. Me
pongo de pie. Me ofrece una pequeña sonrisa. Alcanza la pequeña nevera,
llegando a la diminuta sección del congelador. Coge un par de cubitos de hielo
y los deja caer en la toalla. Desaparece en el baño de nuevo.
Me siento en el sofá.
Hoy está lloviendo. El cielo
llora por nosotros.
Adam sale del cuarto de baño,
esta vez con las manos vacías, todavía solo.
Me levanto de nuevo.
Se frota la frente, la parte de
atrás de su cuello. Se encuentra conmigo en el sofá.
—Lo siento —dice.
Mis ojos están muy abiertos.
—¿Por qué?
—Por todo —suspira—. Kenji era
una especie de amigo en la base de la mina. Warner lo había torturado después
de que nos fuimos. Para obtener más información.
Me trago un jadeo.
—Él dice que no dijo nada,
realmente no tiene nada que decir, pero quedó en mal estado, bastante mal. No
tengo ni idea de si sus costillas están rotas o simplemente magulladas, pero me
las arreglé para sacar la bala de la pierna.
Tomo su mano. Aprieto.
—Le dispararon huyendo —dice
Adam después de un momento.
Y algo choca contra mi conciencia.
Entro en pánico.
—El sistema de seguimiento de
sueros.
Adam asiente con la cabeza, los
ojos pesados, angustiado.
—Creo que puede ser
disfuncional, pero no tengo manera de saberlo con seguridad. Sé que si funciona
como debe, Warner ya estaría aquí, ahora. Pero no podemos correr el riesgo.
Tenemos que salir, y tenemos que deshacernos de Kenji antes de irnos.
Estoy sacudiendo mi cabeza,
atrapada entre las corrientes de choque de incredulidad.
—¿Cómo
llegó incluso a encontrarte?
La cara de Adam se endurece.
—Él comenzó a gritar antes de
que pudiera preguntar.
—¿Y James? —susurro, casi con
miedo a preguntar.
Adam deja caer su cabeza entre
sus manos.
—Tan pronto como llegue a casa
nos iremos. Podemos utilizar este rato para prepararnos. —Se encuentra con mis
ojos—. No puedo dejar atrás a James. No es seguro para él estar aquí.
Toco su mejilla y se inclina en
mi mano, mi mano se sostiene contra su cara. Cierra los ojos.
—Hijo de perra.
Adam y yo nos apartamos. Me
sonrojo por delante de mi línea del cabello. Adam se ve molesto. Kenji se
inclina contra la pared en el pasillo del cuarto de baño, sujetando la improvisada
bolsa de hielo en la cara. Mirándonos.
—¿La puedes tocar? Quiero decir,
mierda, acabo de ver que la tocas, pero ni siquiera es...
—Tienes que irte —le dice Adam—.
Ya has dejado una huella química que conduce directamente a mi casa. Tenemos
que irnos, y no puedes venir con nosotros.
—Oh, hey, espera. —Kenji
tropieza en la sala de estar, haciendo una mueca mientras se ejerce presión
sobre la pierna—. No estoy tratando de retrasaros, hombre. Conozco un lugar. Un
lugar seguro. Al igual, un lugar fiable y superseguro. Puedo llevaros. Puedo
mostraros cómo llegar allí. Conozco a un tipo.
—Mierda —Adam está todavía
enojado—. ¿Cómo me encontraste si quiera? ¿Cómo te las has arreglado para
llegar hasta mi puerta, Kenji? No confío en ti...
—No lo sé, hombre. Te juro que
no recuerdo lo que pasó. No sé hacia dónde corría después de cierto punto.
Estaba saltando vallas. Me encontré en un campo enorme con un viejo cobertizo.
Dormí allí por un tiempo. Creo que me desmayé en un momento dado, ya sea por el
dolor o el frío, hace frío como el infierno aquí, y la siguiente cosa que sé es
que algún tío me llevaba. Dejándome en tu puerta. Me dice que me calle acerca
de Adam, porque Adam vive aquí. —Sonríe. Trata de guiñar—. Supongo que estaba
soñando contigo en mi sueño.
—Espera,
¿qué? —Adam se inclina hacia adelante—. ¿Qué quiere decir que un tipo te
llevaba? ¿Qué tipo? ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo sabía mi nombre?
—No lo sé. No me lo dijo, y no
es como si tuviera la presencia de ánimo para preguntar. Pero el tío era enorme.
Quiero decir, tenía que serlo, si iba cargando con mi culo encima.
—Honestamente, no esperes que te
crea.
—No tienes elección. —Kenji se
encoge de hombros.
—Por supuesto que tengo
elección. —Adam está de pie—. No tengo ninguna razón para confiar en ti. No hay
razón para creer una sola palabra que salga de tu boca.
—¿Entonces por qué estoy aquí
con una bala en mi pierna? ¿Por qué no te ha encontrado Warner todavía? ¿Por
qué estoy sin armas...?
—¡Esto podría ser parte de tu
plan!
—¡Y me has ayudado de todos
modos! —Kenji se atreve a levantar la voz—. ¿Por qué no me dejaste morir? ¿Por
qué no me disparaste hasta la muerte? ¿Por qué me ayudaste?
Adam se tambalea.
—No lo sé.
—Sí lo sabes. Sabes que no estoy
aquí para arruinarte. Recibí una maldita paliza por ti...
—No estabas protegiendo ninguna
información mía.
—Bueno, mierda, hombre, ¿qué
demonios quieres que te diga? Iban a destrozarme el culo. Tuve que correr. No
fue culpa mía que algún tío me dejase en tu puerta.
—Esto no es sólo acerca de mí,
¿no lo entiendes? He trabajado muy duro para encontrar un lugar seguro para mi
hermano y en una mañana arruinas años de planificación. ¿Qué diablos se supone
que debo hacer ahora? Tengo que huir hasta que pueda encontrar una manera de
mantenerlo a salvo. Es demasiado joven para tener que lidiar con esto...
—Somos todos demasiado jóvenes
para tener que lidiar con esta mierda. —Kenji respira con dificultad—. No te
engañes, hermano. Nadie debería tener que ver lo que hemos visto. Nadie debería
tener que despertarse por la mañana y encontrarse cadáveres en la sala de
estar, pero esa mierda ocurre. Lidiamos con ello, y encontramos una forma de
sobrevivir. Tú no eres el único con problemas. Adam
se hunde en el sofá. 40 kilos de preocupado peso sobre sus hombros. Se inclina
hacia delante con la cabeza entre las manos.
Kenji me mira fijamente. Retiro
la mirada.
Él sonríe y se inclina hacia
adelante.
—Sabes, eres muy sexy para ser una
chica psico.
Click.
Kenji está dando marcha atrás
con las manos en el aire. Adam está presionando una pistola en su frente.
—Muestra algo de respeto, o te
fundiré el cráneo.
—Estaba bromeando...
—Como el infierno que lo
estabas.
—Maldita sea, Adam, deja al
infierno en paz...
—¿Dónde está el “lugar
superseguro” al que nos puedes llevar?
Estoy de pie con el arma aún
sujeta en la mano. Me muevo junto a Adán.
—¿O mentías?
Kenji se enciende.
—No, eso es real. Muy real. De
hecho, puedo o no haber mencionado algo acerca de ti. Y el tipo que dirige el
lugar puede o no estar ridículamente interesado en conocerte.
—¿Crees que soy una especie de
monstruo que puedes mostrar a tus amigos? Bloqueada. Cargada.
Kenji se aclara la garganta.
—No un monstruo. Sólo...
interesante.
Apunto mi arma a su nariz.
—Soy tan interesante que te
puedo matar con mis propias manos.
Un destello apenas perceptible
de miedo centellea en sus ojos.
Se traga unos galones de la
humildad. Trata de sonreír.
—¿Seguro
que no estás loca?
—No. —Levanto la cabeza—. No
estoy segura.
Kenji sonríe. Me mira de arriba
a abajo.
—Bueno, maldita sea. Pero haces
que lo loco suene bueno.
—Estoy a 15 centímetros de
romperte la cara —le advierte Adán, con su voz como el acero, el cuerpo rígido
por la ira y los ojos entrecerrados, inquebrantable.
No hay toque de humor en su
expresión.
—No necesito otra razón.
—¿Qué? —Se ríe Kenji, sin
inmutarse—. No he estado tan cerca de una chica desde hace mucho, hermano. Y
loca o no...
—No estoy interesada.
Kenji se vuelve hacia mí.
—Bueno, no estoy seguro de si te
culpo. Me veo como el infierno ahora mismo. Pero voy a tener buen aspecto.
—Intenta una sonrisa—. Dame un par de días. Puedes cambiar de opinión.
Adam le golpea con el codo en la
cara y no se disculpa.
Capítulo 36
Kenji
está maldiciendo, sangrando, quedándose sin palabras y tropezando hacia el
baño, sosteniendo su nariz.
Adam
me empuja hacia la habitación de James.
—Dime
algo —dice él. Mira hacia el techo, toma una profunda respiración—. Dime
cualquier cosa.
Trato
de enfocarme en sus ojos, agarrar sus manos, gentil gentil gentil. Espero hasta
que me mira.
—Nada
va a pasarle a James. Lo mantendremos a salvo. Lo prometo.
Sus
ojos están llenos de dolor como nunca antes los he visto. Abre sus labios. Los
presiona. Cambia de pensamiento hasta que sus palabras caen en el aire entre
nosotros.
—Él
ni siquiera sabe sobre nuestro padre. —Es la primera vez que reconoce el
asunto. Es la primera vez que reconoce que yo no sé nada al respecto—. Nunca
quise que él supiera. Inventé historias para él. Quería que tuviera la
oportunidad de ser normal. —Sus labios están derramando secretos y mis oídos están
derramando tinta, manchando mi piel con sus historias—. No quería que nadie lo
tocara. No quiero joderlo. No puedo… Dios no puedo dejar que pase —me dice.
Suavemente.
Silenciosamente. He buscado en el mundo por todas las palabras adecuadas y mi
boca está llena de nada.
—Nunca
es suficiente —susurra él—. Nunca puedo hacer lo suficiente. Todavía se
despierta gritando. Llora para dormirse. Ve cosas que no puedo controlar.
—Pestañea un millón de veces.
—Tantas
personas, Juliette.
Contengo
mi respiración.
—Muerta.
Toco
la palabra en sus labios y él besa mis dedos. Sus ojos son dos piscinas de
perfección, abiertas, honestas, humildes.
—No sé qué hacer —dice él, y es
como una confesión que le cuesta mucho más de lo que puedo entender.
El control se está deslizando
fuera de sus dedos y está desesperado por aferrarlo.
—Dime qué hacer.
Puedo escuchar los latidos en el
silencio entre nosotros. Estudio la forma de sus labios, las fuertes líneas de
su rostro, las pestañas por las que cualquier chica mataría, el profundo azul
oscuro de los ojos en los que he aprendido a sumergirme. Le ofrezco la única
posibilidad que tengo.
—El plan de Kenji vale la pena
considerarse.
—¿Confías en él? —Adam se
inclina hacia atrás, sorprendido.
—No creo que mienta sobre saber
un lugar al cual podemos ir.
—No sé si eso es una buena idea.
—¿Por qué no…?
Algo que no puede ser una risa.
—Podría matarlo antes de que
incluso llegáramos a allí.
Mis labios se mueven en una
sonrisa triste.
—No hay un lugar en el cual
podemos escondernos, ¿verdad?
El sol está girando alrededor de
la luna cuando él responde. Niega con su cabeza. Una vez. Rápido. Tenso.
Aprieto su mano.
—Entonces, tendremos que
intentarlo.
—¿Qué rayos están haciendo aquí?
—grita Kenji desde la puerta. La golpea unas cuantas veces—. Quiero decir,
mierda, hombre, no creo que nunca haya un mal momento para desnudarse, pero
ahora tal vez no es el mejor momento para un evento. Así que a menos que
quieran ser asesinados, les sugiero que traigan su trasero aquí afuera. Tenemos
que prepararnos para irnos.
—Podría matarlo ahora mismo
—cambia de opinión Adam.
Tomo
su rostro en mis manos, me pongo de puntillas y lo beso. Sus labios son dos
almohadas, tan suaves, tan dulces.
—Te amo.
Él está mirando en mis ojos y mirando
mi boca y su voz es un susurro ronco.
—¿Sí?
—Absolutamente.
Los tres tenemos todo empacado y
estamos listos para irnos antes de que James regrese de la escuela. Adam y yo
recogimos las necesidades básicas más importantes: comida, ropa, y dinero que
Adam ahorró. Sigue mirando el lugar como si no pudiera creer que lo perdió tan
fácilmente. Sólo puedo imaginar cuánto trabajo puso en él, cuando intentó que
fuera un hogar para su hermanito. Mi corazón está en trozos por él.
Su amigo es una especie
completamente diferente.
Kenji está cuidando sus nuevos
moretones, pero parece un espíritu razonable, emocionado por razones que no
puedo descifrar. Él es extrañamente fuerte y animado. Parece imposible
desanimarlo y no puedo evitar admirar su determinación. Pero él no deja de
mirarme.
—¿Cómo es que puedes tocar a
Adam? —dice después de un momento.
—No lo sé.
Él resopla.
—Mierda.
Me encojo. No siento la
necesidad de convencerlo que absolutamente no tengo idea de cómo es que soy tan
afortunada.
—¿Cómo supiste que podías
tocarlo? ¿Una especie de experimento enfermizo?
Espero no estar ruborizándome.
—¿Dónde está ese lugar al que
nos estás llevando?
—¿Por qué estás cambiando el
tema? —Está sonriendo. Estoy segura de que está sonriendo. Me rehusó a mirarlo
sin embargo—. Tal vez también puedes tocarme. ¿Por qué no lo intentas?
—No quieres que te toque.
—Tal
vez sí quiero. —Definitivamente, está sonriendo.
—Tal vez la deberías dejar en
paz antes de que vuelva a poner esa bala en tu pierna —ofrece Adam.
—Lo siento, ¿no sé permite que
un hombre solitario haga una jugada, Kent? Tal vez estoy interesado de verdad.
Tal vez deberías callarte la puta boca y dejar que hable ella misma.
Adam pasa una mano por su
cabello. Siempre la misma mano. Siempre por su cabello. Está nervioso.
Frustrado. Tal vez incluso avergonzado.
—Todavía no estoy interesada —le
recuerdo, con un filo en mi voz.
—Sí, pero no olvidemos que esto
—Señala su rostro estropeado— no es permanente.
—Bueno, estoy permanentemente
desinteresada.
Quiero tanto decirle que no
estoy disponible. Quiero decirle que tengo una relación seria. Quiero decirle
que Adam me hizo promesas.
Pero no puedo.
No tengo idea de lo que
significa estar en una relación. No sé si decir “Te amo” es un código para
“mutua exclusividad” y no sé si Adam hablaba en serio cuando le dijo a James
que yo era su novia. Tal vez era una excusa, una cubierta, una respuesta fácil
para una complicada respuesta. Deseo que él le diga algo a Kenji, deseo que le
diga que estamos juntos oficialmente, exclusivamente.
Pero no lo hace.
Y no sé porqué no lo hace.
—No creo que debas decidir hasta
que la hinchazón baje —continúa Kenji con realismo—. Es sólo justo. Tengo un
hermoso rostro espectacular.
Adam se ahoga con tos que pienso
que era que se estaba riendo.
—¿Sabes? Solía jurar que
estábamos bien —dice Kenji, nivelando su mirada hacia Adam.
—No puedo recordar porqué.
Kenji silba.
—¿Hay algo qué quieras decirme?
—No
confío en ti.
—¿Entonces por qué sigo aquí?
—Porque confío en ella.
Kenji se voltea para mirarme. Se
las arregla para hacer una sonrisa tonta.
—Aw, ¿confías en mí?
—En cuanto tenga un tiro
despejado. —Aprieto el agarre en el arma que tengo en mi mano.
Su sonrisa es torcida.
—No sé porqué, pero medio me
gusta cuando me amenazas.
—Eso es porque eres un idiota.
—Nah. —Niega con su cabeza—.
Tienes una voz sexy. Hace que todo suene tan travieso.
Adam se pone de pie de repente y
casi tumba la mesa de café.
Kenji rompe a reír, resollando
contra el dolor de sus heridas.
—Cálmate, Kent, demonios. Sólo
estoy bromeando con ustedes, chicos. Me gusta ver a la chica psicópata ponerse
intensa. —Me mira, bajando su voz—. Quise decir eso como un cumplido, porque,
tú sabes… —Mueve una mano caótica en mi dirección—. El tipo psicótico te sienta
bien.
—¿Qué demonios está mal contigo?
—Adam lo ataca.
—¿Qué demonios está mal contigo?
—Kenji cruza sus brazos, molesto—. Todos están tan tensos aquí.
Adam aprieta el arma en su mano.
Camina hacia la puerta. Camina hacia atrás. Está paseando.
—Y no te preocupes por tu
hermano —añade Kenji—. Estoy seguro de que estará aquí pronto.
Adam no se ríe. No deja de
pasear. Su mandíbula se mueve.
—No estoy preocupado por mi
hermano. Estoy decidiendo si dispararte ahora o después.
—Después —dice Kenji, colapsando
en el sofá—. Todavía me necesitas ahora.
Adam
trata de hablar pero se le acaba el tiempo.
La puerta hace click, un beep y
se alza el pestillo para abrirse.
James está en casa.
Capítulo 37
Me alegra que te lo estés tomando
tan bien, en verdad lo estoy, pero James, esto en verdad no es algo por lo cual
emocionarse. Estamos corriendo por nuestras vidas.
—Pero lo estamos haciendo juntos
—dice por quinta vez con una enorme sonrisa sobre poblando su rostro. Tuvo una
afición por Kenji casi demasiado rápido, y ahora el par de ellos están
conspirando para que el apuro fuera una especie de misión elaborada—. ¡Y puedo
ayudar!
—No, no es…
—Por supuesto que puedes…
Adam y Kenji hablan al mismo tiempo.
Kenji se recupera primero.
—¿Por qué no puede ayudar? Diez
años es la edad suficiente para ayudar.
—Esta no es tu llamada —dice
Adam, cuidadosamente controlando su voz. Sé que se está calmando por el
bienestar de su hermano—. Y no es tu asunto.
—Finalmente puedo ir contigo
—dice James, sin inmutarse—. Y quiero ayudar.
James tomó las noticias con
calma. Ni siquiera se estremeció cuando Adam explicó la verdadera razón por la
que estaba en casa, y porqué estábamos juntos. Pensé que ver a Kenji con moretones
y con el rostro magullado lo asustaría, pondría nervioso, instalaría una
sensación de miedo en su pecho, pero James estaba completamente impasible.
Se me ocurrió que él había visto
cosas mucho peores.
Adam toma unas profundas
respiraciones antes de voltearse hacia Kenji.
—¿Cuán lejos?
—¿A pie? —Kenji parece inseguro
por primera vez—. Al menos unas cuantas horas. Si no hacemos nada estúpido,
deberíamos estar allí al anochecer.
—¿Y
si vamos en auto?
Kenji pestañea. Su sonrisa se
disuelve en una enorme sonrisa.
—Bueno, mierda, Kent, ¿por qué
no lo dijiste más rápido?
—Cuida tu lenguaje cerca a mi
hermano.
James pone sus ojos en blanco.
—He escuchado cosas peores todos
los días. Incluso Benny usa malas palabras.
—¿Benny? —Las
cejas de Adam se suben hasta su frente.
—Sip.
—¿Ella que tiene que... —Se
detiene. Cambia de parecer—. Eso no significa que está bien que lo escuches.
—¡Casi tengo once!
—Hey, hombrecito —interrumpe
Kenji—. Está bien. Es mi culpa. Debería ser más cuidadoso. Además, hay
señoritas presentes. —Kenji me guiña.
Aparto la mirada. Miro
alrededor.
Es difícil para mí dejar esta
casa humilde, así que sólo puedo imaginar lo que Adam debe experimentar en este
momento. Creo que James está demasiado emocionado por la peligrosa carretera
que se avecina para darse cuenta de lo que está pasando. Para comprender
verdaderamente que nunca va a volver a este lugar.
Todos somos fugitivos huyendo
por nuestras vidas.
—Entonces, ¿qué? ¿Robaste un
auto? —pregunta Kenji.
—Un tanque.
Kenji se echa a reír.
—Genial.
—Un poco sospechoso para el día,
sin embargo.
—¿Qué significa sospechoso?
—pregunta James.
—Es un poco… notable. —Adam se
encoge.
—Mierda. —Kenji se tambalea para
ponerse de pie.
—Te
dije que cuidaras tu lenguaje…
—¿Escuchaste eso?
—¿Escuchar qué?
Los ojos de Kenji se disparan en
todas las direcciones.
—¿Hay otra forma de salir de
aquí?
Adam está de pie.
—James.
James corre al lado de su
hermano. Adam revisa su arma. Estoy lanzando mochilas encima de mi espalda,
Adam está haciendo lo mismo con su atención desviada hacia la puerta delantera.
—Apresúrate.
—¿Cuán cerca?
—No hay tiempo.
—¿Qué…
—Kent, corre.
Y estamos corriendo, siguiendo a
Adam hacia la habitación de James. Adam arranca la cortina de una pared para
revelar una puerta oculta justo cuando hay 3 beeps en la sala.
Adam le dispara al seguro en la
puerta de salida.
Algo explota a no más de 4 metros
detrás de nosotros. Los sonidos destrozan en mis oídos, vibran por mi cuerpo.
Casi colapso por el impacto. Los disparos están en todas partes. Pisadas
reverberan en la casa, pero ya estamos corriendo por la salida. Adam arrastra a
James hacia sus brazos y estamos volando por el repentino estallido de luz
cegadora y haciendo nuestro camino por las calles. La lluvia ha cesado. Los
caminos están enlodados y manchados. Hay niños en todas partes, brillantes
colores de pequeños cuerpos de repente gritando por nuestro acercamiento.
Ya no tiene punto ser discretos.
Ya nos han encontrado. Kenji
está quedándose atrás, cojeando por la última de su ataque de adrenalina.
Cuando volteamos en un estrecho callejón, él cae contra la pared.
—Lo siento —jadea—, no puedo…
pueden dejarme aquí.
—No podemos dejarte —grita Adam,
mirando a todas partes, absorbiendo los alrededores.
—Eso es dulce, hermano, pero
está bien.
—¡Te necesitamos para que nos
muestres a donde ir!
—Bueno, mierda.
—Dijiste que nos ayudarías…
—Pensé que dijiste que tenías un
tanque…
—Si no lo has notado, ha habido
un cambio de planes inesperado…
—No puedo continuar, Kent.
Apenas puedo caminar…
—Tienes que intentarlo…
—Hay rebeldes en fuga. Están
armados y listos para disparar. El toque de queda está en marcha ahora. Todos
regresen a sus casas inmediatamente. Hay rebeldes en fuga. Están armados y
listos para dispa…
Los altavoces suenan alrededor
de las calles, atrayendo la atención hacia nuestros cuerpos acurrucados en el
estrecho callejón. Unas cuantas personas nos ven y gritan. Las botas se están
volviendo más fuertes. Los disparos se están volviendo más salvajes.
Me tomo un momento para analizar
el edificio que nos rodea y me doy cuenta de que no estamos en un complejo. La
calle donde vive James es un césped no reglamentado: una serie de edificios de
oficinas abandonados atiborrados, sobras de nuestras viejas vidas. No entiendo
porqué no está viviendo en un complejo como el resto de la población. No tengo
tiempo para descubrir porqué sólo veo dos grupos de edades representados,
porqué los viejos y los huérfanos son los únicos residentes, porqué han sido
tirados en terrenos ilegales con soldados que no se supone que estén aquí.
Estoy asustada de considerar las
respuestas a mis propias preguntas y entro en pánico en el momento que temo por
la vida de James. Giro alrededor mientras corremos viendo su pequeño cuerpo
liado en los brazos de Adam.
Sus ojos están cerrados tan
fuertemente que estoy segura de que duele. Adam
maldice en voz baja. Patea la primera puerta que encontramos en un edificio
desierto y grita para que lo sigamos dentro.
—Necesito que te quedes aquí —le
dice a Kenji—. Y estoy loco, pero necesito dejar a James contigo. Necesito que
lo cuides. Están buscando a Juliette, y me están buscando a mí. Ni siquiera
esperaban encontrarse con ustedes dos.
—¿Qué vas a hacer? —pregunta
Kenji.
—Necesito robar un auto. Luego
volveré por ustedes. —James ni siquiera protesta mientras Adam lo baja. Sus
pequeños labios están blancos. Sus ojos abiertos. Sus manos temblando—. Volveré
por ti James —dice Adam de nuevo—. Lo prometo.
James asiento una y otra vez y
otra vez. Adam besa su cabeza, una vez, rápidamente, fuerte. Deja caer nuestras
bolsas en el suelo. Se voltea hacia Kenji.
—Si dejas que algo le pase, te
mataré.
Kenji no se ríe. No frunce el
ceño. Toma una profunda respiración.
—Cuidaré de él.
—¿Juliette?
Él toma mi mano y desaparecemos
en las calles.
Capítulo 38
Las
carreteras están llenas de peatones tratando de escapar. Adam y yo ocultamos
nuestras armas en las cinturas de los pantalones, pero nuestros ojos salvajes y
movimientos bruscos parece que nos delatan. Todo el mundo se mantiene lejos de
nosotros, entrando en direcciones opuestas, algunos chillando, gritando,
llorando, dejando caer las cosas de sus manos. Pero en todo el pueblo, no veo
un sólo coche a la vista. Deben ser difíciles de conseguir, especialmente en
esta área.
Adam
me empuja hacia el suelo cuando una bala vuela más allá de mi cabeza. Derriba
otra puerta y corremos a través de las ruinas hacia la otra salida, atrapados
en el laberinto de lo que solía ser una tienda de ropa. Los disparos y los
pasos nos siguen de cerca. Debe haber al menos un centenar de soldados detrás
de nosotros a través de las calles, agrupados en diferentes grupos, dispersos
en diferentes zonas de la ciudad, listos para capturarnos y matarnos.
Pero
sé que no me van a matar.
Es
Adam quien me preocupa.
Trato
de mantenerme lo más cerca a su cuerpo, porque estoy segura de que Warner les
ha dado órdenes para que me lleven viva. Mis esfuerzos, sin embargo, son
débiles en el mejor de los casos. Adam tiene la altura y el músculo suficiente
para empequeñecerme. Cualquier persona con excelente puntería sería capaz de
orientar el disparo. Podían disparar a la derecha en la cabeza.
Justo
frente a mí.
Él
regresa dos tiros. Uno queda corto. Otro provoca un grito ahogado. Estamos en
marcha aún.
Adam
no dice nada. No me dice que sea valiente. No me pregunta si estoy bien, si
tengo miedo. No me ofrece aliento o me asegura que vayamos a estar bien. No me
dice que lo deje atrás y me salve. No me dice que cuide de su hermano en caso
de que muera.
No
es necesario.
Ambos comprendemos la realidad
de nuestra situación. Adam podría ser disparado en estos momentos. Podría ser
capturado en cualquier momento. Este edificio pronto podeía explotar. Alguien
podría haber descubierto a Kenji y a James. Todos podemos morir hoy. Los hechos
son evidentes.
Pero sabemos que tenemos que
correr el riesgo de la misma manera.
Debido a que moverse hacia
delante es la única manera de sobrevivir.
La pistola se está volviendo
resbaladiza en mis manos, pero me aferró a ella de todos modos. Mis piernas
están gritando por el dolor, pero las empujo más rápido de todos modos. Mis
pulmones están cortando mi caja torácica por la mitad, pero me obligo a
procesar oxígeno de todos modos. Tengo que seguir adelante. No hay tiempo para
las deficiencias humanas.
La escalera de incendio en este
edificio es casi imposible de encontrar. Nuestros pies golpean el suelo de
baldosas, nuestras manos buscan a través de la sombría luz algún tipo de
salida, algún tipo de acceso a las calles. El edificio es más grande de lo que
esperábamos, masivo, con cientos de direcciones posibles. Me doy cuenta de que
debe haber sido un almacén y no sólo una tienda.
Adam se agacha detrás de un
escritorio abandonado, tirando de mí hacia él.
—¡No seas estúpido, Kent… solo
no puedes correr por tanto tiempo! —grita alguien. La voz no está a más de
cinco metros de distancia.
Adam traga. Aprieta la
mandíbula. Las personas que tratan de matarlo son los mismos con los que solía
comer. Entrenar. Vivir. Conoce a esos tipos. Me pregunto si ese conocimiento
hace que sea peor.
—Sólo tienes que entregar a la
chica —añade una nueva voz—. Sólo danos a la chica y no dispararemos. Vamos a
fingir que te has perdido. Te vamos a dejar ir. Warner sólo quiere a la chica.
Adam respira con dificultad.
Agarra la pistola en la mano. Extrae la cabeza por un segundo y dispara.
Alguien cae al suelo, gritando.
—Kent, hijo de…
Adam utiliza el momento para
huir. Saltamos detrás de un mostrador y volamos hacia un hueco en la escalera.
Los disparos nos pasan por milímetros. Me pregunto si estos dos hombres son los
únicos que nos siguen en el interior.
La
escalera de caracol nos lleva al aire hacia un nivel inferior, un sótano de
algún tipo.
Alguien está tratando de apuntar
a Adam, pero los movimientos erráticos hacen que sea imposible. La posibilidad
de que él me golpee es demasiado alta. Está desatando una gran cantidad de
improperios a nuestro paso.
Adam golpea las cosas mientras
corremos, tratando de crear cualquier tipo de distracción, cualquier tipo de
riesgo para frenar al soldado detrás de nosotros. Veo un par de puertas para
tormenta de la bodega y me doy cuenta que esta área debe haber sido devastado
por los tornados. El tiempo es turbulento, los desastres naturales son comunes.
Los ciclones han arrancado esta ciudad.
—Adam… —Tiro con fuerza de su
brazo. Nos escondemos detrás de un muro bajo.
Señalo nuestra única posible vía
de escape.
Él aprieta mi mano.
—Buen ojo. —Pero no nos movemos
hasta que el aire pasa a nuestro alrededor. Un paso en falso. Un grito sordo.
Es una oscuridad casi cegadora, es obvio que la electricidad fue desconectada
hace mucho tiempo. El soldado ha saltado en uno de los obstáculos que Adam ha
dejado atrás.
Adam tiene la pistola cerca de
su pecho. Toma una respiración profunda. Da la vuelta y hace un disparo veloz.
Su puntería es excelente.
Una explosión incontrolada de
malas palabras lo confirma.
Adam toma una respiración
difícil.
—Sólo estoy disparando para
deshabilitarlo —dice—. No para matar.
—Lo sé —le digo. A pesar de que
no estaba segura.
Corremos hacia las puertas y
Adam se esfuerza por quitar el seguro. Está casi cerrada por el óxido. Nos
estamos desesperando. No sé cuánto tiempo va a pasar hasta que seamos
descubiertos por otro grupo de soldados. Estoy a punto de sugerir que le
dispare para abrirla, cuando Adam finalmente se las arregla para dejarnos
libres.
Patea las puertas para abrirlas
y tropezamos hacia la calle. Hay tres coches para elegir.
Estoy tan feliz que podría
llorar.
—Ya
era hora —dice.
Pero no fue Adam quién lo dijo.
Capítulo 39
Hay
sangre por todas partes.
Adam
está en el terreno, agarrando su cuerpo, pero no sé dónde ha sido herido. Hay
soldados pululando a su alrededor y yo estoy arañando los brazos que me
retenían, pateando en el aire, llorando en el vacío. Alguien me estaba
arrastrando lejos y no podía ver qué le habían hecho a Adam. El miedo se
apodera de mis miembros, entorpeciendo mis articulaciones, rompiendo cada uno
de los huesos de mi cuerpo. Quiero chillar hasta el cielo, quiero caer sobre
mis rodillas y sollozar en la tierra. No entiendo por qué la agonía no está
encontrando escape en mis gritos. Por qué mi boca está cubierta con la mano de
alguien.
―Si
te dejo ir, tienes que prometerme que no gritarás ―me dijo.
Está
tocando mi cara con sus manos desnudas y no sé dónde solté mi arma.
Warner
me arrastra hacia a un edificio aún en funcionamiento y patea una puerta para
abrirla. Golpea un interruptor. Luces fluorescentes parpadean con un pálido
zumbido. Hay pinturas tapando las paredes, arcoíris de alfabetos engrapados a
las pizarras de corcho. Pequeñas mesas diseminadas a través del salón. Estamos
en un salón de clases.
Me
pregunto si este era el colegio al que James iba.
Warner
suelta mi mano. Sus vidriosos ojos verdes están tan encantados y me petrifico.
―Dios,
te extrañé ―me dice―. ¿Realmente pensabas que yo te dejaría ir tan fácilmente?
―Le
disparaste a Adam. ―Eran las únicas palabras en las que podía pensar. Mi mente
está confusa con incredulidad. Sigo mirando su hermoso cuerpo estrujado en el
terreno, rojo rojo rojo. Necesito saber si está vivo. Tiene que estar vivo.
Los
ojos de Warner destellan.
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